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Ya pagaron su deuda

Millones de personas en el mundo cargan sobre sus hombros con la deuda externa. Es preciso desterrar las mentiras ya creídas para levantar la losa que hunde a la humanidad. En contra de lo que se cree, los países empobrecidos invierten mucho más en el Norte sociológico que al contrario. El Norte invierte en el Norte, al tiempo que expolia de sus materias primas al Sur.

La carga de la deuda externa merma las oportunidades educativas de los niños y los jóvenes, pues las infraestructuras de las escuelas y los materiales escolares son insuficientes cuando se invierte más en pagar la deuda que en emprender proyectos educativos. Los profesores están mal pagados y no tienen la preparación adecuada para formar a quienes son el futuro de la humanidad.

Millones de personas no tienen cubiertas sus necesidades médicas porque los sistemas de salud pública de sus países están en bancarrota. Más que invertir en proyectos sociales, educativos y de sanidad, los gobiernos de los países endeudados tienen que cumplir con pautas impuestas por los organismos financieros internacionales, dominados por los países acreedores.

¿Cómo llegaron las deudas a tal desproporción? Diversos estudios demuestran que algunos países han pagado con creces su deuda externa, pero los intereses y las condiciones desfavorables que se les han impuesto han perpetuado la carga.

Irónicamente, la raíz de la deuda en África, el continente más pobre y que más debe, fue la ayuda recibida durante el periodo de descolonización. Los países que acababan de independizarse y aquellos que se vieron muy afectados por la crisis del petróleo en 1973 recibieron de los países del Primer Mundo los petrodólares excedentes en forma de créditos. Gran parte de los fondos se destinaron a la compra de armas, de productos de lujo, a realizar obras monumentales, y a financiar empresas privadas y trasnacionales. En muchos países se fomentó el turismo de lujo.

Si el fin de los créditos era ayudar a los países empobrecidos, no se explica cómo terminó tanto dinero en manos de dictadores y de tiranos. Los acreedores sabían muchas veces que su “ayuda” iba destinada a comprar armas, lo cual no hacía sino aumentar la deuda de los países empobrecidos.

Los planes de reajuste del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial presionan a los países endeudados para que tomen medidas que los hacen más dependientes de los países enriquecidos. Una de las exigencias a cambio de “ayudas” es que los gobiernos privaticen sectores clave de su economía como energía y sanidad. Las compañías estatales, muchas veces desgastadas por la burocracia, por la corrupción y que tienen un gran déficit, se venden por precios que están muy por debajo de su valor. A partir de entonces, gran parte del capital generado termina en cuentas extranjeras o en paraísos fiscales.

El colmo del presente paradigma radica en que la deuda externa de muchos países ha salido a la bolsa internacional de valores. Es preocupante que el PIB de Wal-Mart o de McDonald's rebase el de muchos países endeudados. Estas multinacionales compran las deudas externas, lo cual agiganta el círculo de influencia que tienen estos organismos en las relaciones internacionales. Los pactos entre los países pronto serán de multinacional a gobierno. Mientras que el fin de la política es la justicia, el de las compañías es generar riquezas. Preocupan los posibles resultados de anteponer las ganancias de las compañías al desarrollo humano de la población mundial.

Es preciso reparar los daños ante la presente situación de pobreza y con el conocimiento de que los países acreedores tienen un alto grado de responsabilidad en el endeudamiento flagrante de los países del Sur. Como propone Jeffrey Sachs, asesor especial del Secretario General de los Objetivos del Milenio y profesor de la Universidad de Harvard, es de justicia condonar la deuda externa. Al menos se podría cancelar la deuda o parte de la deuda de los países pobres si éstos invierten en proyectos educativos, como propuso el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero mientras se opongan quienes dominan las instituciones financieras internacionales –creadas para el desarrollo, no lo olvidemos-, persistirán la pobreza y la deuda en el mundo.

Julius Nyerere, padre de la independencia de Tanzania, declaró que los países africanos necesitaban que los países “desarrollados” les quitaran el pie de encima en lugar de echarles una mano. Por eso se debe reconocer que la deuda externa ya está pagada con creces y se deben erradicar los créditos que servirán intereses políticos de militares o de corruptos. Ese es el camino a un mundo más justo y solidario.

Carlos Miguélez

Periodista

ccs@solidarios.org.es