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Miles Davis reeditado

El hombre que cambiaba

Andres Torrón
Brecha. Uruguay, mayo del 2001.

En una recepción en la Casa Blanca, una atildada dama de la alta sociedad le pregunta al hombre negro que tiene a su lado cómo hizo para ser invitado a tan importante acontecimiento. El hombre responde: "Yo cambié la historia del jazz cinco veces, ¿y usted?". La anécdota puede o no ser verdadera, pero sirve tanto para pintar la personalidad y el humor de Miles Davis (que de él se trata) como para revelar una verdad incuestionable: la historia del jazz desde el bebop, y casi hasta nuestros días, puede contarse a través de la obra de este músico.

Nombre fundamental del bebop, tocando junto a Charlie Parker, instigador del cool jazz con Gil Evans y Gerry Mulligan, creador del jazz modal en Kind of Blue, inventor del jazz rock a fines de los sesenta y pionero de la fusión del jazz con el hip hop en el póstumo e inconcluso Doo Bop, Miles Davis es algo más que la definición perfecta del hombre en el lugar y el momento justos.

El trompetista desarrolló su sonido inconfundible ya en los tempranos años cuarenta y lo mantuvo casi sin cambios a lo largo de su carrera; lo que siempre cambió fue el entorno de ese sonido. Miles nunca se quedó mucho tiempo en un solo lugar, y esa actitud, de nunca mirar atrás, fue el principal catalizador de las renovaciones que el músico impulsó, sabiéndose rodear del personal adecuado.

En la segunda mitad de la década del 40 Miles fue parte del quinteto de su héroe Charlie Parker. Para 1947 el bebop estaba en su apogeo, pero el trompetista sentía la necesidad de explorar nuevo territorio. El instigador del cambio fue el arreglador Gil Evans, responsable de orquestaciones de temas bop para la orquesta de Claude Thornhill. Evans se había ganado un merecido prestigio entre los nuevos músicos del bop, por sus ideas, su conocimiento y su encare renovador y poco ortodoxo de las orquestaciones. Davis vio en él la posibilidad de ampliar su horizonte musical en materia de arreglos y orquestaciones, algo que el quinteto de Parker, basado en la espontaneidad y la improvisación, no permitía desarrollar. Así nació el noneto, una formación desusada con seis instrumentos de viento (trompeta, trombón, corno francés, tuba y saxos alto y barítono) más la base de piano, bajo y batería. Como en otros emprendimientos del músico, se plantea la discusión acerca de cuál fue el papel real de Miles en el desarrollo de esta música. Muchas de las ideas estaban ya en la orquesta de Thornhill y principalmente en las concepciones de Gil Evans. También fue fundamental Gerry Mulligan a la hora de desarrollar composiciones y arreglos. Pero como dijo el propio Mulligan: "Miles tomó la iniciativa y puso las teorías a trabajar. Llamó a los músicos, organizó los ensayos, consiguió el local y fue el que atizó el látigo". Como sería la norma en los continuos cambios de dirección del trompetista -que también significaron cambios para el jazz en su conjunto-, Miles se adelantó a lo que estaba en el aire, llevando a la práctica lo que otros lucubraban.

El noneto combinaba los arreglos orquestales para varios instrumentos con la improvisación del bop. Para lograr ese balance entre arreglos escritos e improvisación en un conjunto bastante numeroso se precisaba una química especial y músicos muy preparados. El conjunto de Miles logró las dos cosas después de casi un año de ensayos y la prueba de distintos instrumentos e instrumentistas.

Sin embargo, el noneto fue recibido con bastante indiferencia en su época, tocando muy poco y grabando aun menos.

Fue tan raro como afortunado que el sello Capitol, por ese entonces volcado a la veta más popular de los vocalistas con influencias jazzeras como Frank Sinatra y Nat King Cole, le hiciera caso a Miles y contratara al grupo para una serie de grabaciones. Los años hacen su trabajo y lo que ayer era revolucionario se torna estándar, pero en 1949 la propuesta del noneto era totalmente rara e innovadora.

