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  26 de Junio del 2002

Un Mundo Torturado

Ana Muñoz
Centro de Colaboraciones Solidarias. España, Junio del 2002.

Las grandes industrias y la falta de una conciencia medioambiental global son las causas de que no se dé la importancia real a problemas como el calentamiento del planeta, la deforestación de los bosques o la falta de una planificación demográfica adecuada. Sin embargo, la opinión pública también se lava las manos. Los ciudadanos del planeta miramos hacia otro lado y permitimos que los recursos de la Tierra estén siendo saqueados por las grandes transnacionales y las administraciones del Primer Mundo. Todos podemos hacer algo más para dejar de torturar al planeta en el que vivimos desde hace más de cuatro millones de años.

De lo que cada uno de nosotros puede hacer para mejorar la "forma física" de la Tierra es de lo que habla el estudio "Instrumentos de tortura del planeta" realizado por la Fundación del Hogar del Empleado. Se hace hincapié en la cantidad de objetos que nos rodean en nuestra vida cotidiana y que son altamente contaminantes y perjudiciales para el ecosistema. Objetos tan comunes como las bolsas de plástico, los cuadernos o las nuevas tecnologías se convierten en "armas" que maltratan al planeta.

El consumo de papel aumentó seis veces en menos de cincuenta años y los expertos aventuran que en el año 2010 se consumirán más de trescientos millones de toneladas. Así, las grandes zonas forestales del mundo, como el Amazonas o las selvas de Asia y África, están en un serio peligro de extinción. Sin embargo, hay que destacar el hecho de que la mayor parte del papel va a parar a los países industrializados del Norte. Un estadounidense, por ejemplo, gasta 19 veces más papel que una persona de un país en vías de desarrollo.

La deforestación continua del planeta no sólo tiene graves consecuencias en el clima y la naturaleza, sino que supone la pérdida del sustento de un gran número de seres humanos que dependen directamente de las riquezas de los bosques. En un año, el hombre es capaz de acabar con más de 18 millones de hectáreas de bosque.

El plástico fue un gran invento. Un nuevo producto con el que crear objetos casi irrompibles. Sin embargo, también fue uno de los más nefastos para el medio ambiente y es difícil ir al campo o a la playa y no encontrarse con una botella, bolsa o residuo de plástico. Las industrias químicas se niegan a acabar con uno de los productos que más beneficios le ofrecen. Ya en 1998, las ventas de plásticos supusieron un billón y medio de dólares.

El coche, encender una bombilla o comprar una sortija de oro y diamantes son también actos que hacen sangrar a la Tierra. El petróleo y las minas de materiales preciosos son cada día objeto de conflictos armados en el mundo. Angola y Sierra Leona son dos de los países más pobres del mundo y, a la vez, de los más ricos gracias a sus yacimientos de diamantes y oro. Sin embargo, las luchas internas por su control han destruido sus economías y miles de personas han muerto o han tenido que refugiarse en países fronterizos.

Las llamadas "energías sucias", petróleo, energía nuclear y eléctrica, son el caballo de batalla entre los ecologistas y los gobiernos del mundo. Las bases para hacer un consumo inteligente de estas energías han sido discutidas en multitud de ocasiones. Son más de quinientos los tratados internacionales relacionados con las mejoras para no dañar tanto el medio ambiente. Desde la primera conferencia sobre el medio ambiente de Naciones Unidas en Estocolmo (1972) han sido más de trescientos los acuerdos firmados para reparar y optimizar los recursos de una manera sostenible. A pesar de todo, los Estados siguen prefiriendo invertir en las energías tradicionales más que hacer un gasto en reestructuraciones para poder utilizar energías limpias como la solar o la eólica.

En este aspecto, los pasos ganados tras los acuerdos de Kyoto han quedado en nada tras la no-ratificación de los mismos por Estados Unidos. George Bush ha roto con la política medioambiental de la administración Clinton y ha dado marcha atrás en la lucha contra las centrales nucleares. Esto ha provocado un efecto en cadena hasta llegar a la decisión de Finlandia de construir la mayor central nuclear de Europa.

Ese grifo que gotea en casa y nunca nos acordamos de reparar es otro instrumento que tortura al planeta. El agua es un bien escaso, aunque imprescindible para la vida. Según datos de la ONU, más de 500 millones de personas sufren escasez de agua en el mundo y más de mil millones carecen de agua potable. La falta de agua provoca enfermedades (cada año mueren entre 14.000 y 30.000 millones de personas por infecciones causadas por el agua) y migraciones de población. Sin embargo, la población mundial sólo depende de una centésima parte del 1% del agua del mundo.

Otras actividades modernas como la agricultura agresiva, el turismo o el consumo inconsciente de alimentos son heridas mortales para el planeta. Una tercera parte de la población europea y un 61% de los estadounidenses sufre problemas de sobrepeso y la obesidad se ha convertido en una enfermedad más grave que el tabaquismo.

La naturaleza se queja cada día de todas las heridas, aunque pocos son los que oyen sus gritos. La educación, el reciclaje, el desarrollo sostenible, el respeto al medio ambiente o una mayor conciencia ecológica serían los remedios caseros para salvar la Tierra.