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África: escenario de la colonización

esclavitud e imperialismo

Lizbeth Jesika Cruz Martínez
No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas... La élite europea se dedicó a fabricar una élite indígena; se seleccionaron adolescentes; se les marcó en la frente, con hierro candente, los principios de la cultura occidental... Tras una breve estancia en la metrópoli los devolvían a su país falsificados. Esas mentiras vivientes no tenían nada que decir a sus hermanos; eran un eco... Aquello se acabó: las bocas se abrieron solas; las voces amarillas y negras seguían hablando de nuestro humanismo, pero fue para reprocharnos nuestra inhumanidad.
Jean Paul Sastre

Conviene comenzar el presente ensayo señalando que al abordar el estudio de África en muchas ocasiones se tiene una visión estereotipada del continente, lo cual se debe en gran medida a la falta de interés que se a puesto en esta región, en este sentido se puede considerar que el estudio sobre África es poco conocido. Por eso al preguntarnos sobre ¿qué es África?, las primeras imágenes que se vienen a la mente es de un lugar lejano, pobre, desértico, con gente de distinta raza y distintas costumbres; y aunque muchos de estos calificativos pueden ser ciertos, la verdad es que otros continentes no están exentos de las mismas calamidades.
Pareciera ser que África no posee aspectos positivos y que incluso tiene futuro muy gris; a la vez parece que África no tiene un pasado y que su ingreso a la historia comienza en la década de los sesenta con las distintas luchas independentistas. Sin embargo, esto no es cierto, ya que África posee un pasado como el de cualquier otra sociedad, de hecho “... la sociedad africana de ayer era una sociedad solidaria, de participación, que había alcanzado un determinado humanismo: la jerarquía según la edad, o según la situación sociopolítica... Se trataba de la aplicación de un principio de
estabilidad. Solidaridad en el trabajo, gracias a la propiedad común y a las asociaciones de trabajo, en las que quedaba excluido todo parasitismo”.
África es diferente al resto del sistema internacional, lo cual es un detonador para la intolerancia y la incomprensión, en este contexto es importante recordar que el estudio de África ha estado marcado por la falta de sensibilidad a una cultura y modo de vivir distintos, es decir, ha sido de carácter eminentemente etnocentrista dirigido por la visión occidental. Por otro lado, no debemos olvidar que fue precisamente el mundo occidental quien decidió sobre el futuro de África, mediante la repartición del territorio en la Conferencia de Berlín (1884- 1885), quien se apropió de riquezas naturales que no le correspondían y fue quien relegó a los habitantes a la supeditación, que actualmente aún tiene consecuencias.
Es así que siendo África un continente rico en culturas y en historia, su estudio se ha visto postergado a un segundo nivel, dando a otras regiones mayor importancia.
Asimismo, se ha despreciado el estudio de este continente por no contar con la suficiente historia escrita, siendo que en África la tradición oral es una fuente primordial en el estudio de las raíces de los pueblos. En este sentido, se puede decir, que no se han alcanzado a comprender las peculiaridades del continente.
Por otra parte, no se debe responsabilizar del todo al mundo occidental, de hecho África tiene gran parte de compromiso en el desarrollo de las distintas sociedades y formas de organización. Si bien el mundo occidental tiene mucho que ver en el atraso que vive la región, los africanos deben tomar conciencia de su rol en el sistema mundial, es decir, deben asumir su papel, dejando de lado lo que Immanuel Wallerstein ha calificado como afropesimismo. Por otra parte, debe recalcarse el hecho de que aunque África parezca estar alejada del resto de los continentes, en la realidad actual no es así, la interdependencia ha Las tradiciones en África se transmiten de generación en generación y de boca a oído.
La tradición oral es la gran escuela de la vida, que recubre y abarca todos los aspectos. Alcanzado todos los estratos de la vida, por lo que África no debe ser considerado comoun ente aparte; más bien se debe tomarse como parte del sistema mundial y por lo tanto como problemática que atañe a todos. A la vez es tiempo de plantearse nuevasalternativas y posibles soluciones que incluyan a dicho continente. En este sentido,“Nuestros horizontes temporales tienen que ser más largos que hasta ahora, en términosdel uso de nuestros recursos, tanto naturales como humanos. Y África está bien ubicada para tomar la delantera en este tipo de reconstrucción”.
Ahora bien, una vez que hemos dado una visión general de África en el contexto internacional, es menester señalar que el continente africano ha sido de las regiones más explotadas y devastadas del orbe, principalmente si tomamos en cuenta el saqueo del que fue objeto durante mucho tiempo. Es importante mencionar que dicho saqueo no sólo correspondió a los recursos naturales, sino a los recursos humanos del continente. Por otro lado, el saqueo fue acompañado por formas de explotación que llevaron a los africanos a enfrascarse en una contradicción de su propio ser, la cual encuentra su fundamento en las ideas de superioridad impuestas por los colonizadores europeos.
Siguiendo este orden de ideas, se puede decir que las formas de explotación difirieron según la potencia colonizadora, así podemos identificar dos tipos de colonización, a saber: la directa y la indirecta, siendo los casos más representativos el francés y el inglés, respectivamente. En la colonización directa, se terminó con todo vestigio de la antigua administración; mientras que en la indirecta, el grado de dominación fue más tenue, lo cual no quiere decir que haya sido menos profundo, simplemente se recurrió a la permanencia de las estructuras originales africanas, acompañando este método de la occidentalización de la clase administrativa, la cual era oriunda de África.
Si bien es cierto que para los africanos, la etapa colonial fue tan sólo un paréntesis, no cabe duda que la colonia fue una época que dejo marcado al continente africano, ya que fungió como una organización política, económica e incluso social. Así, “La colonización forma parte de África y no es una simple superposición que habría dejado intacta la base cultural africana. Nadie sale indemne de una relación de frontera y menos aún de una relación jerárquica de dominación en la que las fronteras pierden los contornos”.

