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Algunas consideraciones sobre la China actual

 

Santi Ramírez. Lcdo. En CC. Políticas

1.- INTRODUCCIÓN.

El 1 de Octubre de 1949, Mao proclamaba, en la plaza de Tien An Men de Pekin, el nacimiento de la República Popular de China. Habían transcurrido treinta años de lucha, de alianzas y de enfrentamientos a muerte con el Kuomingtan, de insurrecciones armadas en las ciudades y de guerra de guerrillas en las zonas rurales. Treinta años durante los cuales, habían muerto decenas de miles de comunistas a manos del Kuomingtan o de los japoneses. Treinta años, durante los cuales también se habían producido fuertes enfrentamientos internos (ideológicos y políticos) en el Partido. En definitiva, treinta años de dura experiencia revolucionaria. Aquel 1 de Octubre, comenzaba un nuevo periodo de la historia de China.

Desde entonces, han transcurrido 57 años. Ha sido una época de grandes cambios económicos, políticos, sociales y culturales. De enormes luchas y convulsiones. De importantes avances y retrocesos. De ilusiones y desengaños. A lo largo de ella se han ido sucediendo, la reforma agraria y la colectivización. El periodo de “las cien flores”. El “gran salto adelante”. Las divergencias y posterior ruptura chino-soviética.
La revolución cultural. La muerte de Mao. El proceso contra la “banda de los cuatro”. Las reformas económicas.

Desde hace cerca de tres décadas, China está experimentando un crecimiento económico espectacular. Hoy es, sin duda alguna, la cuarta potencia mundial. Y, se prevée que, para dentro de veinticinco años, llegue a ser la segunda, inmediatamente después de los EEUU. Según los dirigentes chinos, el sistema social, económico y político que existe en su país, tiene un carácter socialista. Ellos lo califican de “socialismo con rasgos chinos” y lo definen como un “socialismo de mercado”. Pero, en la izquierda, mucha gente se pregunta si esta China tiene algo que ver con la que surgió tras la revolución. En definitiva, si se puede seguir considerando, todavía, a China como un país socialista.

2.- ADVERTENCIA PREVIA.

A la hora de abordar este trabajo, debemos tener en cuenta las limitaciones derivadas de la lejanía geográfica, la dispersión de las fuentes, y las dificultades para disponer de determinados datos, debido fundamentalmente al habitual hermetismo de la administración china. También hay que considerar las evidentes diferencias culturales y de escala de valores que existen entre el racionalismo del mundo occidental y los pueblos asiáticos, tan apegados a sus ancestrales tradiciones e imbuídos de unas profundas creencias religiosas, que tanto han influído, a lo largo de los siglos, en la formación de su propia identidad. Todo lo cual ha contribuído a la formación de complejas sociedades, de las que podríamos citar algunos ejemplos significativos, como son la de Japón, India o China.

Como norma, he tratado de evitar caer en un error tan frecuente en los análisis políticos como es el de la superficialidad, que podría conducir tanto a realizar una crítica simplista, poco argumentada y con escasa fundamentación, como a una apología acrítica, basada únicamente en la propaganda oficial. En ese sentido, siempre que he podido, he contrastado los datos, aunque dadas las dificultades que ya he enumerado, no siempre ha sido posible.

También he procurado evitar el error de la unilateralidad, es decir, de ver tan sólo los aspectos positivos o los negativos de una cuestión, cuando se debe contemplar tanto unos como otros en su unidad dialéctica y, por tanto, contradictoria.

Por último, también he procurado huir de las ideas preconcebidas, es decir, del subjetivismo, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad del tema que nos ocupa. De hecho, hace ya unos tres años, publiqué un artículo sobre la posibilidad de un futuro enfrentamiento estratégico entre China y los EEUU, en dos revistas4y en aquel momento, no me aventuré a hacer una caracterización del régimen político chino, porque todavía no disponía de datos suficientes sobre la situación en aquel país. Durante el tiempo transcurrido desde entonces, he logrado recopilar más información sobe este tema y, tras haberla analizado, he llegado a algunas conclusiones que son las que iré exponiendo a lo largo de las próximas páginas.

No obstante, este trabajo, no pretende ser “definitivo” ni “concluyente”, pues ello sería consecuencia de no haber adoptado un punto de vista dialéctico sobre el objeto de nuestro estudio, la realidad china, sino otro idealista y metafísico. Es, por tanto, un estudio aproximativo, que parte de la idea de que el conocimiento es un proceso en desarrollo y que, por tanto, “la verdad alcanzada en una etapa determinada, no podía ser más que una verdad relativa”.

3.- LA CHINA DE HOY.

