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  Pueblos Indígenas en un Mundo de Asfalto

Carlos S. Velasco
Centro de Colaboraciones Solidarias. España, Junio del 2002.

Una orden sin precedentes de la Corte Suprema de la India ha garantizado la supervivencia de los jarawa, un pueblo indígena localizado en unas pequeñas islas del océano índico. Los últimos jarawa -unos cien- son el reducto de los antiguos habitantes de estas islas. Esquivos y alegres, al mirarles, su aspecto recuerda al de los bosquimanos de Botswana, en África. De hecho, los antropólogos no acaban de explicarse el origen de estos vetustos pobladores.

Los jarawa han vivido todos estos siglos aislados del resto del mundo por voluntad propia. La presión de la civilización les ha empujado cada vez más hacia el interior de las reservas en las que habitan en dos de las islas del archipiélago Andaman. La sombra amenazante de la extinción se instaló entre ellos hace tiempo. Colonos y piratas han sido un factor alarmante para su supervivencia. Es más, una abogada lanzó una iniciativa legal que permitiría la colonización de la reserva y la integración obligatoria de los jarawa.

Fue entonces cuando organizaciones internacionales y grupos sociales presionaron para que se respetaran sus derechos. Personas de toda condición y procedencia escribieron al Gobierno de la India y al Gobernador de la zona. Nunca pensaron si sus esfuerzos eran imposibles, simplemente lo hicieron. Y la enorme maquinaria india respondió. Nunca sabremos si fue por la presión internacional y nacional, o si la sensibilidad de la Administración fue la que provocó esta decisión.

Hay muchos motivos de alegría. Por un lado, la increíble respuesta social ante un asunto tan poco atractivo. El secretario de Asuntos Indígenas de las Andaman y Nicobar, Sanjiv Kumar, reconoce: "hemos recibido un número indeterminado de cartas en el pasado expresando la preocupación sobre el bienestar de los jarawa".

Otro motivo lo constituye la posición adoptada por el gobierno indio, ya sea por la decisión de los tribunales, por las presiones sociales o por iniciativa propia. El caso es que el gobierno afirma categóricamente que "no hay ningún programa o intención de interferir en el estilo de vida y en el hábitat de los jarawa" y reconoce "su derecho pleno sobre los territorios que habitan y su acceso inobstaculizable a los recursos de la zona".

Los jarawa han conseguido que tres de sus peticiones clave se hicieran realidad. Se ha cerrado la carretera que atravesaba cada una de las dos islas y ejercía de frontera con la reserva. Esta carretera era el eje sobre el que se articulaba la presión poblacional y constituye el recordatorio constante de esta amenaza. Además, se controlará la entrada de personas en las islas y se trasladará a los colonos más cercanos.


Los yora de Perú

Casi en las antípodas viven los yora, en el Perú. La Amazonía peruana es una pieza muy codiciada por sus riquezas. Allí viven muchos pueblos indígenas, algunos de los cuales no desean ser molestados. Al igual que los jarawa, presiones externas sobre el gobierno amenazan con reducir su reserva, "Alto Purús", hogar natal de los yora. La presión sobre estos habitantes ha sido igualmente devastadora. Tanto los jarawa como los yora corren serio peligro por su inexistencia de defensas ante las enfermedades. La falta de anticuerpos, la deforestación, la contaminación, la degradación de las áreas de cultivo amenazan la salud de los indígenas.

Las empresas madereras y petrolíferas alteran el ecosistema y abren la brecha a que otras gentes (colonos, aventureros, prostitutas) busquen fortuna en estas tierras. El último incidente provocó una respuesta violenta por parte de los yora, que además huyeron y se introdujeron en el territorio de tribus vecinas, a las que hubieran evitado en otras circunstancias.

Actualmente hay 28 lotes con contratos y varios más en negociación. Esta división de la tierra en lotes así como su adjudicación se administra desde el Instituto Forestal (INRENA). El lote 77, ubicado en la cuenca del río Las Piedas, afecta a pueblos indígenas no contactados o asilados (entre ellos los yora, pero también los amahuaca y los mascho piro).

Entre mayo de 1996 y enero de 1997, Mobil Oil buscó petróleo en este área de la Amazonía. Los equipos de Mobil Oil abrieron en ese tiempo 659 kilómetros de sendas en la selva y detonaron explosivos. Esto obligó a los yora a trasladarse a otras zonas, entre otras razones porque habían ahuyentado la caza de la que dependen. Mobil negó en un primer momento cualquier tipo de incidentes, aunque hay fotografías que demuestran que los trabajadores de la empresa encontraron casas abandonadas en la selva.

El sector de los hidrocarburos es un elemento estratégico en el proceso de estabilización de la economía del país, generando divisas en concepto de exportaciones. Actualmente el petróleo de la Amazonía constituye las dos terceras partes de la producción nacional. Pese a todo, Mobil Oil renunció a seguir explorando en el lote 77, aunque conserva su presencia en otros lotes, tanto en régimen de explotación como de exploración. Hoy en día, Mobil no quiere oír hablar más de indígenas. En julio de 2000 el gobierno respondió a las protestas internacionales creando la Zona Reservada Alto Purús (ZRAP), un avance para los indígenas, pero insuficiente cuantitativa y cualitativamente.

La decisión de Mobil Oil se debió en parte a las presiones sociales y a la voluntad del gobierno en cumplir lo estipulado en la Constitución y en los Tratados Internacionales. Hace pocas semanas, el gobierno peruano garantizaba la existencia de la reserva del lote 77 y la aumentaba hacia el sudeste. Es una buena noticia. Pero es muy significativo que los 28 lotes con contrato "alberguen" todos a pueblos indígenas. Probablemente se trate de una acción para expresar la buena voluntad del gobierno peruano. Como en el caso de la India, la decisión se debe al cincuenta por ciento a la presión internacional y a una sensibilidad gubernamental.

Además se ha desarrollado una legislación ambiental y se han establecido mecanismos de tutela como los Estudios de Impacto Ambiental, condición previa para la ejecución de los proyectos, se ha introducido el concepto de "delito ambiental" en el Código Penal, así como otras medidas vinculadas hacia un desarrollo sostenible.

No obstante, el director del INRENA, Mathias Prieto, expresa su preocupación y las intenciones del gobierno peruano en proteger a los pueblos indígenas. Pero difícilmente podrán lograrlo sin medios y sin una vigilancia constante sobre la zona. Por ello es necesario una supervisión por parte de las organizaciones sociales y el fortalecimiento de las asociaciones indígenas, para que así puedan trabajar mejor por sus derechos. Paradójicamente, tanto los jarawa como los yora no conocen cuáles son sus derechos. Eso hace más necesario todavía la actuación de la sociedad civil y de ONG como Survival. Y la voz de los indígenas debe ser escuchada. Ellos, incluso a un paso de la extinción, conservan todavía una forma de enfocar las cosas sorprendente. Su preocupación va más allá de ellos mismos. "Mi alma indígena transita descalza por los senderos de un mundo moderno asfaltado de hipocresía y miedo, mas aprendí a hacer de los problemas mis maestros. Lo que a la otra gente le hace sufrir para mí se convierten en luces para el camino", decía Chamalú. Estos avances constituyen un momento de alegría, pero sólo son pequeñas gotas en el océano. Por favor, sigan escribiendo cartas allá donde se cometan estas injusticias. A veces funciona.