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  Los pueblos indígenas garantes de la biodiversidad
Los Guardianes de la Biodiversidad
Edith Papp*

Aunque en las últimas décadas el auge del pensamiento conservacionista haya conseguido la creación de parques naturales y áreas protegidas para frenar la extinción de especies, sus esfuerzos de última hora con frecuencia nos hacen olvidar a los que más contribuyeron a la preservación de las diversas formas de vida en la Tierra: los pueblos indígenas

Si nos atenemos a las estadísticas, las áreas protegidas por su riqueza ecológica cubren alrededor del 6% del globo, mientras los habitats de esas comunidades que han sabido vivir en armonía con la naturaleza durante siglos, alcanza casi el 20 %, hecho que los convierte en los principales guardianes de la biodiversidad a escala mundial.

Un reciente informe del Fondo para la Conservación de la Naturaleza (WWF, según sus siglas en inglés) llama la atención sobre el hecho de que los ecosistemas mejor conservados son habitados por pueblos indígenas, como es el caso de algunas zonas poco alteradas de la Amazonia, Borneo o Nueva Guinea.

Independientemente de sus rasgos y sus historias particulares, la espiritualidad de esas comunidades se basa en un respeto profundo hacia la naturaleza, de la cual, según ellos, el hombre es solamente una parte y no el dueño.

Un mapa de eco-regiones, elaborado por esa entidad, en cooperación con la ONG Terralingua "Alianza por la diversidad lingüística y biológica", refleja una estrecha correlación entre la desaparición gradual de las culturas tradicionales y la pérdida de la biodiversidad.

A medida que las presiones económicas y culturales obligan a esas sociedades a incorporarse a la "civilización", negándoles sus derechos ancestrales a sus tierras y recursos naturales y tildándolos de "primitivos" y "atrasados", junto con su cultura y su idioma se pierde un valiosísimo conocimiento ecológico, acumulado por siglos, y un código de comportamiento caracterizado por el cuidado de la vida animal y vegetal, de la cual dependen en última instancia su salud y bienestar.

Desde este punto de vista la preservación de las culturas tradicionales resulta también un imperativo medioambiental, aún más si tomamos en cuenta que las áreas habitadas por sociedades tradicionales coinciden en gran medida con las zonas de mayor biodiversidad en la Tierra. Ejemplo de ello son los bosques tropicales, que cubren apenas el 7% del planeta pero albergan más del 60% de las especies, siendo a la vez las áreas de mayor diversidad lingüístico-cultural del mundo. De acuerdo con el mencionado estudio, el 42% de todos los grupos etnolingüísticas viven en esos ecosistemas o en sus cercanías.

Los científicos calculan que las actuales tasas de extinción de especies están entre 1.000 y 10.000 veces por encima de las registradas en siglos anteriores, mientras la pérdida de idiomas (y por tanto de los sistemas de conocimiento de que son portadores) es aún más alarmante. De acuerdo con algunos estimados, si no cambian las tendencias actuales, alrededor del 90% de las más de 6.000 lenguas habladas hoy en la Tierra desaparecerán durante los primeros cien años del nuevo milenio. Si tomamos en cuenta que en las culturas tradicionales la mayor parte del conocimiento se transmite oralmente de generación en generación, la pérdida de los idiomas locales significará la muerte de culturas enteras, y dentro de ello, de conocimientos ecológicos.
La estrecha relación entre la supervivencia de las culturas tradicionales -basadas en una relación privilegiada con el medio ambiente- y la preservación de la biodiversidad obliga a incorporar a los pueblos indígenas y a las sociedades tradicionales al trabajo conservacionista, apunta el informe de la WWF, requiriendo nuevos patrones para la cooperación internacional en esa materia.

Esto implica también la revalorización de los conocimientos ecológicos tradicionales y la creación de mecanismos para posibilitar que los pueblos indígenas puedan asumir el rol que les corresponde en el cuidado del patrimonio natural de la humanidad.

La propia WWF, con presencia institucional en más de 50 países, ofrece ejemplos prácticos para esta tarea. Desarrolla proyectos con los indios huichol en México en la protección de tierras sagradas de peregrinación de esa comunidad; con los misquitos en Nicaragua para el manejo de la Reserva Marina de Cayos Miskitos; con los pueblos itelmen y even en la región norteña de Rusia; con los karen de Tailandia para manejar el Santuario de Vida Silvestre Thung Yai Naresan; o con las comunidades aborígenes de Papua Nueva Guinea e Indonesia para la conservación del agua y los humedales costeros, por mencionar solamente algunas de sus actividades.

Su enfoque, basado en el reconocimiento de que la conservación de la naturaleza no debe frustrar las aspiraciones legítimas de desarrollo de las sociedades tradicionales, se contrapone a la "congelación" del conocimiento y de las tradiciones culturales, promoviendo los esfuerzos de estos pueblos a formular alternativas de desarrollo determinadas a partir de sus propia mundivisión y no impuestas desde el exterior. Según expresa el informe de WWF sobre la correlación entre la pérdida de las culturas tradicionales y de la biodiversidad, sólo de este modo se podrá detener los actuales procesos de extinción de culturas e idiomas, con las consiguientes pérdidas en los ecosistemas más valiosos del planeta.

*Periodista