En lo referente a la esclavitud, cabe señalar que si bien antes de la intromisión de
los europeos en el continente africano, el esclavismo era un sistema establecido por los
propios habitantes africanos, sus características se diferenciaron del régimen impuesto
por los colonizadores, principalmente por el elemento de la explotación, es decir, mientras
que en el sistema africano, el esclavismo era más un tipo de servidumbre y el esclavo era
concebido como parte de la comunidad e incluso llegaron a ocupar puestos importantes
dentro de la jerarquización africana; con la llegada de los europeos la esclavitud dio un
giro de 180° para convertirse en un sistema de explotación, dicho en otros términos, la
colonización impuso nuevas estructuras a las sociedades africanas.
Ahora bien, a partir de los siglos XVII y XVIII y una vez establecido el poderío europeo sobre el africano, comenzó la trata de esclavos, la cual puede ser considerada como el negocio más lucrativo de la época. En este sentido, “África era un mercado ideal
para las nacientes industrias textil, metalúrgica y licorera; a cambio de manufacturas
europeas de malísima calidad, se arrancaban del África los brazos que hacían falta allende el Atlántico para cerrar el triángulo del oro, dejando a los tratantes inmensas ganancias”.
El denominado triángulo del oro fue un proceso mediante el cual los negros eran
arrebatados de África y conducidos a América para iniciar un proceso productivo de
materias primas, las cuales serían enviadas a los países europeos para culminar en la
industrialización de las mismas, donde a su vez se comenzaría otro proceso de
explotación, es decir, el de los obreros europeos. En esta línea, se puede ver que el
proceso productivo de la trata de esclavos derrochó enormes ganancias, pero sólo para un pequeño grupo: la clase dirigente capitalista. En contrapartida, el continente Africano
quedó desangrándose dentro del total caos económico, político y social.
Durante la colonización, las grandes potencias se hicieron de varios medios para
hacer más efectivo dicho proceso, uno de estos medios y quizás el más importante fue la
occidentalización de un sector de la sociedad africana, es decir, se tomó al grupo social
más culto para introducirles mediante la educación, valores, comportamientos y la lógica
occidental, asimismo, se les enseñaron las lenguas colonizadoras, esto básicamente para
que dicha clase administrara las colonias bajo el paradigma occidental.
Sin duda el efecto más importante del proceso de occidentalización, fue que este
preparó el terreno para los procesos independentistas en África, puesto que la clase
occidentalizada – principalmente los sectores radicales – no dejó de estar arraigada a las
sociedades africanas y dieron inicio a los movimientos independentistas, retomando
ideologías europeas de carácter nacionalista. Sin embargo, los motivos que llevaron a esta clase occidentalizada a tomar en sus manos la lucha independentista, se debió al deseo de tomar las riendas del poder para poder terminar con la llamada triple humillación: clase, raza y cultura.
En esta lógica, los movimientos independentistas tomaron como bandera de lucha
dos movimientos que fungirían como variantes nacionalistas, surgidas de la diversidad
colonial, a saber: el panafricanismo y la negritud, de los cuales el panafricanismo resulta
más trascendente, pues su organización era de un carácter eminentemente político. Sin
embargo, cuando las independencias se realizaron, el nacionalismo representado por el
panafricanismo se escindió, con lo que los intentos por crear un Estado africano se vieron
limitados con la creación de la Organización de la Unión Africana (OUA). En este sentido,
se puede afirmar que “el panafricanismo fue la variante política del nacionalismo, de un
nacionalismo que expresaba la realidad de una nueva clase social africana, la de los
occidentalizados”.
En la formación de los Estados poscoloniales no se debe dejar de lado la
importancia que tuvieron otros movimientos dentro de las sociedades africanas, tales
como campesinos, religiosos, étnicos, proletarios, entre otros. Estos grupos llegaron a
6 Ambos movimientos se generaron fuera del continente africano, pasando de las Antillas a Europa. Cabe destacar que el primero conserva un carácter político, ya que proclamaba la unidad africana para llegar a la creación de un Estado africano; mientras que la negritud se puede considerar como un movimiento de tipo cultural, que básicamente proponía la asimilación de los negros por ellos mismos.
Que incluso comenzó como un movimiento que buscaba la igualdad al interior de Estados Unidos, siendo su principal exponente y organizador Du Bois.

