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  La Muerte de un Niño Mapuche

miguelcaniuqueo@123mail.cl

Ante la comunidad internacional el pasado doce de noviembre del presente año en la comuna de Temuco falleció producto de un proyectil en la cabeza un niño Mapuche, a propósito de un enfrentamiento entre comuneros Mapuche con fuerzas policiales, ocurrido el siete de noviembre en la comuna de Ercilla.

La muerte de Edmundo Alex lemún Saavedra es un claro ejemplo que las cosas que dicen relación con el pueblo Mapuche se están haciendo muy mal. La ceguera del palacio de la Moneda con respecto al tema indígena es producto tanto del fracaso del gobierno regional de construir y consolidar instancias de diálogo que permitan un entendimiento claro, pacífico y razonable con respecto a las particulares demandas del pueblo Mapuche como a la incapacidad y falta de flexibilidad de algunos dirigentes Mapuche de entender, aunque les duela, que la relación con el estado chileno siempre va a estar supeditada a la mantención del estado de derecho y al eterno cuestionamiento del concepto "autodeterminación de los pueblos indígenas" que muchos dirigentes reivindican.

Me atrevo a aseverar que a menos de dos semanas del gran evento de caridad del año, es más probable que la Teletón cumpla con su meta y no se esclarezca quien fue el asesino de Edmundo Lemún. Parafraseando un profesor de ética pública de Valparaíso, quien sostiene que en Chile hay corrupción, pero no hay corruptos; aludiendo al hecho que muchas veces hay casos probados de corrupción, pero nunca se determinan los culpables. De igual manera se puede inferir que en Chile muchas veces se cometen asesinatos, pero no hay asesinos.

Menciono esto porque llama poderosamente la atención como a una semana de la muerte de Lemún la discusión se centre en si se aplica la ley antiterrorista o definir si fue Carabineros o no quien disparó el proyectil y ninguna autoridad, hasta el momento, se ha ocupado del tema de fondo; que nunca más se vuelva a repetir la muerte de una persona por el hecho de luchar, con el arma de la protesta, por aquello que se cree correcto.

A transcurrido prácticamente una semana de la Muerte de Lemún y ninguno de los catorce parlamentarios de nuestra región, ni el Alcalde de Ercilla, como tampoco otros alcaldes que a ratos defienden reivindicaciones del pueblo Mapuche, han manifestado su punto de vista con respecto a los hechos ocurridos el siete de noviembre, ni mucho menos liderar, entregar lineamientos claros y orientaciones correctas para con este conflicto. El motivo es evidente, el conflicto que mantienen algunas comunidades Mapuche con la autoridad es como una papa caliente, se la tiran entre unos y otros, nadie sabe que hacer con ella, ni mucho menos quemarse con un conflicto que en más de quinientos años nadie le ha dado solución.

Creo que la actitud de los parlamentarios frente a este tema es particularmente irresponsable, cuando se trata de ejercer la función fiscalizadora en aquellos temas que otorgan alto rating periodístico se pelean las pantallas de televisión. Seguramente en temas como el caso coimas o la adulteración de las fichas CAS es bien visto mostrar las manos limpias y demostrar preocupación por los más pobres respectivamente, no obstante resulta de una tremenda inhumanidad la actitud abúlica e indolente frente a la vida que hemos podido observar en nuestras autoridades, porque, la realidad es que no se ha hecho lo suficiente. No creo estar tan equivocado.

Quienes nos sentimos parte de la concertación y defendemos los logros del presidente Lagos, también tenemos el deber de manifestar nuestro descontento cuando ocurren hechos tan graves como los del siete de noviembre, sobre todo cuando el proceder de las autoridades pasa por hacer políticamente lo correcto y no aquello que políticamente es responsable. En esta oportunidad la primera autoridad regional demostró una absoluta falta de conocimiento sobre el tema y un nulo manejo político de la situación, más lamentables fueron las declaraciones del Subsecretario Jorge Correa que de sutil tiene muy poco. A lo mejor la señal correcta pasa porque el Presidente de la República se haga presente en la región y lidere una gran mesa de diálogo relacionado con el tema indígena. A lo mejor todavía es tiempo.

Lo triste, de todo esto, es que el doce de noviembre de 2002 murió un niño Mapuche, luchaba por aquello que él creía correcto, ojalá el bosque donde su alma descansa inspire a todos aquellos actores que hoy día tienen la tremenda responsabilidad de, facilitar una pacífica convivencia entre dos culturas y hacernos comprender y aceptar nuestra verdadera identidad.


Miguel Caniuqueo Cabrera
Egresado de Agronomía, Temuco