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El poder de los laboratorios

El medicamento contra el cáncer de Novartis, el Glivec, puede aumentar su precio de 150 euros a más de 2.000 euros al mes si la farmacéutica suiza gana el juicio contra la ley de patentes india. Organizaciones, como Médicos sin Fronteras (MSF) o Intermon Oxfam, denuncian que no sólo está en juego la elaboración de este medicamento en genérico sino que se "cierre la farmacia de los pobres", como algunos denominan a este país asiático.
India es el mayor proveedor de medicamentos genéricos de alta calidad y bajo coste para países empobrecidos, que no podrían pagar los altos precios de mercado de los laboratorios. Además, los fármacos genéricos contra el sida fabricados en India suponen más de la mitad de los que se utilizan en el mundo desarrollado, el 50% de los medicamentos que distribuye Unicef o el 70% de los utilizados en el programa de Estados Unidos contra el sida. Así, si prospera la demanda de Novartis, las consecuencias para el acceso a los medicamentos pueden ser catastróficas. Los más pobres tanto del Norte como del Sur no podrán costearse el tratamiento de sus enfermedades.
Las organizaciones de salud que trabajan en India explican que tan sólo la mitad de los que necesitan un tratamiento contra el cáncer pueden permitírselo en ese país. Mientras, la otra mitad aún no tiene acceso a ningún tipo de fármaco.
Los laboratorios explican que sin el sistema de patentes dejará de haber investigación de medicinas más eficaces contra las enfermedades. "Que no habrá nuevos medicamentos ni para ricos ni para pobres". Las farmacéuticas invierten alrededor de 700 millones de media para la investigación de un nuevo producto. Su único modo de amortizar esa inversión, advierten, es a través de la exclusividad comercial. Sin embargo, esta idea choca frontalmente con el derecho fundamental a la vida. Un tercio de la población mundial no tiene acceso a los medicamentos indispensables para tener una buena salud. Más de 30.000 niños mueren cada día por enfermedades que se pueden prevenir y once millones de personas mueren cada año por enfermedades que tienen cura con acceso a medicamentos seguros y baratos.
En 2001, los países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) llegaron al acuerdo de que las leyes de patentes dejarían de tener vigor si se estaba ante una crisis sanitaria. Las ONG sanitarias denuncian, sin embargo, que este acuerdo no ha llegado a ponerse en práctica de manera real. "Los laboratorios siempre han abortado las iniciativas de los países del Sur", denuncia MSF. Pero no sólo las farmacéuticas han cortado la posibilidad de tener acceso a los fármacos, algunos gobiernos condicionan la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) a que los países firmantes respeten las patentes.
Si Novartis gana el juicio, se abrirá la caja de Pandora en varios frentes. Por un lado, países como Brasil o Sudáfrica podrán ser obligados a dejar de fabricar medicamentos genéricos a bajo precio, que tan buen resultado están dando en el control de enfermedades endémicas como el sida. Por otro lado, hay 9.000 solicitudes de patentes esperando ser revisadas en India. Los que más preocupan, 10 antivirales utilizados como segunda línea de tratamiento contra el sida.
Las farmacéuticas no dejan de ser empresas, cuyo fin es ganar dinero. Sin embargo, por su labor social "el fin no justifica los medios". Los grandes laboratorios tienen en sus manos la salud y la vida de millones de personas. Enfermedades como la malaria no tienen vacuna porque sólo las poblaciones de los países del Sur la sufren. Sin embargo, cada año surgen nuevos productos contra la obesidad, la celulitis o la caída del cabello. La respuesta la daba el Premio Nobel de la Paz, Desmod Tutu: "Las personas, no los beneficios, deben estar en el centro de la ley".

 

Ana Muñoz

Periodista

ccs@solidarios.org.es