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  13 de Noviembre del 2002

Los Futuros Inmediatos del Hip Hop Cubano


Ariel Fernández Díaz
Juventud Rebelde - La Ventana

El rap cubano ha asumido desde la canción un análisis crítico pero a su vez muy constructivo de la sociedad cubana, a través de un discurso que ataca duramente problemáticas sociales como la marginalidad, la situación económica y los prejuicios raciales, por solo citar algunos casos. Discursos culturales que necesitan de un profundo debate para su entendimiento más allá del ámbito artístico, específicamente en lo social.

El hip hop en Cuba se ha convertido en una explosión cultural y a su vez social, que se ha incrementado con creces desde su aparición en los finales de los ochenta y el auge tomado en los primeros años del período especial. Rapean los jóvenes en las calles, los niños en las escuelas, se baila break dance en los parques, se pintan graffiti, los discjokers promueven música en los barrios y clubes, rap con timba y rock & roll, el rap de la geografía, el festival de Alamar, Orishas, SBS, Obsesión, Anónimo Consejo, el proyecto Ommi, grupos de rap en los bailables populares y en las tribunas abiertas, A moverse, el comercial y el underground, en fin, no podemos dudar de que esta expresión surgida en los barrios newyorkinos como voz de los marginados del imperio se ha convertido en todo un hecho palpable en nuestra sociedad contemporánea.

La evolución de este género ha sido incuestionable gracias al trabajo de muchos de los integrantes de este movimiento, pero sería injusto obviar el definitorio papel que ha jugado la AHS en su legitimación. Arduas e incontables han sido las batallas libradas desde la Asociación en la búsqueda de espacios habituales en los medios audiovisuales y escenarios culturales, encontrando y venciendo en cada uno de ellos prejuicios en cuanto al rap, que aún hoy persisten para muchos, aunque en menor cuantía que en etapas anteriores.

Después de ocho años de duro bregar con el hip hop, la AHS, aunque continuará con la labor que ha venido realizando a través de su trabajo promocional, propició la creación de la Agencia Cubana de Rap, institución perteneciente al Centro Nacional de Música Popular del Instituto Cubano de la Música y que en lo adelante correrá con el futuro inmediato del género. Dicha entidad contará con un sello discográfico para catapultar, tanto en el ámbito nacional como internacional, el talento que en el patio hasta el momento era solamente fichado por disqueras extranjeras.

Entre los otros tantos proyectos que irá asumiendo, se encuentra también una publicación especializada en la temática denominada Movimiento, la cual tendrá como función ser un magnífico instrumento para el análisis crítico, histórico, intelectual y teórico del hip hop cubano, elementos más que esenciales para su desarrollo.

Ahora bien, cabría preguntarnos, ¿está verdaderamente listo el rap cubano para escalar peldaños superiores?, ¿se conocen las verdaderas aristas del hip hop en la isla? Ciertamente, atrás quedaron los tiempos del mimetismo generalizado, la copia de modelos "americanizados" y la lógica absorción de elementos originarios de esta cultura de los Estados Unidos. Hoy podemos hablar de un rap auténticamente cubano manifestado por una pequeña vanguardia que lo refleja desde textos expresivos de nuestra realidad social, cultural y política, desde la estética que promueven, y las producciones musicales que se están realizando con elementos sonoros de nuestro acervo musical.

Todavía nos queda mucho rap banal, con falta de legitimidad y maduración. La explosión cuantitativa --que abarca más de doscientas agrupaciones en la capital y cerca de trescientas en el resto del país-- no ha sido totalmente cualitativa, lo cual conlleva al análisis de que se trata aún de un fenómeno muy joven. Su proceso evolutivo no ha concluido.

Una de las tantas limitaciones que ha tenido el movimiento desde su aparición ha sido la promoción en los medios. Mucho ha hecho la AHS desde los caminos institucionales, pero la banalidad y lo "fresa" siempre encuentran un espacio fuera de estos canales. Hemos visto proliferar en espacios televisivos y radiales agrupaciones que no responden a la realización de un hip hop comprometido con los valores culturales y el contexto histórico, sino más bien en pleno matrimonio con el mercantilismo y el facilismo. Un rap que no explora ni se arriesga, sino que camina por los trillados caminos del éxito, colmados de fórmulas que todos conocemos como los backgrounds de ritmos tropicales y salseados con una imagen estética importada del exterior. Esta polémica contradicción con la política cultural del país, que defiende los plenos valores del arte, ya ha sido discutida en reiteradas ocasiones sin verse todavía alentadores resultados.

El rap cubano ha asumido desde la canción un análisis crítico pero a su vez muy constructivo de la sociedad cubana, a través de un discurso que ataca duramente problemáticas sociales como la marginalidad, la situación económica y los prejuicios raciales, por solo citar algunos casos. Discursos culturales que necesitan de un profundo debate para su entendimiento más allá del ámbito artístico, específicamente en lo social.

En resumen, para los futuros inmediatos del hip hop cubano se encuentran creadas las entidades y directrices para su progreso. Radica en el propio movimiento la capacidad de superarse en lo artístico e intelectual, de interactuar con las instituciones culturales, integrando en el diálogo sus propios puntos de vista y experiencias. Sus integrantes deberán tener la capacidad del análisis autocrítico y el ejercicio de la profesionalidad que se impone como respeto hacia ellos mismos y los más disímiles públicos. Lograr el despegue definitivo del género será una ardua tarea; su realización ha echado a andar en una etapa definitoria para él, esperemos pues el paso de ese implacable llamado tiempo.