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  La ecosofía de los pueblos indígenas
Antes que muera el día
Carlos Mendoza*

La protección del medio ambiente es parte del debate diario en los países industrializados. Recientes estudios han demostrado que el uso de herbicidas e insecticidas elaborados con sustancias químicas ha contaminando las tierras y las aguas del planeta y está destruyendo la biodiversidad. Los llamados "cultivos orgánicos" se presentan como una alternativa, pues utilizan los principios de la misma naturaleza para el control de plagas y enfermedades. Lo que se ha "descubierto" es que para preservar el equilibrio ecológico se necesita respetar la naturaleza, reconociendo que los seres humanos somos parte de ella, no sus propietarios.

La sabiduría ancestral de los pueblos indígenas nos enseña la importancia de la armonía con el medio ambiente. En la cosmovisión maya "todo se relaciona, lo que le hagamos a la tierra recibiremos en consecuencia", explica un anciano. "Sólo debemos tomar lo indispensable de la naturaleza, para que nuestros hijos y nietos también puedan disfrutar de lo que nos da", agrega. Esa es una excelente síntesis de lo que significa sostenibilidad en el uso de los recursos.

El cuidado de la naturaleza no se reduce a conocimientos técnicos y científicos, como suele pensarse en el Occidente-capitalista. La armonía con el medio ambiente implica asumir una espiritualidad. Los mayas también nos dan lecciones al respecto: "Si no hay sol morimos, por eso nuestros antepasados nos enseñaron a llamarle Qatat, nuestro padre, porque nos da la vida, hace crecer las plantas y nos calienta. A la tierra la llamamos Qate', nuestra madre". Ese sentido de reverencia se expresa cuando le piden permiso a Dios y al nawal de la planta o árbol que necesitan, para utilizar sus hojas, tallos o frutos. En los idiomas mayas existen palabras ceremoniales para los elementos de la naturaleza, expresiones delicadas que indican los cuidados especiales que los seres humanos debemos tener. Por ejemplo, la expresión Kaqchikel loq'oläj ya' expresa el aprecio por el agua y su importancia para la vida. No se le denomina simplemente agua, sino "agua preciosa" o "agua sagrada".

Antes que se agote el agua preciosa, o se muera nuestra madre, es necesario recapacitar y tomar las acciones necesarias para recuperar la armonía. Antes que se muera el día debemos reconocer que no somos señores del planeta, sólo sus huéspedes.

*Department of Philosophy - Queen's University - CANAD