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Un dato que oportunamente se ha querido olvidar

Tariq Ali
El Mundo

Ha resultado simbólico que 2006 terminara con un ahorcamiento al más puro estilo colonial, que ha podido verse casi completo en la televisión estatal iraquí. Ha sido un año muy de ese estilo en todo el mundo árabe. El juicio de Sadam ha estado tan descaradamente manipulado que incluso Human Rights Watch ha tenido que condenarlo por considerarlo una farsa. Se han cambiado los jueces en función de las órdenes de Washington, ha habido abogados de la defensa asesinados y todo el proceso ha arrojado un tufo a linchamiento en tropel perfectamente orquestado.
La referencia del presidente de EEUU al juicio como «un hito en el camino de la democracia iraquí» constituye la mejor indicación de que ha sido Washington el que ha apretado el gatillo. Los dirigentes de la UE, presuntamente contrarios a la pena capital, han optado por la pasividad, como de costumbre.
Aunque en Bagdad ha habido algunas facciones chiíes que lo han celebrado, las cifras dadas a conocer por una organización verdaderamente independiente, el ICRSS (Centro de Investigación y Estudios Estratégicos de Irak), ponen de manifiesto que el 80% de los iraquíes tiene la sensación de que la situación del país era mejor antes de la ocupación. Sólo el 5% de los encuestados ha respondido que Irak está hoy mejor que en 2003. No es ninguna sorpresa que el 95% considere que la situación en cuanto a seguridad está más deteriorada que antes.
Añádanse a esto las cifras facilitadas por el Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados: 1.600.000 iraquíes (el 7% de la población) ha huido del país desde marzo de 2003 y otros 100.000 lo abandonan cada mes (cristianos, médicos, ingenieros, mujeres). En Siria hay un millón de iraquíes, 750.000 en Jordania, 150.000 en El Cairo. Quizás hayan sido estas estadísticas, más las estimaciones de un millón de muertos entre los iraquíes, lo que ha hecho necesaria la ejecución del depuesto dictador.
Que Sadam era un tirano está por encima de toda discusión, pero lo que oportunamente se ha querido olvidar es que cometió la gran mayoría de sus crímenes cuando era un aliado incondicional de quienes en la actualidad están ocupando el país. Como reconoció durante el juicio, fueron el visto bueno de Washington y el que el gas venenoso le fuera suministrado por la entonces Alemania Occidental lo que le dio la confianza que necesitaba para rociar Halabja con productos químicos en plena guerra entre Irán e Irak.
La doble moral aplicada por Occidente no deja de asombrar. ¿Qué hay de aquéllos que han sido los causantes del desastre que es hoy Irak? ¿De los torturadores de Abu Ghraib, de los carniceros de Faluya, de los ejecutores de las limpiezas raciales? ¿Van a ser juzgados Bush y Blair en algún momento? Es dudoso. ¿Y el ex presidente del Gobierno español, José María Aznar? Ahora lo tienen empleado como profesor de la Georgetown University de Washington, donde el idioma en que se imparten las clases es el inglés, del que prácticamente no sabe ni jota.
Es posible que el linchamiento de Sadam haya producido escalofríos en las clases gobernantes árabes. Si se puede ahorcar a Sadam, también se puede ahorcar al presidente de Egipto, Hosni Mubarak, al monigote hachemí que hay en Amán y a los miembros de la familia real saudí, siempre y cuando aquellos que los derroquen se sientan a gusto cooperando con Estados Unidos.
Tariq Ali es autor de Bush en Babilonia. La recolonización de Irak