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  El envoltorio de la información

Con la única financiación de la publicidad, los periódicos gratuitos suponen un nuevo reto para la prensa tradicional. Los grandes grupos mediáticos ven la necesidad de renovarse ante este creciente fenómeno que cada día llega a millones de ciudadanos en todo el mundo.
Desde que hace 10 años dos periodistas suecos lanzaron a las calles de Estocolmo la primera tirada de Metro, millones de personas de todo el mundo se informan a diario con periódicos gratuitos. Distribuidos en los principales núcleos urbanos, estos diarios se han convertido en una cita ineludible para un público potencial incalculable. Un público que no compra periódicos.
De lunes a viernes, millones de lectores consumen esta prensa gratuita de camino hacia sus trabajos. Dentro de los diarios, escuetas informaciones se compaginan con anuncios de toda índole, el único y verdadero sustento de estas publicaciones. Su sencillez y rapidez de lectura hacen que la popularidad de estos medios vaya en aumento. Según varias encuestas, los periódicos gratuitos son los preferidos por los universitarios europeos, muy por delante de los diarios de pago.
La madurez de estas publicaciones gratuitas ha sorprendido a los responsables de la prensa tradicional. Muchos ven en ellos una seria amenaza para la supervivencia de las publicaciones de pago. Sus cabeceras no pueden competir económicamente con los diarios gratuitos. La mayoría son conscientes de que una nueva etapa se abre en el mercado de la prensa.
A su vez, desde los propios medios gratuitos se insiste en asegurar que su presencia está reflotando las ventas de periódicos. Gracias a su distribución, hay más lectores diarios de prensa. Un nuevo público que, al llegar el fin de semana, continúa sus hábitos de lectura comprando en los kioscos las publicaciones tradicionales.
Las publicaciones gratuitas son el sueño de cualquier empresario: un periódico sin periodistas. Las plantillas se presentan mucho más reducidas que las de un medio tradicional, con la consiguiente reducción de costes y el despegue de los beneficios. También es notable la pérdida notable de capacidad y calidad informativa. Las exclusivas y el reporterismo clásico han desaparecido con esta nueva oferta.
Frente al marcado sesgo ideológico de la prensa tradicional, los medios gratuitos justifican su apuesta sobre las bases de la objetividad, independencia y ausencia de compromiso político en sus páginas. Sus detractores les achacan la floja cobertura informativa, la inexistencia de una sólida opinión crítica y un tácito sometimiento a la publicidad.
La nueva vía que abren los periódicos gratuitos está empezando a calar dentro del mundo editorial. Los propios anunciantes han comprobado que sus mensajes son más eficaces y rentables en estas publicaciones gratuitas. Ante los graves problemas financieros, algunas revistas locales, semanarios y publicaciones mensuales ya están reconvirtiéndose en publicaciones gratuitas, sin pérdida de calidad. Todas ellas tienen como ejemplo la estadounidense The VillageVoice que, a pesar de ser gratuita, se mantiene como una de las cabeceras más prestigiosas de Nueva York.
La respuesta de los grandes medios también apunta hacia una reestructuración de su oferta. Los periódicos tradicionales se complementarán con medios gratuitos de la misma empresa. Periódicos paralelos sin una gran complejidad técnica, pero financiados exclusivamente con publicidad. Incluso las ciudades medias podrían ser su futuro objetivo.
El fenómeno de los periódicos gratuitos demuestra que los ciudadanos tienen interés en leer, en saber. Hasta el momento la prensa tradicional vivía anclada en su propia contemplación. Ahora se le exigen respuestas. Nadie considera que la información de estos periódicos sea completa o suficiente para una opinión crítica formada. Tampoco que la publicidad se haya convertido en compañero inseparable, envoltorio de la información. Pero lo que nadie puede discutir es que hoy, mientras leemos este párrafo, millones de personas llegan a la oficina con una idea rápida de lo que ha ocurrido en el mundo.

David Guerra
Periodista
ccs@solidarios.org.es