Ir a Página de Inicio
 
  La Tentación Mapuche de Independizarse

Mientras los chilenos empiezan a preparar celebración del bicentenario el año 2010, gana fuerza en el pueblo mapuche la idea de la autonomía

EL UNICO PUEBLO americano que obtuvo el reconocimiento de su integridad territorial por parte de la corona española vive en pleno proceso de reivindicación ante unos estados que, aunque recuperaron las formas democráticas, niegan la existencia de ninguna otra nación o patria que la chilena o argentina.
Los mapuches forman el principal pueblo indígena, tanto en Argentina como en Chile. En Chile, concretamene, representan un 10% de la población total, porcentaje muy superior al que suman los aymaras y atacameños en el norte y los rapa nui en la Isla de Pascua. La diferencia con estos pueblos no es sólo demográfica sino, sobre todo, de una historia política seguramente única en toda la América del Sur.

La historia de la colonización española de América ha presentado el proceso de ocupación del centro y el sur del continente como algo que se produjo con rapidez y, de hecho, fue más o menos así, hasta que llegaron al Cono Sur. Si el hundimiento de poderosos imperios como el inca o el azteca se explican por la decapitación violenta de sus estructuras de gobierno rígidamente piramidales -gracias a la suma de la tecnología militar y la alianza coyuntural con pueblos americanos sometidos- al llegar al territorio mapuche, las cosas cambiaron abruptamente. Se encontraron con una sociedad horizontal -sin monarcas ni grandes mandatarios- de poblaciones relativamente pequeñas, en parte nómadas, pero poderosamente interrelacionadas, que ya habían frenado por la fuerza los intentos incas de bajar al sur, y que no estaban dispuestos a permitírselo ahora a los codiciosos conquistadores.
Adaptándose con rapidez a los nuevos tiempos, se convirtieron en expertos jinetes y aprendieron las normas de la guerra moderna. Las nuevas ciudades de la corona castellana -entre ellas el mismo Santiago- sufrieron periódicas destrucciones y el primer Gobernador del futuro Chile perdió la vida después de ser capturado: nacía el mito del indomeñable guerrero mapuche. Un siglo de jaque militar permanente a la naciente estructura colonial condujo a la corona española a renunciar en el 1641 a sus intentos de ocupación, aceptando hacer en el Tratado de Quillín el único reconocimiento institucional de fronteras en tierras americanas.

El caballo y la introducción de la ganadería significaron, además de una importante evolución de la economía de los mapuche, su creciente asentamiento en la otra vertiente de los Andes, en la actual pampa argentina.

DE LA INDEPENDENCIA CHILENA A LA GUERRA DE "PACIFICACIÓN"

Los cerca de dos siglos que siguieron hasta el fin del imperio español en América supusieron el mantenimiento -siempre conflictivo- de la frontera entre los mapuche y los "wigka" (extranjeros), hecho que continuó en las primeras décadas de los nuevos estados americanos, que asumieron los acuerdos fronterizos de la antigua colonia. Y esto fue así hasta que la presión combinada de los terratenientes y de los nuevos colonos europeos llevó a los gobernantes chilenos y argentinos a unir sus fuerzas el 1860 y desalojar militarmente a los mapuches de sus tierras históricas, dando inicio a una sangrienta guerra de ocupación que se alargó hasta 1885 en la parte argentina. Guerra que, eufemísticamente, Chile denominó "pacificación de la Araucanía". La independencia del pueblo mapuche, reconocida hasta entonces, quedaba definitivamente anulada.

Consumada la ocupación por la fuerza de su territorio, los mapuche se vieron obligados a vivir en espacios restringidos, la reducciones, y a cambiar la ganadería por la agricultura de subsistencia, inédita en la historia de este pueblo. Con los traslados forzosos, primero, y el inicio de la emigración económica a las ciudades desde principios del siglo XX, resultaron lesionados los dos pilares de la civilidad mapuche, la tierra -entendida en un sentido más amplio que el terreno- y las amplias relaciones familiares. El pueblo mapuche abrió entonces un largo periodo de repliegue y autodefensa de su cultura. Situación que ha durado hasta hoy, ante gobiernos que, bajo diversas modalidades, han prodigado uno de los discursos y prácticas más nacionalistas de Sudamérica. El indígena, una vez "pacificado", iniciaba el camino de la invisibilidad: el Chile oficial tiene una historia protagonizada sólo por europeos y sus descendientes.

EL "CONFLICTO INDÍGENA": PROBLEMA DE ESTADO

A lo largo de los últimos años, a las tradicionales argucias legales para "comprar" las tierras mapuche vino a sumarse la Ley forestal del régimen pinochetista, que significó la brutal compra subvencionada de miles de hectáreas por parte de compañías multinacionales, que han ido sustituyendo detrás de la aserradora los tradicionales bosques autóctonos por pinos... y eucaliptus, plantaciones que han empobrecido en forma dramática el suelo y secado numerosos acuíferos.

