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24 de Febrero del 2003

...y Evo Morales en Bolivia

Ramon Chao
Radio Chango

Poco a poco se va desvelando el lado oculto de América del Sur, cada vez menos latina. Se descubre su perfil amerindio, desdibujado por la llegada de las carabelas europeas a Guahananí hace uno cinco siglos - lo cual es nada en el cómputo de las eras. El regreso más espectacular del Indio en la Historia se produjo hace unos ocho años - es decir, ayer -, con la sublevación de los indígenas chiapatecos. Fue el uno de enero de 1994, y desde entonces las organizaciones indias expulsaron a dos presidentes de la República en Ecuador ( Abdalà Bucarán en 1997 y Jamil Nahaud en 2000, para instalar, tras elección democrática, a Lucio Gutiérrez.

Antes, los venezolanos habían elegido y ratificado dos veces a un zambo (así creen insultar a Hugo Chávez sus adversarios en Venezuela), y en Perú el aindiado Toledo sucedió al corrupto y dictador Fujimori, aunque a decir verdad, este último ejemplo no dice mucho en favor del movimiento general de retorno de una comunidad sometida.

En Bolivia ya hubo presagios de se que avecinaba una tormenta en el dominio secular de los blancos. El 30 de junio pasado las elecciones generales indicaron un avance inesperado ( 30%) del Movimiento al Socialismo (MAS). Con 26 diputados, ocho senadores en el senado y el 83,3% que obtuvo personalmente en su circunscripción, el indio Evo Morales pasó a figurar entre los candidatos a la presidencia de la República. Inmediatamente los partidos tradicionales cerraron filas para impedirle el paso, a él y a la izquierda. Gonzalo Sánchez de Losada, del MNR y Jaime Paz Zamora, del antaño partido izquierdista MIR pactaron con este fin. Al menos, mi amigo Paz Zamora (lo protegí en París cuando estaba de rebelde y clandestino), pronunció una frase grandilocuente, significativa y desagarradora: "!Qué difícil es a veces ser boliviano! ¡ Qué difícil es, en ciertas circunstancias, amar a Bolivia! " Y se confabuló con la derecha para que los indios no pasaran.

Pero los indios pasarán, mal que le pese a la burguesía local, y casi me atrevo a decir que con la ayuda del neoliberalismo. El FMI impuso al gobierno un ajuste tributario, con su inevitable consecuencia de reducción de salarios (el impuestazo) para enjugar el déficit fiscal ( como en Argentina) y se disparó la protesta y las matanzas que relatan ampliamente hoy las agencias.

Sorpresa en Occidente por esta rebelión indígena, por el despertar de un pueblo cuya fama de resignación y docilidad parecía bien ganada. Pero desde hace algo más de un decenio no faltaron signos precursores. El 15 de agosto de 1990, Evo Morales presidió una larga caminata para exigir el cese de las explotaciones forestales, y más recientemente, el 13 del pasado mayo, llegó a Paz desde Santa Cruz la "Marcha por la soberanía popular y los recursos naturales", que debería haber puesto sobre aviso al neoliberalismo. Reclamaban una verdadera reforma agraria y el mantenimiento o la devolución, bajo control nacional, de los sectores estratégicos de la economía. Desde entonces, el objeto de las protestas es el reparto de tierras. Los indígenas reclaman la aplicación de la reforma agraria de 1996, que entre otras cosas reconoce el derecho de las comunidades indígenas a legislar en sus territorios. El gobierno actual y el FMI respondieron con la receta argentina.

No es de extrañar la impaciencia, la indignación y el levantamiento de los campesinos sin tierra ( que han creado un Movimiento calcado del famoso MST brasileño), de los labriegos e indios, teniendo además en cuenta que el gobierno otorga cientos de hectáreas a las compañías forestales y petroleras. Por si fuera poco, y esta es una gota más de las muchas que harán desbordar la cuenta, los créditos que concede el Estado al sector rural recaen en su mayoría a los grandes propietarios: de los 800 millones de dólares atribuidos el año pasado, más de 600 millones fueron acaparados por 171 latifundistas.