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  El Uso del Uranio Empobrecido en los Horizontes de una Nueva Guerra

Juan Carlos Galindo
Agencia de Información Solidaria (AIS).
España, enero del 2003.

"Tras la guerra aparecieron nuevas enfermedades, sobre todo cánceres. Cada mes ingresamos entre 80 y 200 niños que sufren dolencias directamente vinculadas con el uso de uranio empobrecido en nuestro país". Las declaraciones realizadas al diario español "El Mundo" por el doctor Ahmed Abdul Fatal, vicedirector de un centro médico en Basora, al sur de Irak, dan una pequeña idea de la situación.

En 1991, durante la Guerra del Golfo, Estados Unidos arrojó más de un millón de proyectiles con uranio empobrecido a lo largo de sus 110.000 ataques aéreos sobre Irak, es decir, entre 500 y 800 toneladas de este material. El uranio empobrecido es lo que queda del mineral de uranio una vez que se ha extraído elemento fisionable utilizado en la industria nuclear (uranio 235, un 0,7% del total). Resultado de la actividad civil y bélica de esta industria, durante los últimos decenios se han acumulado en Estados Unidos entre 500.000 y 700.000 toneladas de uranio empobrecido.

Los ingenieros militares no tardaron en descubrir sus aplicaciones destructivas. Se utiliza para cubrir los proyectiles lanzados por los aviones anticarro A-10, en los misiles Cruise y Tomahawk y en el blindaje y la munición de los tanques del ejército norteamericano. Además tiene capacidad para atravesar sin dificultad el acero blindado y explota al contacto con el objetivo, liberando pequeñas partículas tóxicas que quedan en el aire. Los efectos son terribles: el uranio 238 y sus subproductos son emisores radiactivos del tipo alfa y beta, cancerígenos, y puede dañar las células de pulmones, huesos, hígado, próstata, intestino y cerebro. Tras la inhalación se convierte en soluble y se transfiere de los pulmones a otros órganos, incluyendo el hígado, tejido adiposo y músculos. Peor aún: en la mayoría de las ocasiones el uranio "empobrecido" se enriquece con trazas de plutonio y uranio 236 y pequeños porcentajes de berilio, de manera que aumenta su carácter cancerígeno y destructor.

A pesar de la negativa de las autoridades estadounidenses a reconocer sus efectos negativos, el resultado de su utilización durante la Guerra del Golfo es devastador. La realidad habla por sí sola: según la ONU, en Irak los casos de cáncer aumentaron un 55% entre 1989 y 1994. En Basora, una de las ciudades más castigadas por los bombardeos, el porcentaje de aumento en los casos de cáncer alcanza el 220%. Y los efectos perduran en el tiempo: en Irak existen 320 toneladas de residuos de uranio empobrecido activos en la tierra y el aire durante los próximos 4.500 millones de años. Las consecuencias se agravan si tenemos en cuenta la incapacidad del sistema sanitario iraquí (destrozado por las bombas y el embargo) para atender a las víctimas.

Sin embargo, la utilización de uranio empobrecido no se limita a Irak. La OTAN lo ha empleado en el bombardeo de la República Serbia de Bosnia en 1995 y en los ataques a Belgrado y Kosovo durante la primavera 1999, donde se lanzaron mas de 31.000 proyectiles. Además Francia, Gran Bretaña, Rusia, Canadá, Turquía y otros muchos países fabrican y compran armas con uranio 238.

Pero los daños no sólo afectan a las poblaciones civiles que sufren los bombardeos. Entre los militares norteamericanos existe el famoso "síndrome de la guerra del golfo" (dolores de cabeza, musculares y abdominales, así como vértigos y problemas respiratorios) que afecta a más de 100.000 soldados de los Estados Unidos. Y entre las fuerzas de Europa occidental que participaron en la guerra de los Balcanes se han producido al menos 13 fallecimientos (6 soldados italianos, 5 belgas, 1 portugués y 1 español). Además, en ambos casos, hijos de ex combatientes en estas guerras han nacido con graves malformaciones y enfermedades congénitas. Sin embargo, la censura y el silencio de las autoridades impide conocer el verdadero alcance del problema.

El empeño de los Estados Unidos por quitar importancia a la enorme capacidad destructiva de estos materiales radioactivos contradice el resultado de informes elaborados a petición del propio ejército estadounidense. Más aún: en un informe elaborado por el Instituto de Política Ambiental de los Estados Unidos en 1995 se avisaba: "si el uranio empobrecido entra en el cuerpo, tiene la potencialidad de generar importantes consecuencias médicas".

No parece, sin embargo, que los Estados Unidos vayan a renunciar a esta poderosa y baratísima arma en su próxima e inminente guerra contra Irak. Al menos sus efectos han quedado en evidencia. Y aún habrá quien la llame guerra limpia y quirúrgica.