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Los pobres que no cuentan

 

“El planeta se divide en dos zonas, aquellas que están dentro de la Historia y las que están fuera de la Historia”, explica el filósofo Bernard-Henry Lévy en Reflexiones sobre la Guerra, el Mal y el Fin de la Historia . En 2004, ha habido entre 30 y 35 conflictos armados de intensidad alta o media que no han estado dentro de la Historia. Conflictos de los que no se habla en los medios de comunicación o que por diversos intereses han sido silenciados. Médicos sin Fronteras publicó el mes pasado su informe Diez crisis humanas olvidadas con el que hace una llamada de atención a la comunidad internacional.

Burundi, Chechenia, Colombia, Corea del Norte, Etiopía, Liberia, Somalia, Congo y Uganda tienen en común la grave situación humana que viven. Sus poblaciones han sufrido, o sufren aún, conflictos armados de larga duración y viven en situaciones de extrema pobreza. El 90% de la población de Burundi vive con menos de un dólar a la semana; en Corea del Norte, tres millones de personas pasan hambre; el 10% de los niños de Etiopía no pasan de su primer año de vida; Liberia sólo cuenta con 30 médicos del país para más de tres millones de personas. Sin embargo, son zonas ‘no prioritarias' para las ayudas internacionales. Incluso, entre los más desfavorecidos hay diferencias.

Las guerras y la pobreza son dos elementos que van siempre unidos. La pobreza genera inestabilidad entre la población y suele desembocar en violencia y guerras civiles. Los conflictos armados tienen su origen en causas similares: reparto injusto de la pobreza, exclusión de una minoría, discriminación étnica, represión política y/o religiosa, violaciones de los derechos humanos, regímenes autoritarios... Llegados a una situación de conflicto, se genera una pobreza aún mayor ya que los gobiernos dejan de invertir en sectores básicos para su población, como la educación, la sanidad o las infraestructuras.

Intermón Oxfam denuncia que la intervención humanitaria en un conflicto depende de: la cercanía geográfica con los países ricos, de la amenaza a la estabilidad económica o la seguridad internacional que se suponga o de la cobertura informativa que ofrezcan los medios de comunicación.

La prensa juega un papel fundamental. La respuesta humanitaria a la catástrofe del sudeste asiático debería poner alerta de su importancia. Millones de personas en todo el mundo han realizado donaciones a las organizaciones humanitarias que trabajan en la zona e, incluso, la opinión pública internacional ha obligado a que los gobiernos se plateen la condonación de la deuda externa de los países más afectados por el tsunami y busquen fórmulas para la reconstrucción de la zona. Los medios de comunicación social deben hacerse conscientes de su responsabilidad a la hora de informar, de qué informar y de cómo hacerlo. Los profesionales de la comunicación tienen que regir su trabajo por un código ético donde las imágenes y las informaciones traten de manera digna a todos los pueblos. Los conflictos, guerras o crisis a los que los medios de comunicación no dedican un espacio son ‘olvidados' o simplemente dejan de existir.

No sólo los medios de comunicación tienen responsabilidad, la comunidad internacional tiene que asumir que la respuesta a situaciones de crisis humanas pasan por erradicar la pobreza, dar acceso a la sanidad y a la educación, utilizar fórmulas de comercio más justas e intentar dar solución a los problemas que llevan a la inestabilidad. La ayuda de emergencia, necesaria para superar el primer escollo, no tiene que sustituir las respuestas políticas y económicas que tienen que ofrecer los gobiernos y administraciones internacionales.

Compromisos, como los Objetivos del Milenio (ODM), o Tratados como el de Kioto no pueden quedar, una vez más, en papel mojado. Hay que construir un mundo solidario para acabar con las causas que llevan a los conflictos y a la desigualdad. Un mundo donde todos contemos.

 

Ana Muñoz

 Periodista

amunoz@solidarios.org.es