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  Lo que se Montó se puede Desmontar

La subida del precio del petróleo amenaza desatar una crisis de dimensiones similares a la de 1973. Cobardes y egoístas, los que poseen el poder económico, ya advierten de que, si el crudo se mantiene en los precios alcanzados (más de 41 dólares el barril de brent), se recortarán crecimiento y empleo. Esos recortes serán inevitables -dicen- porque ese aumento reduce el beneficio de las empresas. No hablan de pérdidas sino de reducción de beneficios. Los intereses de una minoría prevalecerán una vez más sobre los de la inmensa mayoría, camuflados y amparados con el lenguaje mendaz y patrañero de la macroeconomía. Déjenme que les ponga un ejemplo gráfico.

En España hay 129.000 ciudadanos con patrimonio superior al millón de dólares, es decir millonarios o ricos, ésos que no quieren ver reducida la marcha ascendente de sus beneficios, pero sólo representan el 0,31% del total de la población. Y, si echamos un vistazo a los ricos del mundo, según un informe del banco Merrill Lynch y la consultora Capgemini sobre reparto de riqueza, en 2003 había en el planeta Tierra ocho millones de ricos. La inmensa mayoría ciudadana, pues, está en función de los obscenos intereses de un ridículo 0,12% de la población. Ahora entramos en una época de crisis que pagará esa inmensa mayoría y, cuanto más pobres, más.

No es nada nuevo.

La persistente agresión neoliberal ha conseguido que la justicia social -lograda desde el fin de la II Guerra Mundial y denominada inadecuadamente 'Estado de Bienestar'- esté severamente amenazada. El aumento escandaloso de las miríadas de pobres en los países empobrecidos y también en los países ricos, los persistentes y graves atentados contra naturaleza y medio ambiente, el peligro de muerte para millones de seres humanos por enfermedades que no se dan en el Norte o están controladas y una larga lista de desastres y crisis financieras y económicas han demostrado con amplitud el fracaso de la teología neoliberal y la falacia de sus argumentos y recetas.

¿Cómo pervive tan depredadora propuesta? Fácil. Los neoliberales han comprado y pagado la difusión de su pretendida revolución conservadora, el más nefasto retroceso que vieron los siglos. Los neoliberales han comprendido con Marx que las ideas son motores potentísimos y las huestes neoliberales han creado un gigantesco entramado internacional de fundaciones, institutos, presuntos centros de investigación, publicaciones, intelectuales comprados, escritores mercenarios y líderes de opinión. Vendidos al mejor postor para impulsar, extender y desarrollar el dogma neoliberal, la pamplina del mercado como nueva Providencia que todo lo ve, controla y armoniza, fuera del cual no hay salvación. De forma tenaz han extendido y remachado la falaz idea de que esa forma de entender y organizar la economía es natural, como la leche materna, y la única economía posible. Con inenarrable desfachatez han hecho oídos sordos y ojos ciegos a la tozuda y evidente realidad de la desigualdad, la pobreza, la lenta destrucción del planeta, la delincuencia organizada cómplice inestimable de las finanzas internacionales, el terrorismo posible gracias a la desigualdad y a los paraísos fiscales, y la guerra radicalmente ilegítima e injusta. Pretenden aún que ante su formula económica no hay alternativa y el valor central de esta totalitaria teología es la competencia, elevada a dogma. La competencia entre naciones, regiones, ciudades, empresas e individuos. La competencia que elimina a los no aptos, la que, sin normas ni control, más temprano que tarde, se convierte en enfrentamiento.

Sin embargo, es diáfano que el neoliberalismo no es una fuerza natural como la de la gravedad sino un montaje totalmente artificioso, creado en función de los intereses de una minúscula minoría que, eso sí, cuenta con la complicidad y necesaria colaboración de algunas minorías más amplias, con intensa vocación de siervos de la gleba y excelente remuneración. Pero es preciso saber que lo que unos han montado con evidente perjuicio de la mayoría, otros lo pueden cambiar. Y de eso se trata.

En los foros sociales, en el ámbito de los que luchan por otro mundo posible, ha surgido el debate sobre elaborar ya alternativas al modelo neoliberal porque el tiempo de la denuncia empieza a pasar. Temo que no sea cierto. Como hicieron y hacen los neoliberales, hay que lanzarse con todas las fuerzas disponibles a la batalla de las ideas, al enfrentamiento de la denuncia y la acusación permanentes, a la puesta en evidencia de la falsedad del mundo neoliberal. Es una lucha de información, de presentar cargos y de reivindicar orden de valores. O continuaremos sojuzgados y explotados, porque ellos han conseguido en la lucha de las ideas que, por ahora, su trapacera mentira parezca inevitable.

Xavier Caño Tamayo
Periodista
ccs@solidarios.org.