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  La lucha indígena en América Latina
De Súbditos a Ciudadanos
por Carlos Mendoza*

Los movimientos de independencia en el continente americano se iniciaron tras la crisis de la monarquía española debido a la invasión francesa en los inicios del siglo diecinueve. Muchos todavía sostienen el mito según el cual el ideal de libertad fue el que inspiró el rompimiento político con la corona. Sin embargo, en varios de los centros coloniales lo que generó la separación fue el reconocimiento de ciudadanía española a todos los varones originarios de territorio español, incluyendo a los indígenas, lo que implicaba el derecho a elegir representantes para las Cortes de Cádiz. Este nuevo status político otorgado a los indios trastornaba toda la estructura social de la colonia, algo que los criollos no podían tolerar pues amenazaba su hegemonía.

En Centro América, por ejemplo, la ciudadanía universal proclamada luego de la pacífica independencia sólo duró de 1821 a 1829, cuando se sustituyó por derechos políticos condicionados por "suficientes bienes o renta". Sin propiedades e ingresos elevados no se podía ejercer el derecho a voto ni optar a cargos públicos. Esto excluyó a los pobres, es decir a casi todos los indígenas, de participar en la vida política de la región. Las constantes pugnas por el poder entre las élites liberales y conservadoras se traducían en cambios poco significativos para el bienestar de los pueblos indígenas. El paternalismo conservador terminó con la explotación legal que los liberales hicieron de la mano de obra indígena y con la expropiación de sus tierras comunales.

Por lo tanto parece más adecuado afirmar, en términos económicos contemporáneos, que la independencia fue la "privatización" de un monopolio.

A la Corona Española se le quitaron los "derechos exclusivos" de explotación de la tierra y el trabajo indígena y se los apropiaron los criollos. La independencia, para los pueblos indígenas, sólo fue el cambio de autoridades lejanas por cercanas. Desde entonces se utilizan la leyes emitidas por los nuevos Estados nacionales para continuar extrayendo recursos de lo laboriosos indígenas, quienes por no gozar de plenos derechos ciudadanos no han podido cambiar las instituciones políticas que los oprimen. Cuando han intentado oponerse a las arbitrariedades y abusos de los gobiernos la represión violenta ha sido la única respuesta.

La historia se sigue escribiendo, pero ahora con la esperanza en un cambio de época donde la ciudadanía será plena, diferenciada y multicultural para que los pueblos y ciudadanos indígenas tengan representación y participación directa en la toma de decisiones políticas, para que no sigan siendo simplemente trabajadores estacionales en las fincas, soldados por reclutamiento forzoso o víctimas de todos los tributos. De la aceptación pasiva de una ciudadanía restringida se está pasando a la reivindicación activa del status de pueblos indígenas con derecho al autogobierno y a la autodeterminación.

*Economista guatemalteco