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El recorte de derechos aboca al autoritarismo

 

El diagnóstico parece desesperanzador: el mundo civilizado suspende en Derechos Humanos. El terror, realidad terrible a la que hacer frente, vence en la medida en que se ignoran valores y principios que sustentan la democracia.

Álvaro Uribe, presidente de Colombia, hizo aprobar una ley llamada de justicia y paz, que pretende desmovilizar a los paramilitares. Varias organizaciones de derechos humanos, con Amnistía Internacional a la cabeza, denuncian que esa ley no significa más que dar impunidad para quienes han cometido crímenes de guerra y contra la humanidad en el conflicto que ensangrenta a Colombia desde hace 40 años. Amnistía Internacional ha documentado que las estructuras paramilitares permanecen intactas tras la presunta desmovilización y que se violan derechos humanos en zonas desmovilizadas sobre el papel. Amnistía ha demostrado también que desde diciembre de 2002, fecha en que las Autodefensas Unidas de Colombia declararon un alto el fuego unilateral, ha habido ¡2.200 homicidios y desapariciones! atribuibles a fuerzas paramilitares. Con esa ley el gobierno colombiano renuncia a la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas en miles de casos de violaciones graves de derechos humanos.

La segunda historia es un botón de muestra, que se conoce gracias a una acción internacional de Amnistía Internacional. Se trata del infierno del australiano David Hicks, preso desde hace más de mil días en la base-cárcel estadounidense de Guantánamo. Hicks fue detenido en Afganistán, donde colaboraba con el gobierno talibán y, desde su internamiento, ha sido golpeado y torturado repetidamente, sometido a privación sistemática del sueño e inyectado con sustancias desconocidas. Ha permanecido sin salir de su celda durante ocho meses y no ha podido hablar con un abogado hasta dos años después de su detención. Este horror se suma a los otros conocidos del resto de presos encerrados en Guantánamo y a las sesiones de tortura de insurgentes en Abu Ghraib (Irak). Todos protagonizados  y responsabilidad del gobierno de los EEUU.

La tercera historia para recordar es la pretensión del gobierno de Tony Blair de recortar derechos y libertades como torpe respuesta a los repugnantes y terribles atentados en el metro de Londres. Afortunadamente, la oposición parlamentaria no ha aceptado prorrogar la detención cautelar sin control judicial de dos semanas a tres meses. No vale esgrimir el peligro real del terrorismo para retroceder en los logros de civilización y de libertades obtenidos. Cherie Blair, esposa del primer ministro británico, ha declarado hace unos días que “es muy fácil responder al terror de una forma que socava nuestro compromiso con los valores más profundos y nuestro derecho a proclamarnos nación civilizada”. Y ha añadido con gran lucidez que “en nuestros conflictivos tiempos en los que el terrorismo, la división y la sospecha están a la orden del día, los jueces tienen el importante papel de revisar la actuación del gobierno con el patrón de los derechos humanos”.

Esa es la cuestión, pues si en aras de no se sabe qué eficacia antiterrorista, retroceden o se recortan por la acción de los gobiernos el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad; el derecho a no ser sometido a torturas ni tratos crueles o degradantes; el derecho a no ser detenido ni preso arbitrariamente, a que se presuma nuestra inocencia antes de juicio, a ser juzgado con garantías... Si los derechos humanos retroceden, los terroristas vencen. Hay maneras de enfrentarse a esa ferocidad irracional que no pasan por recortes de libertades, además de atacar las causas o caldos de cultivo que permiten el terrorismo. Coordinación entre gobiernos, mayor preparación de los servicios de seguridad, implicar a gobiernos y a ciudadanos de otras culturas, imaginación (muy escasa, habitualmente)… pero el poder siempre tiene la tentación de crecer y aumentar, de escapar a cualquier control.

La diferencia esencial entre un imperfecto país democrático y un temible país autoritario, totalitario, es que en el primero el poder está sometido a controles y limitaciones en aras de los derechos y libertades de los ciudadanos. Cuando más se recorten éstos –da igual cual sea la excusa o pretexto aducidos- más nos acercamos a la dictadura.

 

Xavier Caño

Periodista

ccs@solidarios.org.es