Ir a Página de Inicio
 
  La Salud no es un Negocio

Un tercio de la población mundial no tiene acceso a medicamentos indispensables para gozar de buena salud. La industria farmacéutica no permite fabricar copias más baratas de los medicamentos en los países empobrecidos. Muchas organizaciones humanitarias solicitan que sean levantadas estas prohibiciones para poder combatir el SIDA, las diarreas infantiles o las infecciones respiratorias. El genérico compite con las marcas registradas mediante un precio más barato que el del original y con resultados clínicos exactos.

Las fusiones de los laboratorios son comparables a las de los grandes bancos. Las multinacionales farmacéuticas tienen valores en bolsa de millones de euros, como el grupo formado por Smith Kline - Beecham con Glaxo del año 2000. Estos gigantes del medicamento realizan grandes inversiones que se transforman en ingentes beneficios tras la patente de la molécula y su comercialización. La propiedad está protegida, pero las patentes tienen una vida determinada. Cuando pasan los años, cualquier laboratorio puede fabricar y comercializar ese medicamento.

Las industrias farmacéuticas no tienen que ser caritativas, sino justas. No todo vale en este negocio, porque está en juego la salud de millones de personas. Por ejemplo, ningún laboratorio se interesa en el cloranfenicol. Uno de los fármacos más baratos de producir y más caros de amortizar. Al no ser un producto rentable ha dejado de fabricarse.

Otro caso de este "juego sucio" lo representa Estados Unidos, que amenaza a los países que producen genéricos con sanciones comerciales. Una copia india de un medicamento antisida puede ser hasta un 96% más barata que el mismo producto fabricado por la empresa Glaxo de EEUU.

Los países con menos recursos no pueden pagar los altos precios de los medicamentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) configura y actualiza, desde 1977, una lista de Medicamentos Esenciales. En ella no están todos los medicamentos existentes sino los que tienen una relación coste - beneficio óptima. Diez millones de personas mueren cada año debido a infecciones respiratorias agudas, tuberculosis o malaria. Son enfermedades que se pueden curar fácilmente con el acceso a medicamentos esenciales, seguros y baratos.
Los pacientes tienen que cambiar su mentalidad respecto al consumo de genéricos. Muchas personas con alguna enfermedad no confían todavía en los efectos de estos fármacos porque piensan que no son los mismos y que no tratan igual sus problemas. Sin embargo, los genéricos son preparados equivalentes con el mismo principio activo, en la misma cantidad y con igual presentación que el medicamento original. El problema es que no se asocia Gelocatil a paracetamol o Valium a diazepam, por lo que los nombres comerciales se imponen a los genéricos.

Muchas enfermedades no constituyen un grave problema si son tratadas a tiempo y de forma regular, como la diabetes. Un 13% de los diabéticos reciben tratamiento de insulina en los países industrializados, pero apenas el 3% de los diabéticos lo obtienen en las naciones pobres. Para combatir esta injusticia algunas empresas farmacéuticas llevan a cabo una serie de iniciativas. La danesa Novo Nordisk destinó 60 millones de dólares para mejorar la atención de la diabetes en países empobrecidos. Además redujo el 80% del costo de la insulina sintética respecto a los precios en EEUU, Europa y Japón.

Los descubrimientos científicos requieren una gran inversión económica que soporte los costosos y largos procesos de investigación. Los beneficios en el campo de la industria farmacéutica son necesarios para mejorar las investigaciones que no pueden costear ni el Estado ni las Universidades. Pero los laboratorios tienen que seguir unas reglas del juego para no hacer de la salud mundial un negocio global.

Pablo Bargueño
Periodista
ccs@solidarios.org.es