La respuesta en estos últimos tiempos ha sido una continuada dinámica de ocupación de las tierras forestales, con el apoyo sistemático de policía militarizada, los carabineros, cuyas actuaciones en nada se diferencian de las represiones efectuadas durante la dictadura. A diferencia de los manifestantes chilenos, claro, los mapuche no huyen nunca de la policía, sino que la encaran. Pero lo que conoce la opinión pública no son los legítimos derechos reclamados, sino una versión interesada de los enfrentamientos, donde siempre los mapuche son los culpables, y los policías, las víctimas. Titulares de diario como el de "quince carabineros heridos y catorce mapuche detenidos", demuestran que la complicidad de los medios de comunicación con los mapuche es casi nula; muchos de los medios que existen en los territorios afectados actúan directamente como prensa colonial, criminalizando cualquier reivindicación. ¿Resultado? Se otorga el carácter de voz "autorizada" incluso a quienes insinúan contactos con el IRA y ETA; y ya tenemos, servida en bandeja de plata, "la amenaza de una agresión proveniente del exterior contra la patria".
La respuesta de las nuevas instituciones surgidas con el fin de la dictadura consistió en la promulgación, en el 1993, de la Ley Indígena, que introducía limitadas garantías en materia de protección de tierras y aguas, así como la posibilidad de recuperar las que el mismo Estado había "concedido" a los mapuche al finalizar la guerra, pero que mantiene la visión uniformista del Estado, al negarles la calificación de pueblos -son sólo "etnias"- y al reducir sus derechos a un "rol tutelar" de sus culturas y tradiciones por parte del Gobierno. La aplicación sin demasiadas convicciones de programas de recuperación de tierras ha terminado por esfumar las esperanzas de numerosos mapuche en cuanto a que se produciría un giro copernicano de su situación, con lo que ellos han convertido las ocupaciones en un "tour de force" (un "gallito") permanente con el Estado.

Al conflicto con las empresas forestales se han sumado dos operaciones de grandes dimensiones que agravan los atentados ecológicos en territorio mapuche, pero que han servido también para internacionalizar más la causa de este pueblo. Producto de la "reconquista" auspiciada por el gobierno español, entidades financieras y grandes monopolios privatizados han desembarcado en Sudamérica. Así, mientras Endesa iniciaba sus planes de construcción de represas en la cabecera del Bío Bío -la tradicional frontera norte mapuche- que suponen la inundación de espacios naturales de valor incalculable, en la otra vertiente de los Andes, las extracciones petrolíferas de Repsol están destruyendo parajes donde viven diversas comunidades mapuche y que incluso ponen en grave riesgo su salud por la contaminación de las aguas.

¿DE LA REIVINDICACIÓN DE TIERRAS A LA AUTODETERMINACIÓN?
El viejo sueño del general Pinochet de que estaba próximo el momento de decir "se acabó el problema indígena, ahora somos todos ya chilenos" se encuentra bien lejos de hacerse realidad. Si en tiempos de la dictadura numerosos mapuche se afiliaron a partidos de la oposición -básicamente de izquierdas- y se crearon organizaciones satelizadas, el resultado de los pactos suscritos entre ellos y los dirigentes que luchaban por el restablecimiento democrático se ha limitado a la mentada Ley Indígena. Ahora, los mapuche más comprometidos ya no ven los partidos "wigkas" como herramientas válidas y comienzan a pensar en tener las suyas propias.

La exigua representación mapuche en la vida política (algún diputado, seis alcaldes y una quincena de concejales), puede cambiar mucho en los próximos años si las exitosas experiencias en las organizaciones de base comunal desarrolladas en la última década (cooperativas agrícolas, organizaciones de salud, centros de formación... ) se trasladan a la construcción de una organización política. De hecho, ya hubo un precedente que funcionó, la Corporación Araucana, que obtuvo representación -muy activa- en el Congreso de Valparaíso; y que significó, en la primera mitad del siglo XX, la primera consecución colectiva desde la derrota de la guerra.

El objetivo de conseguir un reconocimiento institucional para el histórico territorio mapuche tiene no solamente graves problemas de cultura política en el interior de las sociedades chilena y argentina, sino también demográficos: si nos centramos en la vertiente pacífica de los Andes, más de un 40% de la ciudadanía ha emigrado a y vive en el área metropolitana de Santiago. La población con que cuenta el territorio histórico -el Wall Mapu-, repartido en tres regiones administrativas, representan menos de un tercio de la población total. Estrategias socioeconómicas que posibiliten el retorno familiar y el reforzamiento de las estructuras metropolitanas que hagan de palanca "exterior" están aún en pañales.
En pleno proceso de reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas en toda América, el caso mapuche puede ser uno de los que cobre mayor impulso en este periodo marcado por la globalización; un proceso que en un mundo cada vez más -formalmente- homogéneo muestra la importancia creciente del derecho a la diferencia, como garantía de la igualdad personal y la justicia social. (04/02)

Fuente:www.granvalaparaiso.cl