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Terroristas buenos vs. terroristas malos

No es fácil utilizar la palabra terrorismo y sus derivados, por muchas razones: quizá la principal sea la inexistencia de una definición de validez universal para ese concepto. A pesar de los esfuerzos que en Naciones Unidas se hacen con tal fin, grandes son las dificultades para hallar consenso en cuestión tan crítica, lo que probablemente desluce bastante ese empeño. Desde la misma Casa Blanca se ha llamado luchadores por la libertad a los que otros consideraban terroristas cuyos sanguinarios efectos sufrían. No parece que sea fácil encontrar puntos de acuerdo mientras los gobiernos de las principales potencias acepten tácitamente la existencia de terroristas buenos , que son los que defienden “nuestras ideas”, aunque lo hagan con métodos poco presentables, y terroristas malos , que son todos los demás con cuyos fines no se está de acuerdo.

He intentado explorar, con mayor o menor éxito, la imprecisa frontera que separa al simple terrorista del que lucha por la libertad de su pueblo y de su tierra. He buscado algunos ejemplos en la Historia para iluminar esa ambigua gama de violencia que forman la guerra, la guerrilla y el terrorismo. He reflexionado también sobre los casos de terrorismo puro y duro, como el que arroja una bomba en un teatro de ópera —por considerar nefasta a la burguesía que ocupa sus palcos— o los que asaltan un colegio y toman como rehenes a los alumnos, para reivindicar la libertad de una nación oprimida. He comprobado la existencia de antiguos “luchadores por la libertad” convertidos luego en simples “rufianes pistoleros”, arrastrados por la inercia del más vulgar bandolerismo. También la de quienes sacrifican sus vidas —y las de otras personas, inocentes o culpables, según ellos, en diversos grados— en virtud de una táctica que no siempre se alcanza a comprender. Todo esto son fenómenos sociológicamente bien estudiados, sobre los que poco nuevo puede añadirse.

De ahí que siga encontrando un abrumador parecido entre los guerrilleros españoles de comienzos del XIX —los que dieron origen al vocablo, aunque no fueran los primeros combatientes irregulares de la Historia— y los insurgentes iraquíes de principios del XXI. Aquellos cuyos brutales hechos grabó Goya y los que ahora contribuyen a teñir de sangre los noticieros televisados.

Los de mi generación fuimos enseñados a admirar a aquellos feroces desharrapados, conducidos a veces por impresentables clérigos ultramontanos, que salvaban el honor nacional frente a la ignominia del ateo invasor francés. También leíamos unos libros de cuentos bendecidos por la censura religiosa que enaltecían a los que a bombazos luchaban por liberar a la católica Irlanda del protestante opresor inglés, tras la Primera Guerra Mundial. Se nos ocultaba, en el primer caso, que fue el Ejército inglés del duque de Wellington el que de verdad expulsó a Napoleón de España y, en el segundo, que los admirables terroristas católicos no se paraban en barras para conseguir por la fuerza la independencia de su país. En ambos casos, la religión tuvo mucho que ver con la violencia desplegada y, en relación con lo aquí comentado, contribuyó a caracterizarla como “terrorismo bueno”. Pero otros factores pueden producir también el mismo efecto, sobre todo la promoción de los intereses nacionales de cada país, como viene sucediendo en estos tiempos.

Es cierto que hay que estudiar a fondo el terrorismo, para poder combatirlo mejor. No se pueden ignorar los antecedentes históricos y hemos de seguir rechazando la manipulación que se hace de esa mitificada palabra para confundir a la opinión pública y hacerle apoyar las más aberrantes aventuras antiterroristas que imagine el iluminado de turno. Sería deseable que, a impulsos de ese antiterrorismo hoy tan de moda, no se cometan errores parecidos a los que perpetró aquel anticomunismo visceral y primitivo de los pasados decenios, cuyos efectos sufren todavía muchos pueblos del planeta.

 

Alberto Piris
General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)

ccs@solidarios.org.es