Las primeras reformas económicas, que prepararon el terreno para el posterior crecimiento acelerado, se iniciaron poco tiempo después de la muerte de Mao, que tuvo lugar el 9 de Septiembre de 1976. En el Tercer Pleno del XI Comité Central del PCCh, celebrado el 22 de Diciembre de 1978, se confirma a Deng Xiaoping, como nuevo máximo dirigente. En dicho pleno, después de hacer un balance de la trayectoria seguida por la RPChina desde 1949, se aprobó la propuesta de Deng Xiaoping para hace de China una “potencia socialista” para mediados del siglo XXI.
Se establecieron las directrices de las “Cuatro Modernizaciones” (que comprendían la agricultura, la industria, la ciencia y la tecnología, y la defensa) que, a su vez, sentaban las bases del proceso de reformas económicas, y también se aprobaron otras medidas, entre las que cabe citar, aunque tan sólo sea por su valor simbólico, la autorización para la apertura de una planta embotelladora de Coca-Cola en la ciudad de Shangai.

Apenas dos décadas más tarde, el 11 de Diciembre de 2001, la República Popular China ingresaba formalmente en la Organización Mundial del Comercio (OMC), tras 15 años de intensas negociaciones y una vez ratificado el Acuerdo de Adhesión, firmado en Noviembre de 2001 en la Conferencia Ministerial de la OMC celebrada en Qatar.

Pero, vayamos por partes. ¿En que han consistido las reformas económicas? ¿Cómo las han justificado los dirigentes chinos? ¿Qué efectos sociales, económicos y políticos han tenido? ¿Cuál es la situación actual?

· Las formas de propiedad.

La forma que reviste la propiedad de los medios de producción, está íntimamente relacionada, de forma dialéctica e interdependiente, con las relaciones de producción y con las formas de distribución de los productos, en una sociedad determinada. En 1975, un año antes de la muerte de Mao, en China había tres tipos de propiedad: la propiedad privada, individual o familiar, la propiedad colectiva y la propiedad de todo el pueblo.

No es necesario que me extienda en explicaciones sobre lo que se conoce como propiedad privada de los medios de producción. Sin embargo, sí voy a establecer una diferenciación entre los otros dos conceptos, el de “propiedad colectiva” y el de “propiedad de todo el pueblo”.

En China, se conocía como “propiedad colectiva” a la perteneciente a un grupo limitado de trabajadores, por ejemplo, una brigada de producción. En este grupo, se incluían las llamadas “fábricas de calle”, que eran empresas creadas a iniciativa de los habitantes de un barrio o de una calle. Este tipo de empresas, surgió durante El Gran Salto Adelante y se generalizó durante la Revolución Cultural. Las comunas populares, a pesar de sus considerables dimensiones, también se incluían en el concepto de “propiedad colectiva”. En este caso, aunque la tierra era “propiedad de todo el pueblo”, es decir, propiedad estatal, los medios de producción eran propiedad colectiva de los campesinos miembros de las comunas.

Por otra parte, se entendía por “propiedad de todo el pueblo” a la propiedad estatal, independientemente de que la gestión de dicha propiedad dependiese directamente de la administración central del Estado, o que la misma hubiese sido descentrralizada y, por tanto, dependiese de las autoridades locales, o de las zonales o provinciales. La identificación de la “propiedad estatal” con la “propiedad de todo el pueblo”, se basa en el supuesto de que el Estado se encuentra en manos del pueblo trabajador y que, en la práctica, es éste, a través del Estado, quien controla los medios de producción.

· La agricultura.

En 1975, en la agricultura, era muy pequeña la propiedad de todo el pueblo (granjas estatales). Apenas representaba un 5% de la tierra y de los medios de producción. La principal forma de organización productiva que había en el campo eran las “comunas populares”, cuya creación fue aprobada por el Buró Político del PCChino en 1958, con objeto de agrupar a las 750.000 “cooperativas de tipo superior” que existían en aquel momento. En un principio, el número de comunas fue de 27.000 y encuadraron a unos 500 millones de campesinos. Los miembros de las comunas, podían disponer de una pequeña parcela de tierra (en usufructo) para su explotación familiar. De este modo, podían explotar líbremente el 5% de las tierras. En el periodo entre El Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, este porcentaje se amplió al 15%. Las comunas, además del trabajo específicamente agrícola, crearon industrias metalúrgicas artesanales, para aumentar con más rapidez la producción
de acero.

Pero, a mediados de 1961, con motivo de la rectificación de la economía china, como consecuencia de las calamidades naturales, los errores cometidos en la organización de las comunas, y la distorsión provocada por la rápida retirada de los técnicos soviéticos, su número aumentó a 70.000, pero de menores dimensiones, transfiriéndose parte de sus funciones a las “brigadas de producción”, para que así las comunas estuvieran más de acuerdo con sus posibilidades11. En 1975, el número de comunas era de unas 50.000, y encuadraban aproximadamente a 735 millones de campesinos.

En la época del inicio de las reformas económicas, China continuaba siendo todavía un país fundamentalmente agrícola. Por ello, los cambios que se introdujeron en dicho sector, constituyeron la parte esencial de dichas reformas. En 1981, la agricultura generaba el 31.8% del PIB y empleaba a un 71% de la mano de obra.

Veinte años más tarde, en el 2001, su porcentaje de participación en el PIB se había reducido al 15.2% y ocupaba al 52.9% de la mano de obra.

