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30 de Julio del 2003

Nuevo Progresismo, Tercera Vía y Otras Deformaciones

Xavier Caño Tamayo
CCS. España, julio del 2003.

Convocado por el laborista Toni Blair, se reunió en Londres un Congreso Progresista que acogió a dirigentes y a expertos varios que dicen ser de centroizquierda. Proclamaron que su modo centrista de entender el progresismo es el único que combina eficacia y justicia social, pero, como el pretendido espacio político del centro es también reivindicado por conservadores añejos reciclados (como el italiano Berlusconi y el español Aznar), el centro acabará estando más concurrido que el camarote de los hermanos Marx.

El ex presidente Bill Clinton, uno de los creadores de este invento centrista neoprogresista, proclamó que frente a la nueva derecha, la "vieja izquierda" no tiene respuestas, pero sí las posee la "tercera vía". El británico Anthony Giddens -padre de esa criatura de 'la tercera vía'- predica que ese centroizquierda 'asume los temas de la derecha y les da respuesta progresista'. Estos inventores de 'tercera vía' reclamaron en Londres el 'pragmatismo' como característica esencial e hicieron propuestas como "rediseñar los servicios públicos, instigar nuevas reglas para manejar la inmigración o promover la transparencia en la gestión de las empresas". Toni Blair, gurú de esa 'tercera vía', ha reclamado la reforma de los servicios públicos y también, 'no abandonar nuestro viaje a la modernización: el sector público tiene que dejar de ser el monolítico proveedor de los servicios". Todo, menos hablar claro.

En realidad nos encontramos ante la vieja argucia que señaló Lampedusa: cambiar algo para que todo siga igual. En este caso, con el inestimable recurso del eufemismo, el lenguaje manipulado para ocultar la verdad y la corrupción de las palabras. Ahí ha demostrado ser un as el líder alemán, Schröder que, en las pasadas elecciones alemanas, saltó a la arena con un apasionado discurso sobre justicia social que no le impidió anunciar una 'profunda reforma del Estado del bienestar para dinamizar la economía'. Schröder pondrá al día el modelo alemán con 'más mercado y transparencia en la sanidad y la reestructuración del sistema de pensiones' al tiempo que adelanta la reducción de impuestos, pagada con la privatización de Deutsche Telekom y Correos. La pasión por la justicia social de Schröder la señaló el nada sospechoso de izquierdismo presidente de Allianz (la mayor aseguradora del mundo), Schulte-Noelle: "En lo importante, las diferencias entre Schroeder y Stoiber -líder democristiano derrotado en las elecciones alemanas- no son muy grandes".

En la vieja escolástica, cuando un pensador consideraba un debate falso o ilegítimo no entraba en el juego falaz y denunciaba: niego la mayor. Y ese es el caso porque los presuntos progresistas de la tercera vía hablan y hablan, pero no cuestionan un sistema que crea un mundo evidentemente injusto y desigual. Hay que negar la mayor. La desigualdad es el rasgo de una economía globalizada regida por el Consenso de Washington que líderes y 'expertos' presuntamente progresistas no ponen en cuestión. El economista estadounidense Paul Krugman ha denunciado reiteradamente que la concentración de la riqueza de los últimos quince años en muy pocas manos ha incrementado la desigualdad y el abandono progresivo de los servicios públicos; servicios que esos progresistas de pizarrín quieren 'reformar', amparados en el eufemismo cobarde, asegurando así la hegemonía obscena de la minoría de siempre. Este analista no sabe si le aburren más los presuntos progresistas de centroizquierda o los revolucionarios de manual que han suplantado reflexión y acción política por un catecismo de tufos dogmáticos.

Afortunadamente, no todas las presencias han sido tan estériles en el congreso de Londres; allí también estuvieron Lula y otros dirigentes de países empobrecidos que no se anduvieron por las ramas. Lula y Ricardo Lagos, por ejemplo, pusieron el dedo en la llaga al pedir a los países enriquecidos menos ayudas para el desarrollo, pero más comercio justo, menos proteccionismo y menos subvenciones agrícolas en países desarrollados. Lagos hizo además una precisión a tener en cuenta. Dijo que a Chile se le presenta como alumno modélico por seguir con disciplina las indicaciones del FMI y del Banco Mundial, "pero -añadió- eso no significa que el consenso de Washington sea bueno". El presidente Lula de Brasil recordó que Latinoamérica ha sido 'laboratorio para recetas del desastre económico' y que 'el crecimiento económico es necesario, pero ha de ir acompañado de redistribución de ingresos y profundización de la democracia política". Algo que aún no hemos visto en gobernantes seguidores de la tercera vía.

La postura de los partidos que reivindican la tercera vía como panacea dan la razón al Foro Social de Porto Alegre cuando se propuso reinventar los partidos políticos que pretenden ser de izquierda porque se han mostrado incapaces para hacer frente a la voracidad criminal e insolidaria de la globalización neoliberal. Y en cuanto a los 'progresistas' que claman por 'adaptarse' y 'centrarse' para ganar elecciones, recordemos que Lionel Jospin hizo la campaña electoral presidencial francesa con un 'viaje al centro', proponiendo 'un proyecto modernizador, pero no necesariamente socialista'. Jospin perdió estrepitosamente porque parte del electorado consideró, con razón, que para propuestas conservadoras camufladas era preferible votar directamente a los conservadores. Más allá de falsos debates y de ingeniosos malabarismos, es la izquierda la que quiere cambiar las cosas, porque están francamente mal.