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Somos mestizos

 

Evo Morales es el segundo indígena que llega a la Presidencia de un país en Latinoamérica, después del mexicano Benito Juárez, “el Benemérito de las Américas”. Esto podría suponer la oportunidad de cambio más importante para el continente americano.

Sobran razones para que los inmigrantes latinoamericanos se sientan discriminados en Estados Unidos: se construirá una valla de cerca de 2.000 kilómetros entre México y EEUU y el gobierno norteamericano pretende tratar como delincuentes a quienes crucen la frontera. Pero, ¿acaso no son los mismos pueblos latinoamericanos los que se sostienen con un sistema oligarca-racista?

Se han sucedido las revoluciones, las represiones, las dictaduras, el robo de ex presidentes como Somoza y Alemán en Nicaragua, o Fujimori en Perú. El intervencionismo de multinacionales y de ejércitos extranjeros ha ayudado a mantener las estructuras de represión, pero han sido las propias sociedades latinoamericanas las que han marginado a sus indígenas, les han arrebatado sus tierras y han dificultado cuando no impedido su acceso a los estudios superiores o a puestos de relieve en la administración o en el mundo empresarial.

¿Qué significa el término “naco”, tan empleado en México? Tiene muchas connotaciones y definiciones, pero en casi todas hay una fuerte carga de racismo y de desprecio contra lo indígena, componente fundamental de lo mestizo. ¿Por qué se emplea la palabra “indio” o “cholo” para insultar? Tampoco podemos culpar a tanta gente ofendida cuando su condición de inferioridad parece estar ya en el inconsciente colectivo de los pueblos. Sorprende que los “Pueblos de Indios” se hayan creado en México hace más de cuatro siglos y que siga existiendo un racismo excluyente en sus comunidades.

Los pueblos de todo el mundo y no sólo los de América Latina son mestizos. Esto no quiere decir que ahí no vivan blancos, indígenas, asiáticos o negros. Pero el mito de las razas puras y superiores ha sido la más efectiva herramienta de manipulación utilizada por los más sangrientos líderes del mundo: Hitler, Idi Amín, Mussolini y quien inició el genocidio de los tutsis a manos de los hutus cuando el avión del presidente Juvenal Habyarimana fue derribado. También estos pueblos eran mestizos.

Las raíces de los hispanohablantes son muy diversas. Habría resultado difícil escribir este artículo sin utilizar cerca del veinte por ciento árabe que tiene la lengua de los españoles y que legaron a lo que hoy es América Latina. A pesar de esta influencia árabe, de las acequias, la arquitectura de la luz y del agua, muchos líderes europeos pretenden demonizar el Islam y el mundo árabe por las monstruosidades cometidas por células terroristas. El expresidente del gobierno español, José María Aznar, propuso en Bruselas que se incluyera a Israel en la OTAN para librar una nueva cruzada contra el fundamentalismo islámico. Aunque existan los fundamentalistas islámicos, también los hay católicos, ortodoxos o judíos. Las actitudes y las conductas no se pueden atribuir a la “raza”, sino a la cultura, que se forma en el seno de los pueblos a lo largo de los años. Como señaló Ortega y Gasset, los seres humanos no tienen naturaleza sino historia.

Los medios de comunicación y algunos historiadores nos imponen la falsa idea de que la cultura española tiene sólo componentes grecorromanos, judeocristianos y godos. La historia no puede ocultar que los reinos españoles y el Islam han tenido tiempos de paz y de un inmenso intercambio cultural a pesar de las guerras, conquistas y reconquistas. Los árabes trajeron la sabiduría de oriente, la pólvora, los avances astronómicos… Tradujeron los textos griegos que forman parte tan fundamental de nuestra educación.

Ninguna cultura ha vencido a otra en la historia de la humanidad. Sólo lo han hecho los ejércitos para someter al pueblo conquistado, imponer su cosmovisión y obtener riquezas. Como consecuencia, hubo una transformación mutua: la de los conquistados y la de los conquistadores. No todo fue muerte, enfermedad y destrucción. Hubo un enriquecimiento cultural y un mestizaje que dio luz a las personas que fueron conformando las comunidades, los pueblos, las sociedades y las naciones de las que muchos hoy se sienten orgullosos. Lo que ha mantenido a estos pueblos en el atraso social ha sido la falta de oportunidades a causa de planteamientos racistas que viene de siglos atrás y que sostienen las estructuras de poder.

Bienvenidos sean Evo Morales, el sub-comandante Marcos y los movimientos que reconocen los derechos de los indígenas ignorados durante cinco siglos. Si ya sabemos a lo que conducen los racismos excluyentes, no caigamos en un racismo invertido que sólo incluya a los indígenas. Es preciso mantener en alto la bandera del mestizaje.

 

Carlos Miguélez

 Periodista

cmiguelez@solidarios.org.es