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Luchas indígenas

 

Aborígenes, nativos, minorías étnicas, indígenas... Muchas son las denominaciones para referirse a los pueblos que habitaban los territorios anteriores a la Conquista por parte de los europeos. Son 350 millones de indígenas los que hay en el mundo pertenecientes a 5.000 pueblos con diferentes maneras de entender el mundo y con culturas y lenguas distintas. Los indígenas viven en sociedades complejas y tienen formas de vida muy arraigadas. Sin embargo, han sido discriminados y perseguidos durante siglos, o exterminados. Hoy, los pueblos indígenas se han organizado para convertirse en grupos de presión que luchan por sus derechos. La década de los 80 fue el punto de inflexión. Los pueblos indígenas comenzaron a trabajar en red lo que ha hecho posible que las diferentes reivindicaciones hayan tenido mejores resultados y que el ‘indigenismo' sea conocido a nivel global.

En países como México, Bolivia, Perú, Ecuador o Guatemala, la población indígena supera el 50%, pero sus territorios han sido devastados y su población arrinconada en la más absoluta pobreza. Los indígenas han sufrido violaciones constantes de sus derechos más fundamentales y siguen siendo discriminados por cuestiones raciales, sociales o culturales.

Se les ha negado el derecho de acceso al poder y, en muchos casos, a los bienes materiales. En la India, 55 millones de pueblos aborígenes viven en condiciones de extrema pobreza; en China, son 86 millones de personas; en África, 35 millones; en Nueva Zelanda, 300.000 maoríes intentan sobrevivir; 100.000 esquimales viven aislados en las zonas cercanas al Polo Norte; y en América Latina la situación de más de 30 millones de personas: aymaras, quechuas, tribus amazónicas... no son mejores. El último informe del Banco Mundial lamentaba que en los últimos diez años la situación de los pueblos indígenas de Latinoamérica no haya variado.

A pesar de que los movimientos indígenas son heterogéneos, los miembros de estas comunidades tienen aspectos en común: pobreza, altos índices de desnutrición infantil, deficiencias sanitarias y difícil acceso a la educación.

Estas injustas situaciones de vida son lo que ha provocado que en Bolivia indígenas y campesinos se hayan unido para presionar al Gobierno y conseguir la nacionalización del gas y del petróleo, riquezas en manos de empresas extranjeras. Los indios de Bolivia no han tenido representación en el Congreso hasta 2002. En Chile, los indios aún están lejos de conseguir llegar al Palacio de la Moneda. En Argentina, ni siquiera están bien organizados. No obstante, en Perú y Ecuador donde Alejandro Toledo y Lucio Gutiérrez han conseguido llegar a presidir sus gobiernos nacionales, las cosas no han salido bien. Sus políticas no han respondido a las necesidades de cambio de la sociedad y la corrupción y la pobreza no se han reducido. La comunidad indígena sigue estando marginada y excluida. Survival International denuncia que la falta de esperanzas en un futuro mejor está haciendo que los índices de suicidios esté aumentando.

La ONU también alerta que 50 millones de indígenas se encuentran amenazados por la destrucción de los ecosistemas que los sostiene. La cultura indígena lleva consigo el respeto por la tierra que habitan, como una parte esencial de su identidad. Para los indígenas la tierra no pertenece al individuo sino que es la comunidad la que pertenece a la tierra. De ahí, su lucha por el reconocimiento de los territorios ancestrales. Durante siglos, los indígenas han desarrollado formas de vida en armonía con su entorno y son un ejemplo de consumo sostenible de los recursos naturales. Sin embargo, la “civilización y el desarrollo” están acabando con estos espacios protegidos en busca de maderas nobles, oro, petróleo o gas.

La modernidad también está acabando con sus tradiciones y su cultura. A los niños indígenas se les obliga a estudiar en los idiomas oficiales y se relegan al olvido las ricas lenguas maternas. No hay que olvidar que la cultura de Occidente se ha construido gracias a la asimilación de las culturas de los pueblos indígenas. El 6% de la población, las comunidades indígenas, aportan el 90% de la diversidad cultural. Los “hombres blancos” han hecho muchos esfuerzos para acabar con las señas de identidad de la comunidad indígena, pero hoy avanzan con paso firme para ser escuchados y que sus derechos y tierras sean respetados.

 

Ana Muñoz

 Periodista

ccs@solidarios.org.es