representar una la verdadera fronda anticolonial. A este respecto, Iniesta considera que la
clase occidentalizada sólo representó la punta del iceberg, principalmente porque “... su
ideología era la nacionalista, la misma que constituía la columna vertebral del capitalismo
occidental y sus Estados- nación”:
Ahora bien, la entrada a la independencia de los Estados africanos, no representó
su acceso al desarrollo, de hecho la lucha por mejores horizontes se volvió más cruenta,
ya que a la precaria situación que se vivía en el continente se anexo la mala
administración de los gobiernos que accedieron al poder. En este contexto, se puede
hablar incluso de gobiernos de corte autoritario, que en su búsqueda por cierta estabilidad
cayeron en los excesos de la represión en lo que respecta a la participación política,
llegando incluso al establecimiento de regímenes de partido único.
En cuanto al sistema económico, se puede ver que la mayoría de los Estados
africanos se inclinaron por iniciar proyectos de industrialización basados en la sustitución
de importaciones, cuyo objetivo principal se definía como la autosuficiencia. Sin embargo,
estos modelos no tuvieron la pujanza suficiente para levantar y dar apoyo al sector
agrícola, más bien sus éxitos fueron limitados, llevando a África a entrar a una dinámica
de endeudamiento con las grandes potencias y los organismos financieros internacionales.
Es así que en la actualidad, “... la mayoría de las economías africanas importa productos
del exterior y exporta materias primas. Junto a los gastos militares, el monto de los
préstamos al exterior para financiar las necesidades internas, no sólo ha conducido a una
deuda creciente y a un flujo neto de los recursos financieros, sino también ha
incrementado el desfase respecto de la economía mundial”.
Siguiendo este orden de ideas, se puede ver que en África el abuso del poder
político se ha combinado con los deficientes sistemas económicos y la falta de desarrollo,
generando además ciclos de corrupción en la burocracia gubernamental que dañan aún
más la integridad estatal.

Conforme fue pasando el tiempo los Estados africanos se fueron alejando cada vez
más de un despegue social y acercándose inevitablemente a una depresión en los sectores económico, político y social; lo que a su vez llevó a la gestación de insuficiencias en los sistemas educativos, salubres, de bienestar social, etc. No cabe duda de que el
panorama africano se presenta deprimente, basta mencionar las problemáticas de
hambruna, la pandemia del SIDA11, el retroceso de la producción de alimentos, la deuda
externa, los conflictos de carácter étnico y la fragilidad política de los Estados. Dicho esto,
parecería que la historia de la independencia no ha llegado a su fin.
Ante este escenario, la comunidad internacional ha mostrado un afropesimismo, no
obstante ni los habitantes del continente ni el propio sistema internacional, pueden
permitirse este tipo de conformismo, ya que aunque las soluciones para África no estén
palpables y tampoco se vislumbren a un corto plazo, deben buscarse tanto al interior de
los Estados africanos como en el propio orbe. En esta línea, P. Anyang´Nyong´O propone
que se debe comenzar buscando respuestas al interior del continente, de hecho plantea
“Reestructurar el estado en África: democratizándolo, transformándolo, haciéndolo un
estado popular, nacional y democrático. Esto es un proceso que no puede estar presidido
por aquellos que ya tienen el privilegio del poder político. Debe haber fuerzas populares en la sociedad que harán presión para ello, que lo exigirán, que obligarán a que surja”.
En sí, África necesita de un renacimiento, ya que desde su acceso a la
independencia hay en la sociedad un sentir de desilusión por la misma, principalmente
porque no ha cumplido sus promesas. Dicho renacimiento no debe pensarse desde la
perspectiva europea, sino más bien tiene que encontrar sus orígenes al interior del
continente africano. Asimismo, el renacimiento no debe concebirse en términos limitantes,
puesto que “... su victoria no se inscribe sólo en mejorar las condiciones de vida de los
africanos, sino también en la extensión de las fronteras de dignidad humana”.
11 2.3 millones de africanos murieron de SIDA en 2001, otros 28 millones están sentenciados a muerte. Tan sólo en Sudáfrica 100 000 bebes nacen con el virus cada año. El país que más índices de VIH tiene es Burkina Faso, donde 1 de cada 10 habitantes está infectado.

