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  Una conversación entre Lou Reed y Paul Auster

Secretos profesionales

Revista Trespuntos, Nro. 4. Argentina, 1997
También publicada por No me comprometas rosa, mayo del 2001.

El cine es el escenario donde las palabras y la música cobran vida. El cine es lo que unió al escritor Paul Auster y al músico Lou Reed. Los dos cuentan a su modo pequeñas historias. Los dos residen en Nueva York y los dos tienen un profundo respeto por el trabajo del otro. El fumador compulsivo Paul Auster y el ícono del underground Lou Reed son, desde hace un tiempo, buenos amigos. Dazed & Confused, una revista nacida como alternativa, pero que en pocos meses se convirtió en una adicción para los jóvenes británicos, los escuchó conversar largamente sobre sus respectivos trabajos en las películas Smoke y Blue in the face. Y de cómo y por qué llegaron a ser lo que son, o al menos, lo que los demás creen que son.

Paul Auster: ¿Cuándo se te ocurrió que la música podría ser aquello a lo que ibas a dedicar tu vida?

Lou Reed: debo confesarte algo: yo deseaba hacer lo que vos hacés. O sea, quería ser un escritor. Un escritor formal, de verdad. Yo me la pasaba escribiendo en el colegio. De todas maneras, es cierto que por esa época ya hice un disco, y tocaba en algunos extraños bares de Long Island. Pero en el colegio uno siempre tiene sus bandas y yo simplemente estaba en distintas bandas para pagarme los estudios. Pero éramos realmente malos. Tan malos que teníamos que ir cambiándonos el nombre para poder seguir tocando. ¿Vos ya escribías cuando eras joven?

Paul Auster: Creo que comencé a escribir cuando tenía nueve o diez años. Más o menos en el momento en que vos te encontraste con una guitarra, yo me encontré con una lapicera. Cuando tenía alrededor de 15 años leí "Crimen y Castigo", la mayor novela que leí nunca, y me dio vuelta. Creo que ahí sentí por primera vez la sensación de qué era una novela o qué podía llegar a ser, y siempre estuve seguro que ésa fue la experiencia que me determinó a ser lo que soy. Dije: "Absolutamente, no tengo dudas, así es como me voy a ganar la vida, o al menos, así es como quiero gastarla".. Desde ese momento comencé a escribir tan seriamente como escribo hoy. Lo que no quita, claro, que la mayor parte, por unos cuantos años, fue simplemente basura.

LR: Deberías escuchar mi primer disco... En realidad, también el número 45...

PA: Puedo imaginarme lo malo que debía ser. Todos los comienzos son malos...

LR: ¿Sabés qué es lo más extraño acerca de esto? Hay una compilación de The Velvet Underground que se está vendiendo, y en ella, aparentemente, porque no la escuché, hay una grabación de nuestros primerísimos tiempos. Después vi críticas de gente muy seria diciendo que es increíble, sus letras y sus músicas derivan de otra gente... Y mi respuesta a eso es: por supuesto, ¿qué esperaban?, todo el mundo tiene que empezar en alguna parte.

PA: Es absolutamente cierto, y yo iría aún más lejos... Habiendo enseñado a escribir, entre otros múltiples pecados.

LR: No te puedo creer... ¿Dónde?

PA: En Princeton, por los ochenta. Lo hice por algo así como cinco años. Lo cierto es que siempre sentí que los jóvenes más talentosos eran los que terminaban haciendo los peores trabajos. Si veo a un joven de 20 años capaz de producir algo que se parezca, por ejemplo, a una historia de John Cheever, con un cierto grado de poder y convicción, me doy cuenta inmediatamente de que no hay esperanza para él. Porque quiere decir que ya tiene horizontes limitados, que no está empujando fronteras, no está probándose a sí mismo, no está intentando hacer algo nuevo. Está solamente cumpliendo con aquello que cree que sus mayores esperan de él. Los otros, aquéllos que saltaban sobre los lugares establecidos, que aceptaban los riesgos, que soplaban contra el viento, ésos eran los únicos que me producían alguna dosis de ilusión. ¿Comprendés lo que digo? Demasiada facilidad para cumplir con lo esperado demasiado pronto nunca es bueno. No te permite desarrollarte.

LR: Yo nunca sufrí de ese mal. Nunca debí temer por eso. Hice mi primer disco cuando tenía 14. Lo pasaron una vez al aire, todo el mundo frunció la nariz y fue la primera y última vez que lo pasaron. ES tan extraño mirar hacia atrás. Por ejemplo, yo solía mirar The New York Times en su sección de clasificados...

PA: Yo también.

