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  Una Emergencia Continua

Las emergencias humanitarias se han convertido en un fenómeno mediático. En el momento en el que surge una catástrofe los medios de comunicación se movilizan y los donativos se suceden. Los ciudadanos se vuelcan en una situación que invade telediarios, emisoras de radio y periódicos. Pero, a las pocas semanas, la situación se ha normalizado. Los medios de comunicación abandonan la noticia. Los ciudadanos creen que la catástrofe ha terminado, cuando la realidad es que se están sentando las bases para que vuelva a repetirse.

Las campañas de emergencia son necesarias y ayudan a poblaciones que se encuentra en estado crítico. Cuando se produce un desastre natural o una guerra, las distintas fuerzas sociales se movilizan para paliar las consecuencias. Las ONG han cubierto en los últimos años importantes emergencias humanitarias en países como Bosnia, Perú, Kosovo, Guatemala, Mozambique, Etiopía, El Congo, Afganistán, Liberia o Irak.

El principal objetivo de estas ayudas es cubrir las necesidades básicas de la población (refugio, salud, alimentación) y desarrollar unos planes que impidan que el problema vuelva a repetirse. Las organizaciones sociales tratan de contar con la población afectada y las administraciones locales para involucrar a los ciudadanos en la reconstrucción de su propio país.

No es casualidad que las principales catástrofes se den en los países más pobres. Las emergencias humanitarias no son fruto del azar ni de un momento determinado, sino de causas más profundas que tienen su origen cientos de años atrás. Cuando conviven la pobreza, el analfabetismo y la enfermedad, la tragedia humanitaria es sólo cuestión de tiempo. El huracán Santa Elena causó 4 muertos en EE UU en 1996. Dos años más tarde el huracán Mitch provocó más de 10.000 muertes en Centroamérica.

En la actualidad hay cientos de emergencias humanitarias caldeándose en la pobreza. Las grandes tragedias no surgen de un día para otro, sino que se han ido gestando durante años. En Afganistán, El Congo, Sri-Lanka o Sierra Leona, la pobreza continua puede provocar una catástrofe mediática en cualquier momento. Las organizaciones sociales y los gobiernos no pueden esperar a que la tragedia sea mayor, deben atajarla en el camino.

Cuando se produce una emergencia los ciudadanos se movilizan. Los medios de comunicación se centran en la tragedia y la solidaridad se multiplica. Hay que sensibilizar a la sociedad para que ese esfuerzo no se quede sólo en un hecho aislado, sino en una acción continua, la catástrofe es permanente.
No se necesita una gran campaña mediática para que las acciones humanitarias se pongan en marcha. De los 6.000 millones de habitantes del planeta apenas 500 millones viven confortablemente, mientras 5.500 millones siguen en la penuria. Cada siete segundos, un niño menor de 10 años muere de hambre. La tragedia es ahora y en todo el planeta.

El mundo ha girado la cabeza hacia el terrorismo y está olvidando el sufrimiento de los países más pobres. El 11 de septiembre cambió la política internacional y las campañas de ayuda humanitaria. Numerosas ONG se quejan de que las principales ayudas al desarrollo se reparten entre los países atacados y destruidos por EE UU, con lo que las necesidades de otros pueblos pasan a un segundo plano.

No podemos olvidar la estrategia que utilizaba el comandante Nelson en sus batallas: "Debo todas mis victorias militares a haber llegado un cuarto de hora antes". El objetivo de la ayuda humanitaria no puede ser paliar las catástrofes, sino evitarlas.

El entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Pérez de Cuéllar, destacaba que la función del voluntariado es "ayudar a las personas y a los pueblos para que éstos se ayuden a sí mismos". Las ONG deben potenciar el desarrollo social de los pueblos y atacar las causas que producen enfermedades, guerras y sufrimiento. Los Gobiernos del Norte reducen cada año su ayuda al desarrollo, se aprovechan de las materias primas del Sur y venden armas de manera indiscriminada. Las operaciones de emergencia humanitaria no son más que parches que, en la mayoría de los casos, vuelven a abrirse a los pocos años. Son necesarias acciones que promuevan el desarrollo de los pueblos y acaben con un sistema injusto que sólo beneficia a los países más ricos. De lo contrario, lo único que hacemos es limpiar una herida y sentarnos a esperar a que vuelva a abrirse.

Daniel Méndez
Periodista
ccs@tsai.es