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Riesgo social y enfermedades mentales

 

La incertidumbre de no saber qué pasará mañana, el temor a ser identificado por la policía o el convivir en una vivienda 'superpoblada', pueden generar estados de ansiedad y enfermedades mentales. Estas circunstancias, y la imposibilidad de acceder a los servicios sanitarios básicos, marcan la salud de los inmigrantes irregulares y que se está viendo afectada, sobre todo, en el ámbito mental. Es una de las conclusiones a las que ha llegado el IX Informe de Exclusión Social, realizado por Médicos del Mundo (MDM).

El pasado año, esta organización atendió a casi diez mil personas 'sin papeles', a través de unas 16.000 intervenciones sanitarias, sociales y de tipo mental. Se trata de patologías relacionadas con las condiciones de vida, el trabajo, y también con carencias afectivas que pueden conducir a trastornos mentales.

“No hay políticas de inclusión en nuestra sociedad y los inmigrantes están en clara desventaja. La mayoría va a ser carne de cañón para la exclusión", afirma María Ángeles Rodríguez, médico de la citada organización.

“La normalización laboral de una parte de la población extranjera no soluciona la situación porque muchos se quedarán fuera de ella, seguirán formando parte de la economía sumergida y sin acceso a la sanidad pública”, añade Pablo Traspas, responsable de Proyectos de Cuarto Mundo de MDM. Sin estar empadronados, los inmigrantes no pueden acceder a los servicios de salud. MDM ofreció su dirección a cerca de 700 inmigrantes irregulares en España para que pudieran ser localizados y empadronarse, pero no sirvió porque las autoridades municipales españolas no lo aceptaron como válido.

Por otro lado, existe el temor a que los extranjeros traigan patologías de fuera, algo bastante irracional, pues los inmigrantes suelen ser personas jóvenes y generalmente sanas. En el caso de las enfermedades raras que proceden del exterior, muchas veces llegan a través de los nacionales que hacen turismo en lugares exóticos.

El informe anual de Médicos del Mundo contiene también datos sobre personas que ejercen la prostitución y sobre los usuarios de drogas. De la población que se prostituye, el documento señala que el 91% son mujeres, y un 87% son personas extranjeras. El documento destaca la marginalidad y la situación de exclusión multiplican los riesgos de padecer enfermedades mentales.

En el mundo, una de cada cuatro personas sufre en algún momento de su vida un trastorno mental. La Organización Mundial de la Salud prevé que los casos aumentarán considerablemente en los próximos años.

Las causas son complejas, y a menudo se suman varios factores. Puede influir la predisposición genética, las lesiones cerebrales y el consumo de sustancias. Cada vez cobran más fuerza las cuestiones ambientales, culturales y la exclusión social.

La enfermedad mental puede definirse como una alteración de tipo emocional, cognitivo y del comportamiento, que altera procesos psicológicos básicos como la emoción, la motivación, la cognición, la conciencia, la conducta, la percepción, la sensación, el aprendizaje, el lenguaje, etc., creándole dificultades a la persona para adaptarse a su entorno cultural y social. Depresiones, esquizofrenia, trastornos alimentarios, suicidios. Lo más grave es que el 80% de los enfermos no están diagnosticados ni atendidos en los sistemas sanitarios. En el caso de los inmigrantes que residen en países donde la cobertura sanitaria no les alcanza, la situación es aún peor.

Se están produciendo importantes transformaciones sociales, culturales y económicas en las grandes ciudades. La exclusión, el desempleo y el individualismo se hacen cada vez más presentes. Con ello se generan situaciones de soledad, crecen el aislamiento y la falta de comunicación; aumentan el consumo de drogas y la violencia.

La desigualdad social se muestra como un caldo de cultivo propicio para el incremento de los trastornos mentales. Para combatir este efecto, Médicos del Mundo propone que se adapten los recursos y que se dote a los servicios de medios suficientes. Convertir nuestras ciudades en espacios de encuentro y acogida, con sistemas adecuados para atender las necesidades que se presentan sigue siendo una meta posible.

 

María José Atiénzar

 Periodista

ccs@solidarios.org.es