LR: Y miraba los clasificados pensando: si tengo que conseguir un trabajo de verdad, ¿para qué serviré? Porque, tratándose de un artista, de un 'espíritu libre', significaba que no estaba calificado para nada. Y en cuanto a entrenarme o capacitarme, ¿para qué? No se me ocurría la mínima posibilidad. Miraba los avisos y todos empezaban 'salario, bla, bla, bla', pero no me podía imaginar a mí mismo en un traje, yendo por ahí con un curriculum. Me hacía reír solamente la posibilidad de pensar acerca de eso. Postularme ¿para qué trabajo? Mecanógrafo, probablemente, algo que tuviera que ver con escribir...

PA: Vendedor junior de zapatos para señoritas y accesorios.

LR: ¿Alguna vez pensaste, tengo que hacer algo, tengo que ganarme la vida de alguna manera?

PA: Era uno de mis mayores tormentos.

LR: Yo fui lector de copias por dos semanas. En realidad, tuve una vez un trabajo real en la escuela superior, llenando tarros con nueces. Y me acuerdo del tipo que tenía parado al lado, que tendría treinta años y me decía: sabés, hay un futuro en esto. Y yo no podía imaginarme cuál sería.

PA: Yo tuve un montón de oficios por el estilo cuando era chico. Uno de los más interesantes fue hacer encuestas en Harlem para el censo de 1970. Eramos parte de una multitud que salía a la calle, golpeaba las puertas y reprendía a la gente que no había enviado de vuelta sus formularios.

LR: ¡Y ellos te dirigían la palabra!

PA: Por supuesto. En realidad, había una vieja que debía tener noventa, quizá cerca de cien años, y ahora me di cuenta que ella es el origen de Granny Ethel en Smoke. No se me había ocurrido hasta hace un par de días.

LR: ¿De verdad?

PA: Golpeo en la puerta y esta mujer, casi ciega, me deja entrar. Entonces le digo que era del censo. Ella es muy educada, y las luces están apagadas en la habitación porque ella no puede ver mucho. De pronto me señala, estábamos sentados en dos camas una enfrente de la otra en una estrecha habitación. Me señala y me dice, si querés prender la luz, vé y hazlo. Gracias, le digo. Y tiro de un cable que cuelga desde el techo. ¡Pop! La luz se enciende y ella se tira hacia atrás, me mira cuidadosamente y me dice, oh, no eres un negro. Y entonces me di cuenta que yo era la primera persona blanca que había pisado su casa. Pasamos mucho tiempo juntos. Sus padres habían sido esclavos.

LR: Y ella no se había dado cuenta por tu voz...

PA: Ella dijo, bueno, pensé por tu voz que no eras negro, pero era tan inconcebible para ella que un blanco estuviera en su departamento que no lo creyó.. Fue asombroso. Pero no nos vayamos por las ramas y volvamos al principio. ¿Cuándo entendiste que la música era lo que podías hacer profesionalmente?

LR: Creo que lo más sincero que podría responder es: más o menos un año y medio. Es que vos sabés lo inseguro que soy, en muchos sentidos. Entonces todo el tiempo digo, ok, llegué hasta acá, fue solamente la fase de uno. Yo sé que es una larga carrera, y que estamos muy al principio del camino pero, al mismo tiempo, hay tanta gente pidiéndonos que paremos ya de una buena vez. ¿Y vos? ¿Cuándo pensaste que podías hacer una vida de escritor?

PA: Yo me pasé cerca de diez años escribiendo pequeños libros de poemas que leía, publicados por la pequeña prensa, escribiendo artículos, sobre todo traduciendo. Un trabajo que llegué a odiar. Es un trabajo realmente mal pago. Pero yo siempre quise mi libertad, para llamarlo de alguna manera. Pero después me convertí en un esclavo de mi propia pobreza. Era una situación realmente mala.

LR: Sí. Sé exactamente lo que significa.

PA: Estaba atrapado, y finalmente tuve una gran crisis hacia finales de los setenta. Y durante ese tiempo no escribí demasiado. Pensé que todo se había terminado. Siguió así por uno o dos años, y luego lentamente comencé a salir de la crisis. Algunas cosas sucedieron, me comprometí de nuevo con la escritura, me sentía hambriento de escribir de nuevo y creo que allí fue cuando comencé a escribir prosa. Hasta ese momento sólo había escrito y publicado poemas y ensayos.

LR: ¿De verdad? Es extraño, digo, ese período de tiempo sobre el cual estás hablando... Porque en el medio de los finales de los setenta yo también estaba pasando por una gran crisis. Y todo porque descubrí que tenía algunos grandes éxitos, que podía pasar tranquilamente por lo que se puede llamar algo así como una estrella de rock. Excepto que yo no tenía idea de lo que estaba haciendo. Y descubrí en un tour, en Australia, que cada una de las regalías que yo había ganado había sido robada. Y que no había pagado impuestos en los últimos cinco años, que me llevarían a la corte, que no tenía dinero en el banco, ni departamento y que estaba en medio de una gira y tenía diez dólares en mi bolsillo...