Miles grabó doce temas para Capitol en tres sesiones, dos en 1949 y una al año siguiente. Los temas fueron lanzados en seis discos de 78 revoluciones por minuto.

Recién en 1957 esas grabaciones fueron reeditadas en un larga duración con el nombre Birth of the Cool. Ya era clara por aquellos años la tremenda influencia que las grabaciones habían tenido en otros músicos, tanto como para nombrar el nacimiento de un estilo, el cool jazz, que marcó la década del 50. Algunos de los miembros de aquel noneto se habían vuelto figuras fundamentales del movimiento, como el saxofonista Gerry Mulligan y el pianista John Lewis, fundador del Modern Jazz Quartet. Las ideas de Gil Evans, que predicaban un sonido seco, sin vibrato y con armonías derivadas de la música culta europea, se habían vuelto lo usual en el jazz de la época.

Miles por supuesto ya estaba en otra cosa, a principios de los cincuenta había abrazado el hard bop, visión más radical del bebop de los cuarenta, y cuando Birth of the Cool salió a la calle por primera vez, estaba dando las primeras pinceladas, junto a John Coltrane y Bill Evans, de lo que sería su obra mayor, Kind of Blue.

El nacimiento, cincuenta años después. Desde esa primera edición a fines de los cincuenta, Birth of the Cool tuvo varias reediciones, primero en disco de vinilo y luego en compacto. En 1998 el sello Blue Note (ahora subsidiario de Capitol) lanzó lo que se creyó era la versión definitiva del álbum, incluyendo además de las grabaciones originales tomas en vivo de una de las raras presentaciones del grupo en 1948, grabadas originalmente para un programa radial de jazz.

Ahora, sin duda aprovechando que este año se cumple el décimo aniversario de la muerte de Miles Davis, llega esta nueva reedición,* remasterizada por el legendario ingeniero de grabación Rudy van Gelder.

Este último fue una figura fundamental para lo que se conoció como el sonido Blue Note durante los años cincuenta y sesenta, siendo el encargado de varias grabaciones históricas para el sello. Desde 1998 éste ha venido lanzando una serie de reediciones remasterizadas por Van Gelder, intentando en todos los casos basarse en las cintas originales y manteniendo el concepto del álbum tal y como fue editado en su época. Para esta reedición del disco de Miles, el ingeniero dio tras una larga búsqueda con las cintas de las sesiones originales. Hasta ahora todas las reediciones en compacto, incluida la de 1998, se habían basado en el máster de la edición en larga duración de 1957.

Más allá de las mejoras en el sonido, es interesante ver cómo suenan esas composiciones para un oído del siglo xxi, que ya integró el bebop como una música "de restaurante", que escuchó medio siglo de fusiones entre el jazz y los más diversos estilos y que también puede apreciar hoy las muchas mutaciones que tuvo Miles Davis en más de cuarenta años de carrera. Es difícil asociar por ejemplo la música que se escucha en este disco con la del creador de Tutu. Pero es sorprendente comprobar -una vez superada la pereza del oído ante una música que se cree ya muy conocida- la vigencia de Birth of the Cool, su belleza, complejidad y cantidad de ideas. Y todo eso desarrollado en pocos minutos. Para los estándares jazzeros de improvisaciones desarrolladas en el tiempo, sorprende la cantidad de información que se desarrolla en dos o tres minutos de música. Y también es posible apreciar la vigencia de composiciones hoy clásicas del repertorio jazzístico como "Jeru" o "Venus de Milo", de Gerry Mulligan, los terribles arreglos del propio Mulligan, John Lewis, Gil Evans y John Carisi y la performance de los instrumentistas, con Miles a la cabeza.

Este próximo aniversario de la muerte de Miles traerá seguramente otras reediciones de su vasta obra. Es bueno empezar por ésta, el principio de todo lo que vendría después.


* Capitol Jazz/EMI 7243 5 30117 2 7. 2001.