La reforma de la agricultura se inició en 1978. El año siguiente, se produjo la descolectivización agraria. Las comunas fueron sustituídas por jurisdicciones con un centro de gobierno local, al que se vinculan las familias que operan como unidades básicas de producción. El Estado mantuvo la propiedad de la tierra, pero asignó (en usufructo) a cada campesino un lote de tierra, una cuota de producción y diversos medios de trabajo (aperos, maquinaria, abonos, semillas, etc.). Es lo que se denominó “Sistema de Producción Familiar Responsable” (SPFR). Los campesinos, una vez completada su cuota, se quedaban con el excedente. Así, parte del producto se vendía a precios intervenidos y el resto en el mercado libre.

El funcionamiento de la reforma todavía estaba condicionado por el funcionamiento del sistema de precios (intervenidos) y por las dificultades para adquirir (mediante compra o alquiler) los insumos asignados para la producción. Más tarde, se puso fin a la limitación temporal del usufructo de la tierra y éste se hizo permanente, al mismo tiempo que se permitía su transferencia entre los campesinos. Aunque la propiedad de la tierra la seguía detentando el Estado, de hecho se comenzó a funcionar como una economía de mercado. A finales de 1989, ya existían en China 70.000 mercados agrícolas libres.

Este sistema, al principio, dió algunos frutos y se logró una cierta mejora del nivel de vida de los campesinos. Sin embargo, pronto se invirtió esta tendencia, y la fragmentación de las explotaciones agrícolas se ha convertido en un gran inconveniente que dificulta la utilización de las técnicas modernas y la mecanización del campo.

Con la venta libre de los excedentes agrícolas en el mercado, la producción de la agricultura se duplicó en sólo 5 años, y la renta per cápita de los campesinos comenzó a crecer entre un 10 a un 12% anual15. Sin embargo, hacia 1987, las reformas económicas se estancaron, iniciándose una fuerte crisis de oferta, que se manifestó en dos aspectos: a) la escasez de productos y equipos industriales de aplicación a la agricultura y que estaban destinados a su adquisición en los nuevos mercados rurales, y b) escasez de productos alimenticios básicos, como el trigo y el arroz, a pesar de la excelente cosecha de aquel año. Año y medio más tarde, la crisis económica desembocó en una crisis política, que se saldó con la destitución del secretario general del PCCh, Hu Yaobang, que había sido elegido en el XII Congreso del partido, celebrado en 1982. Resulta esclarecedor el contenido de la carta que un grupo de veteranos militantes del PCCh, entre los que se encontraban cuadros del partido, intelectuales y algunos miltares del ELP, dirigió a Hu Jintao en Octubre de 2004 y que ha trascendido recientemente. Refiriéndose a la alarmante situación a la que había llegado la agricultura china, sus autores manifestaban:

“Hoy, el cultivo familiar de pequeñas parcelas se ha convertido en un cuello de botella para la mecanización y modernización de la producción agrícola. Debido a su pequeña escala, la producción familiar es vulnerable
a la volatilidad del mercado, permanentemente al borde de la bancarota. Las empresas colectivas basadas en la municipalidad y la aldea que antes existían han degenerado hasta convertirse en feudos de líderes individuales del partido o directamente de sus bolsillos privados. Con apenas remanentes de la economía colectiva, la polarización social en las zonas rurales ha aumentado. Después de años de estancamiento, la producción de alimentos ha caído en los últimos años. Además, existe un serio problema de corrupción e impuestos despiadados por parte de los burócratas locales, esto contribuye a la severidad del descontento rural. Como resultado, se ha hecho más difícil para la agricultura proporcionar una base sólida a la economía nacional y la contradicción ciudad-campo cada vez es más pronunciada, provocando que cada vez más campesinos estén al borde de la bancarrota”.

Como consecuencia de todo esto, la desigualdad entre las rentas, en las zonas rurales, según las mediciones del “coeficiente Gini” ha aumentado de un 0.31 en 1990 a 0.36 en 200117. Aunque hay países de los considerados como “economías en desarrollo”, tales como Brasil y Malasia, que tienen cifras todavía más altas, en el caso de China resulta inquietante su rápido aumento.

Se estima que el PIB per cápita en las zonas rurales es de 350 dólares estadounidenses, mientras que en Shangai, una de las zonas donde se concentran las inversiones extranjeras, es de 4500 dólares. Por otra parte, según un estudio efectuado por el Banco Mundial (BM) en 35 zonas rurales pobres, 4 de cada 10 niños/as entre 7 y 15 años de edad, no han recibido ninguna escolarización.

La reforma de la agricultura, con la consiguiente descolectivización del campo, también ha tenido otras consecuencias, por ejemplo, en el terreno de la sanidad. Como se explica en una revista médica especializada:

“... el colapso del sistema agrícola colectivizado ha comportado la desaparición del sistema de asistencia colectivizada ligado a las comunas agrarias. Era gratuíto y ahora funciona sobre tarifas que dependen de la prestación solicitada por el usuario”.

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