PA: Qué pensamiento más reconfortante...

LR: Hablando de crisis... Eso me metió en un lío legal que duró como diez o quince años. Desde entonces siempre tuve la sensación de que alguna vez perdería ese juicio y que me meterían en la cárcel para siempre.

PA: Pero eso fue una crisis externa. Quiero decir, vos no dudabas de vos mismo como alguien que quería seguir haciendo lo que estaba haciendo, si podías.

LR: Lo que había elegido hacer. Pero por cierto que me hizo dudar acerca de mi inteligencia. ¿Cómo puede un ser humano inteligente meterse en un lío como ése?

PA: Cometiendo grandes errores.

LR: Más allá de la imaginación. Pero tanta gente que yo conozco tiene historias parecidas con algunas variaciones... ¿Alguna vez te metiste en un problema como éste?

PA: Lo que tenés que entender es que, como escritor, nunca hay plata en el medio. Es realmente muy poca. En lo único en que yo estaba interesado era en pagar el alquiler y tener algo para comer. Esa era mi máxima aspiración, lo fue por siempre. Hace muy poco, recién en los últimos años, que gano un poco más de dinero que para eso. Yo me pasé la mayor parte de mi vida viviendo en la cornisa, en el límite. No es una buena manera de pasar la vida, pero, al mismo tiempo, si creés en lo que estás haciendo, y sentís que tenéis que hacerlo, ¿qué chance te queda? No tenés otra opción.

LR: tenéis razón. Porque cuando pensás acerca de los consejos que te dan, como, por ejemplo, metete en un trabajo real, con seguridad... ¿qué seguridad? Esta gente que se la pasó siendo vapuleada de izquierda a derecha, que los echaron de sus trabajos mil veces, que los mandaron de acá para allá... Y lo peor es que los mayores, los que tienen más experiencia, son los primeros en ir cuando los llaman de nuevo para estos trabajos.

PA: A veces veo gente como yo, de mi edad, que se la pasó trabajando en una corporación americana en los últimos veinticinco años. Y parecen diez o quince años más viejos.

LR: Yo creo que el rock es lo que te mantiene joven.

PA: Yo creo que escribir es lo que te mantiene joven. Cualquier arte mantiene fresca a la gente, porque nunca te retirás. Simplemente lo hacés hasta el momento de colapso.

LR: Al mismo tiempo no tenés ni tu sangre ni tus pensamientos machucados por un trabajo que no te deja expresar ni lo uno ni lo otro. Y hacerlo es lo único que a uno le da aire, que te mantiene vivo.

PA: Pero el precio que uno paga por la libertad es el combate, el tener que pelearla. Pero es extraño. Cuando yo estaba en bancarrota, quince años atrás, fue cuando Siri y yo comenzamos a vivir juntos, y te juro que no teníamos más que algunos centavos. Pero estábamos desesperadamente felices, y todo iba bien. Estábamos muy creativos, pero ella se tiraba en la cama por la noche y comenzaba a preocuparse sobre cómo haríamos para pagar el alquiler. Yo estaba siempre muy optimista, como Mr. Micawber, y le decía, no te preocupes, algo aparecerá.. Yo siempre fui muy optimista. Ahora que la plata llega, en cambio...

LR: Ya sé lo que vas a decirme...

PA: Ella se siente mucho más relajada y feliz, y gasta la plata con cierto gusto, y a mí me encanta que ella pueda tener por fin todo lo que quiere. Pero yo soy el que está ansioso ahora. Me la paso pensando: las cosas están bien ahora, pero esperá un poco. Ya vas a ver, alguna piedra se va a caer del cielo y me va a dar justo en el centro de la cabeza...

LR: Uno no puede perder el momento. Es tan fácil pasar de largo por los momentos en que habría que disfrutar.

PA: Dejame ponerlo de esta manera. Tenemos cierta edad ahora, tenemos un montón de cosas detrás nuestro, probablemente más de las que tenemos por delante...

LR: Al menos ya estamos en la línea descendente, pasamos la mitad de la colina.

PA: Tanta gente a la que amamos y que nos importaba ya no está más con nosotros, pero la llevamos adentro de alguna manera. Cuando más viejo te ponés, más la vida se transforma en una tranquila conversación con la muerte. Yo encuentro esto al mismo tiempo muy triste y muy reconfortante. Sabés, cuando más viejo te ponés, más espiritual te volvés. Estás viviendo entre fantasmas y todos ellos tienen un montón de cosas que contarte. Y si escuchás con cuidado, podés aprender un montón.

