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  3 de Mayo de 2002

Chiapas, la Paz Ficticia

Por Iñigo Herraiz*

Con la aprobación de la Ley sobre Derechos y Cultura Indígena, en abril de 2001, el ejecutivo mexicano pretendió dar carpetazo al tema de Chiapas: "esta ley -dijo el presidente Vicente Fox- marca el término de lo que fue el conflicto armado". Ha transcurrido un año y la nueva ley no ha arrojado los resultados esperados. Rechazada ampliamente por sus supuestos beneficiarios, la ley indígena se ha convertido en un obstáculo más para la paz en Chiapas.

Tal y como advirtió el diputado del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Félix Castellanos, la ley estaba naciendo muerta. Su aprobación puso fin a las negociaciones entre el gobierno y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y conquistó el rechazo unánime de la comunidad indígena. El Congreso Nacional Indígena (CNI), los gobernadores estatales de los cuatro estados con mayor porcentaje de población indígena (Chiapas, Oaxaca, Guerrero, e Hidalgo), y un sinfín de organizaciones civiles de dentro y fuera del país, además de escritores, intelectuales y religiosos de medio mundo, se opusieron a una ley hecha para los indígenas, pero sin los indígenas. De tal modo que, después de un año, se acumulan más de 300 controversias constitucionales presentadas en contra de la ley, que aguardan el dictamen de La Suprema Corte de Justicia que se dará a conocer en junio.

La administración Fox, entretanto, ha dado por concluida su misión: existe una ley y la reanudación del diálogo está ahora en manos de los zapatistas. La paz en Chiapas figuraba entre las promesas electorales con las que Vicente Fox alcanzó el poder en julio de 2000. Este pasado verano, de viaje en El Salvador, el presidente mexicano dijo a propósito de Chiapas: "No hay conflicto, estamos en santa paz". Y ya que daba por concluida su empresa en la región, era el momento de variar su orden de prioridades: el Plan Puebla-Panamá (PPP) "es mil veces más importante que el zapatismo o una comunidad indígena en Chiapas".

El cambió en la agenda presidencial, se da de forma paralela en los grandes medios, para quienes Chiapas ha dejado de ser noticia. Los intentos presidenciales por minimizar el eco de la conflictividad en Chiapas, también han hecho que se reduzca significativamente el interés internacional por los indígenas chiapanecos. Fox ha conseguido que a lo largo de este último año Chiapas haya sido un conflicto olvidado.

Aun así, el hecho de que la cuestión chiapaneca haya sido relegada a un segundo plano no significa que en Chiapas se viva esa "santa paz" de la que habla el presidente. La aprobación de la ley indígena ha puesto fin al optimismo que acompañó a la marcha zapatista a Ciudad de México. Las grandes expectativas que se generaron en torno a la reanudación del diálogo se han visto frustradas, y la esperanza ha dado paso al desengaño. De la relativa calma de los meses previos a la aprobación de la ley se ha dado paso a una multiplicación de los conflictos secundarios que amenazan con provocar un nuevo estallido de violencia que agudice, si cabe aun más, la precaria situación que vive el estado. En Chiapas pervive una guerra de baja intensidad, una guerra que no se ve.

La estrategia gubernamental para la paz en Chiapas ha sido diseñada para el corto plazo, con la mirada puesta en el PPP, y no en los reclamos indígenas. La "paz-seguridad" que persigue Fox para su mega-proyecto empresarial, tiene poco que ver con la paz "con justicia y dignidad" que demandan los zapatistas, y que pasa por el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, suscritos por la anterior administración federal y el EZLN. La ley aprobada, y no la del proyecto original elaborado por la COCOPA, vulnera lo acordado al no reconocer, entre otras cosas, aspectos fundamentales para las comunidades indígenas, como son los derechos colectivos sobre el territorio y los recursos naturales. Esos derechos que ahora se les niegan a los indígenas, les serán concedidos a alguna compañía multinacional con la puesta en marcha del PPP.

La paz en Chiapas no se consigue, como le gustaría que fuera al presidente mexicano, con "vochos, teles y changarros". Ni es cosa de 15 minutos como llegó a afirmar en otra ocasión. Alcanzar una paz duradera en la región, más allá de la problemática indígena, exige llevar a cabo profundas reformas estructurales que acaben con las causas últimas que generaron el conflicto. En el año 2001 Chiapas volvió a ocupar el primer lugar en marginación a nivel nacional.

* Periodista