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  Mapuches: Los Palestinos de América del Sur

Por Pedro Cayuqueo*

Sobre el conflicto étnico que se vive en la zona sur de Chile se han escrito demasiadas cosas.

Desinformadas la mayoría; interesadas, algunas; y de buena fe, las menos. 'Terroristas', 'subversivos', 'minorías radicalizadas', 'infiltrados extranjeros', en fin, son algunos de los calificativos usados regularmente por la prensa y destacados politólogos de ocasión para referirse a los mapuches y sus movilizaciones.

Puestas así las cosas, permítanme ingresar al debate pero no sin antes realizar una aclaración necesaria: escribo como futuro periodista pero a la vez como militante mapuche. No me pidan por tanto objetividad, pues tantos años de opresión y atropellos no pasan en vano por la retina de nadie.

En primer lugar, la lucha reivindicativa que bajo distintas expresiones y modalidades desarrollan algunos sectores del pueblo mapuche dista mucho del 'violentismo' gratuito que tanto se pregona por los medios de in-comunicación chilenos. Nos enfrentamos al caso del pueblo mapuche, un pueblo que tiene su historia, su lengua, su cultura y un territorio que le perteneció en el pasado y que hace poco más de un siglo le fue arrebatado por el Estado chileno en campañas militares caracterizadas por su carga de fanatismo, sangre y fuego.

Este pueblo, o mejor dicho una parte importante de él, no se siente bien en su actual situación de opresión y reclama ese territorio y esa libertad que en forma cotidiana el Estado chileno y sus instituciones le rechazan. Pese a las ansias de justicia y libertad de su gente, esta obligado a continuar amarrado a su fatalidad histórica, obligado a plegarse a la ley del más fuerte, a permitir ser pisoteado por el bulldozer de la integración y a ver como sus justas demandas políticas y territoriales son despreciadas bajo la denominación de 'terrorismo'.

Este reclamo de libertad y territorio, por cierto, no es antojadizo ni propio de los mapuches. Se repite por distintos lugares del mundo, desde las lluviosas tierras de Irlanda, hasta los verdes parajes del país vasco; desde la montañosa geografía de la isla de Córcega, hasta la contemplativa soledad del desierto palestino. Y es que este reclamo, a ratos pacífico, la mayoría de las veces violento, existe desde hace muchas décadas consagrado como un derecho humano fundamental en distintos tratados y convenciones ratificadas por la comunidad internacional en pleno. Se trata, ni más ni menos, que del derecho de las naciones a su autodeterminación nacional.

Y así, cuando este pueblo mapuche reducido, atropellado, cansado y sin más salida decide apoyar su derecho a la autodeterminación por la vía de las movilizaciones, ¡que horror!, ¡son terroristas que no respetan nada, ni siquiera la propiedad privada, el valor más sagrado!. Los puristas podrán decir que el fin no justifica los medios y yo hasta podría caer en la tentación de encontrarles la razón, pero las minorías nacionales como los mapuche en Chile a menudo no tienen más que un mísero derecho: el de callar.

¿Quién es el responsable de la violencia étnica que se vive en el sur del país? Por cierto que el Estado chileno y sus sacrosantas instituciones.

Tanto las tomas de fundos, los sabotajes y los enfrentamientos entre comuneros mapuches y las fuerzas policiales son el doloroso reflejo de un enfrentamiento cuya solución política se niegan a abordar tanto los poderes del estado chileno como el propio gobierno socialista de la Concertación.

Por el contrario, todo parece indicar que tanto desde el estado como desde sus diferentes núcleos de gestión, continúa prevaleciendo la voluntad de negarse a encarar el conflicto mapuche en su real y justa dimensión política, quizás con la falsa esperanza de poder resolverlo por la vía de las migajas sociales o, en su defecto, por la siempre inconducente vía de la represión policial.

Y mientras tanto, perdura y se agrava el conflicto, sin que sea posible hasta el momento una verdadero dialogo entre las partes, un diálogo donde se pongan sobre la mesa temas de carácter histórico-políticos y se marginen las visiones retrógradas y racistas que permanecen desde los tiempos de la Colonia el inconsciente colectivo de gran parte de la clase política nacional. Un diálogo, en definitiva, que busque reconocer a los mapuches sus derechos negados como pueblo y que sea capaz de romper con el monólogo concerta-cionista que solo pretende transformarlos en los futuros palestinos de América del Sur.

* Su autor es dirigente universitario mapuche y director de la pagina web Resistencia Mapuche (http://resistenmapu.nav.to)