LR: Yo me paso todo el tiempo examinando cosas que ya hemos dicho. Es uno de los temas favoritos en la literatura... 'Decí algo ahora, si esperás demasiado, algo sucederá y ya no tendrás la oportunidad de decirlo'. Y lo peor es que normalmente es cierto.

PA: Lou, hay algo que te quiero preguntar. A medida que seguís haciendo música, ¿sentís que es más fácil o más difícil? ¿Que aprendiste algo o que estás constantemente enseñándote a vos mismo una y otra vez?

LR: Tengo que enseñarme a mí mismo todo el tiempo, pero es cada vez más rápido, porque lo hice antes, y me acuerdo, y me acuerdo cada vez más rápido.

PA: Aprobás tus materias más rápido.

LR: Absolutamente. Sobre todo porque lo que aprendí son las cosas que no hay que hacer, y me cuido de no hacerlas.

PA: Yo siento que cada vez se torna más difícil, que me vuelvo más estúpido a medida que me vuelvo más viejo y que tengo que reaprender o reenseñarme a mí mismo una y otra vez. La única cosa que la experiencia me ha enseñado es a no deprimirme cuando las cosas no salen bien. Que es un progreso importante porque cuando era joven y me deprimía, cosa que a los escritores les pasa todo el tiempo, siempre corrés hacia puertas cerradas, callejones sin salida, y vas más y más abajo por el camino incorrecto. Ahora puedo salir rápidamente de esos estados. Simplemente digo: déjenme solo, déjenme salir a caminar por afuera, ya volveré en dos o tres días. Por ahí es solamente una noche sin dormir o durmiendo bien todo lo que necesitás.

LR: Ahí está el tema. Si eso es todo lo que la experiencia te enseñó, de todas maneras estás kilómetros por delante de los jóvenes.

PA: Lo estoy en ese sentido.

LR: Pensálo como un truco. Estás sentado allí, diciendo, oh, dios mío, ya está, ya está, se terminó todo, oh, ayy, ayyy, aaayyy... y en realidad, dices, ok, voy a comerme una pizza.

PA: Exacto, o leer la página de deportes.

LR: Por ahí mirar un partido. Volverás a esto, y cuando vuelvas ya no estarás preocupado. No hay que preocuparse. Tener claro siempre que todo es parte del sube y baja natural. Pienso que es lo único importante que realmente aprendí. Aunque hay otra cosa que aprendí y es que cuando la inundación se está yendo, lo mejor es correrse del camino. O sea: nunca te cuelgues en una palabra o un detalle singular, o te detendrá.

PA: Exacto, sólo sigue hacia delante.

LR: Seguir adelante, en una línea recta. Uno puede siempre volver atrás, pero si lo hacés podés estar haciendo algo que destruya todo.

PA: Ok, última pregunta, porque hay algo que no hago y que quiero compartir con vos, que sí lo hacés. Después de todos estos años, ¿actuar todavía te pone mal?

LR: Cuando no lo hago por un tiempo, yo no puedo siquiera imaginarme cómo se hace. Es muy extraño, y realmente desearía que no me pasara. Preferiría pensar: yo sé exactamente cómo hice esto, y sé cómo hacerlo de nuevo. Pero no es así. Yo sé que si lo hago, saldrá bien. Cada vez que lo hago amo hacerlo, no hay nada más excitante que un show en vivo.

PA: Yo di algunas conferencias pero no tiene nada que ver. Vos estás simplemente leyendo tu libro, no es como si lo estuvieras actuando.

LR: Bueno, leer es actuar, ¿no?

PA: En un camino más sutil, quizás, pero mucho más sutil. Aunque debo decir que mi amigo Síegelman y yo leímos este verano en el Central Park.

LR: Yo también lo hice.

PA: Sobre ese enorme escenario de roca, con cinco mil personas en la audiencia y fue algo realmente nuevo para mí. Mosquitos volando frente a nuestras caras, helicópteros haciendo ruido mientras leíamos.

LR: ¿No pensás que hay algo de actuación en eso? Hay una performance...

PA: Definitivamente. Pero es como si... es algo que hago una vez cada tanto.

LR: ¿No se te ocurrió cómo quedaría con música de fondo?

PA: No, podríamos intentarlo alguna vez.

LR: Poner jazz. Como aquellos extraños jóvenes de los cincuenta hacían.

PA: Tambores batientes.

LR: Creo que éste es el momento exacto para terminar.

PA: Coincido.

LR: El momento en que se mezcló la palabra con la música.

PA: Y en el que estamos todos sobre el escenario.