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  Las Naciones Unidas Hoy

Marcelo Colussis

El sistema de Naciones Unidas nació con el benemérito objetivo de fomentar la paz y el desarrollo a nivel mundial. Misión más que encomiable, pero que hoy, a más de 50 años de su formulación original, debe ser revisada seguramente, dado que la situación general nos aleja bastante de ambas cosas.

Una mirada rápida al contexto global nos muestra al menos lo siguiente: 1) la situación deplorable en que cada vez se sume mayor cantidad de personas en el mundo, y 2) la falta de protagonismo de las Naciones Unidas en relación a la búsqueda de alternativas reales a todo ello.

El rumbo salvaje que va tomando la historia dejando relegados cada vez a más seres humanos, proponiendo modelos económico-sociales basados en una competencia feroz, ha hecho de la solidaridad casi una pieza de museo. Ante ese panorama, el sistema de Naciones Unidas ha pasado a ser prácticamente un Ministerio de Asuntos Exteriores de un puñado de potencias.

Por otro lado, los modelos que se tenían por alternativos algunas décadas atrás, no han resuelto todos los problemas que se pensaba podrían resolver; ante su caída generalizada de hace algunos años todavía es una agenda pendiente su revisión crítica y honesta.

Actualmente hay voces - genuinas y profundas - que claman por revitalizar la ONU recuperando su espíritu fundacional; esto es: artífice y mediadora de la Paz y el Desarrollo planetarios. Ante ello creo que pueda ser pertinente abrirse algunas preguntas, imprescindibles en tanto aporte a un debate urgente en torno a nuestro futuro como especie:

· Si el sistema de Naciones Unidas debería funcionar como el foro de todos los países y pueblos de mundo, ¿cómo poder garantizar el éxito de esa empresa?
· ¿Cómo lograr efectivamente que el sistema de Naciones Unidas a escala supranacional sea el promotor de la democracia, del desarrollo sustentable, de la paz?
· ¿De qué manera puede la ONU - más allá de lo discursivo - establecer políticas con incidencia real y validez universal?
· Si todo el sistema de Naciones Unidas depende financieramente de un puñado de potencias que fija su rumbo, si no dispone de instrumentos con poder militar autónomos que puedan hacer valer efectivamente los principios universales sobre los que descansa en tanto instancia supranacional, ¿cómo tornar concretas, con impactos reales, sus aspiraciones?

Todos estos interrogantes - para los que no tengo respuestas, y que por eso comparto - surgen luego de ver el papel jugado por la ONU en la guerra del Golfo Pérsico, en la de los Balcanes, en la incidencia real - luego de 50 años de existencia - mostrada en la solución de los grandes problemas de la Humanidad (lucha contra la pobreza, discriminación, carrera armamentista, narcotráfico, degradación medioambiental); surgen al ver que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial son también parte del sistema de Agencias de Naciones Unidas, sin mostrar muy claramente con ello cómo está contribuyendo la ONU a erradicar el hambre, la miseria y la ignorancia en el mundo, sino más bien beneficiando a los poderosos de turno.

Inmediatamente después de formuladas estas dudas quiero aclarar que lo que me alienta a plantearlas es, por sobre todas las cosas, el desconcierto en que me hallo (me atrevo a decir: que nos hallamos) respecto a alternativas viables, inundados de neoliberalismo y globalización, con la ilusión de "fin de la historia" que se nos presenta en forma masiva y abrumadora. Absolutamente lejos me siento de ser un aguafiestas, un desestabilizador, un nostálgico de la Guerra Fría; en todo caso lo que creo se observa es un momento histórico de cierre, de retroceso. Qué bueno si la ONU pudiese servir como vehículo efectivo para destrabar esta situación, como alternativa real.

Pero insisto una vez más: ¿es verdaderamente posible intentar reescribir la historia solamente en base a un compromiso moral de todas las partes? ¿Con qué mecanismos efectivos contamos para garantizar ese compromiso? Todavía estamos más cerca de nuestros ancestros cavernícolas que de un pretendido - idea hoy caída en desuso - "hombre nuevo"; el que tiene el garrote más grande sigue poniendo las condiciones. ¿Puede efectivamente la ONU servir cómo espacio de transformación de esta dinámica? ¿Cómo y de qué manera?
¿No hay otras alternativas?

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