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Los nuevos alfabetos tecnológicos

Uno de cada seis ciudadanos del mundo se mueve por las autopistas de Internet. 
La civilización dominante del planeta habla un idioma sencillo basado en dos letras: el alfabeto digital. Los países que ‘no codifican’ se empobrecen porque son analfabetos en el idioma que domina la economía del planeta. El volumen, la cantidad y la eficacia de la transmisión de los datos son la clave.
 Hace 25 años nació el ordenador personal (PC). Bill Gates y su empresa Microsoft vieron la utilidad que podría tener aquel avance para las personas particulares, se abría paso una de las mayores revoluciones tecnológicas de la historia. Parecía impensable que un chip de silicio de unos milímetros pudiera superar en capacidad de cálculo a aquellos equipos informáticos que ocupaban toda una habitación, al comienzo de los años 50.
Cuando usamos un teléfono móvil, una calculadora, o cuando metemos fotografías, música o documentos en un CD, lo que hacemos es sencillamente transmitir una serie de códigos escritos en unos y ceros, un alfabeto de dígitos. Enviamos correos electrónicos, modificamos una tabla de cálculo o volcamos la información contenida en una fruta sobre un disco digital. Se trata de un lenguaje que permite transmitir el contenido de la biblioteca más grande del mundo, la del Congreso de los Estados Unidos, a través de un único cable de fibra óptica en sólo 1.6 segundos.
La inteligencia de los ordenadores se ha integrado en miles de artefactos. Teléfonos móviles, agendas electrónicas, o vídeos con disco duro son también ordenadores. Podemos hablar con máquinas que entienden nuestras órdenes y hay quien afirma que para el año 2050 esas máquinas podrían tener conciencia de sí mismas. Los expertos investigan sobre el ‘ordenador definitivo’, que en lugar de cables y circuitos usará ondas cuánticas y tendrá tamaño atómico. La biónica podría hacer posible la fusión entre mente y máquina, cablear el cerebro.
De una economía tradicional vamos pasando a una economía del conocimiento.
Los servicios se manejan en idioma digital, transmitiendo conocimientos de las personas que consiguen patentes, los consultores, los que elaboran leyes, los investigadores de tecnologías, los que hacen programas informáticos.
La economía tradicional de un país puede sufrir cambios profundos y desaparecer en una semana. Se puede generar mucha riqueza a corto plazo, pero esa riqueza depende del conocimiento digital. Aquellos países que controlan su macroeconomía, la inflación y el presupuesto pero no generan nuevos conocimientos se pueden volver irrelevantes y desaparecer. No hay inmunidad ante las nuevas tecnologías.
No es suficiente competir sólo con materias primas pero sin avance en esos conocimientos. Existe la caza de cerebros porque una inteligencia puede ser más valiosa que una mina o un pozo de petróleo. El capital humano y la educación de la gente son esenciales para que en un país se puedan generar patentes, ideas, empresas.
Otro de los nuevos lenguajes esenciales para el futuro está en la genética. Desde 2001 el mundo posee un nuevo mapa, que ya no es plano. Se trata del mapa de la secuencia genética del ser humano. Las posibilidades de modificar los códigos que trasmiten la vida se hace infinita, las únicas fronteras parecen las cuestiones éticas y la financiación de investigaciones. Ya es posible obtener de una mazorca de maíz fibras de poliéster aplicable a la industria textil, se cultivan vacunas contra el cólera en árboles de plátano, se puede obtener seda en cultivos de leche de cabra y todo ello gracias a los cambios del código digital en la electrónica, modificando su código genético. Ya se conoce el ‘mapa’ completo de los seres humanos y de los ratones, y está comprobado que las diferencias genéticas entre ellos son mínimas. Sobre un total de casi 27 mil genes sólo tenemos 300 diferentes. Lo que marca la diferencia es nuestra habilidad para usar y transmitir conocimientos.

(Albert Einstein afirmaba en los años 40: “Todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento. Solo tendrán éxito los pueblos que entienden cómo generar conocimientos y cómo protegerlos, cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse de que se queden en el país. Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con iglesias y minas, con una historia fantástica, pero probablemente no se queden ni con las mismas banderas ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con éxito económico".)

Por ignorancia o por falta de acceso todavía hay una brecha que excluye a los pueblos más desfavorecidos, es preciso avanzar en el aprendizaje masivo del empleo de las tecnologías.

María José Atiénzar

Periodista

ccs@solidarios.org.es