Asimismo, al interior el continente africano enfrenta secuelas de la colonización y la
trata de esclavos, dichas secuelas se traducen en graves problemáticas fomentadas por
los propios gobiernos africanos, los cuales no han tomado las riendas de sus Estados, así
como tampoco han podido proponer e implementar verdaderas soluciones que saquen a
África del atolladero en el que se encuentra. Dicho en otros términos, si bien las
problemáticas prevalecientes en África son consecuencia directa de la dominación
europea, no se le debe restar responsabilidad a los propios africanos, quienes
necesariamente tienen que continuar con la lucha para alcanzar el desarrollo y el bienestar de las sociedades africanas.
El panorama futuro para África se presenta cruel y devastador, incluso se puede
llegar a creer que no hay solución pensable para el continente, sin embargo, el fin de la
historia aún no está escrito y por más desolador que parezca el paisaje, África debe
encontrar el camino que la saque del círculo vicioso en la que está inmersa, mediante
mecanismos que permitan retomar la propia esencia del continente, con lo cual no se
pretende decir que el sistema internacional no deba intervenir en este proceso, de hecho
se trata de una tarea conjunta, principalmente si se toma en cuenta la deuda histórica
que el mismo tiene con África.
Ahora bien se debe tomar en cuenta que el contexto internacional actual está
marcado por la interdependencia y la globalización, por lo que la comunidad
internacional juega un papel importante, fungiendo como el motor principal que ayude a
promover la inserción del continente en el concierto internacional. Dicho en otros
términos, el mencionado caos sigue prevaleciendo en la realidad africana e incluso más
profundizado, ya que “A esta tragedia histórica se suma el impacto de la globalización

 “La globalización es un proceso de dominación y apropiación del mundo. La dominación de estados y mercados, de sociedades y pueblos, se ejerce en términos político- militares, financiero- tecnológicos y socioculturales. La apropiación de los recursos naturales, la apropiación de las riquezas y la apropiación del excedente producido se realizan – desde la segunda mitad del siglo XX – de una manera especial, en que el desarrollo tecnológico y científico más avanzado se combina con formas muy antiguas, incluso de origen animal, de depredación, reparto y parasitismo, que hoy aparecen como fenómenos de privatización, desnacionalización, desregulación, transferencias, subsidios, exenciones, concesiones, y su revés, hecho de privaciones, marginaciones, exclusiones, depauperaciones que facilitan procesos macro sociales de explotación de trabajadores y artesanos, hombres y mujeres, niños y niñas.
 La globalización se entiende de una manera superficial, es decir, engañosa, si no se le vincula a los procesos de dominación y de apropiación” neoliberal, que aumenta la brecha entre países desarrollados y subdesarrollados e intensifica los niveles de desigualdad y, por consiguiente, de discriminación por razones de raza, género, creencias religiosas u orientación sexual”.
Finalmente cabe señalar que si bien es cierto que la situación que actualmente prevalece en África es consecuencia de su pasado histórico no se debe soslayar el papel que ha jugado a partir de los procesos de independencia la propia élite africana. Ambos elementos los podemos inscribir en la lógica del sistema capitalista, el cual fundamenta su accionar en mecanismos de violencia y apropiación.
En esta lógica, debemos mencionar que “La dominación de los pueblos de la periferia por las oligarquías del capitalismo hegemónico del centro es un hecho de violencia. La organización planetaria del mercado, el sistema mundial de significados que impone, designa a sus muertos... En el estadio último de desarrollo del modo de producción capitalista, en el momento histórico de apogeo del imperialismo, la dominación del hombre por el hombre reviste formas nuevas, todavía más violentas en sus efectos que en el pasado. Lo que está en juego en la guerra civil planetaria entre una minoría de ricos y la multitud de pobres es actualmente el control de los procesos de orientación, de
regulación y de decisión de la evolución del mundo a partir del monopolio del capital, del
conocimiento científico y de la creatividad intelectual.”
En última instancia y paradójicamente la estructura del sistema capitalista y el imperialismo en sí, acaba por dañar a todos: ya se hable de africanos o europeos, pobres y ricos, dominados y dirigentes, centro y periferia. Pues si bien en Occidente se lleva una vida con mayores desahogos y se suponen sociedades más libres, “somos destruidos en nuestra humanidad por el simple hecho de que a través de nuestro trabajo cotidiano, reproducimos, realizamos, concretamos la funcionalidad del capital. Ningún hombre es una isla”.
 

Fuente: www.rebelion.org