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  15 de Marzo de 2002
Reducir la Pobreza Mundial: La Hora de los Países Ricos

Por Xavier Caño Tamayo*

Conseguir que la financiación para el desarrollo sea una respuesta mundial. Abrir el acceso a los mercados a los países pobres y asegurar un régimen comercial internacional justo. Fortalecer la aportación de los estados ricos e instancias internacionales al desarrollo de los países pobres, y resolver los problemas de su deuda externa. Y, naturalmente, promover la justa representación de los países en desarrollo en la toma de decisiones internacionales, que es tanto como decir que, de una vez por todas, los países pobres participen en la gestión de la economía mundial.

Esos son los objetivos proclamados de la Conferencia Internacional de la ONU para la Financiación del Desarrollo, que se desarrolla en la ciudad mexicana de Monterrey entre 18 y 23 de marzo, para avanzar en una de las propuestas de la Cumbre del Milenio: reducir a la mitad la pobreza mundial para el 2015.
Pero, como reconoce el exdirector general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza: "Los países ricos han incumplido todas las promesas de desarrollo que hicieron a los países pobres". Por su parte, Kofi Annan, secretario general de la ONU, pide que en la cumbre de Monterrey se doble la aportación oficial de los países ricos; en los próximos dos años, en lugar de 50.000 millones de dólares, han de ser 100.000 los millones que ayuden a al desarrollo de los países pobres; de no ser así, la reducción de la pobreza continuará siendo un espejismo.

Es imprescindible que los objetivos de la Conferencia de Monterrey se cumplan si queremos que la Tierra y la vida continúen con decencia, pero, por debajo de grandes frases y estentóreos discursos, que nunca se acaban de concretar, la crudeza de los datos nos indica dónde estamos.

Ante el objetivo de la Conferencia de conseguir un régimen comercial justo y equitativo, los países ricos continúan protegiendo ferozmente sus mercados interiores con miles de millones de dólares. Estos días hemos asistido a la pelea de patio de colegio entre los EEUU y la Unión Europea por las ayudas del gobierno federal estadounidense a su industria del acero; en medio de acusaciones mutuas, los representantes de EEUU han amenazado con imponer además aranceles a los semiconductores y también a los productos agrícolas, práctica ésta en la que la Unión Europea es una consumada veterana. Fernando Enrique Cardoso, presidente de Brasil, ha criticado duramente el proteccionismo comercial de los países ricos así como las prácticas contables discriminatorias y perjudiciales que el Fondo Monetario Internacional (FMI) aplica a los países de Latinoamérica al contabilizar sus deudas, diferentes de las aplicadas a los países ricos. "No se puede pedir a los países subdesarrollados que abran sus mercados -ha dicho durante la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo en Fortaleza (Brasil)- y al mismo tiempo limitarles el acceso a los mercados de los países desarrollados".

Respecto a la deuda externa, las ONG exigen llanamente que se condone esta carga a los países más agobiados, sin maniobras dilatorias ni tecnicismos. Ya sabemos que esa deuda ha sido satisfecha con creces, de no ser por los perversos mecanismos de la contabilidad internacional, y es hora de que el mundo rico se comporte decentemente y olvide una deuda que no es otra cosa que instrumento de férreo control político de los países más pobres.

Y, por lo que se refiere a la asistencia oficial al desarrollo (el dinero que los países ricos inviertan solidariamente en el desarrollo de los pobres), en Monterrey habrá que pelear para conseguir un incremento que valga la pena si nos fijamos en cifras como las de la ayuda de la Unión Europea, por ejemplo, que es de las más seguras: no llega al 0,33% del Producto Interior Bruto de la Unión; menos de la mitad del objetivo del 0,7% reclamado por las ONG como baremo adecuado para una inversión efectiva en desarrollo.

La Conferencia ha conseguido la asistencia del FMI, Banco Mundial (BM) y Organización Mundial del Comercio (OMC); es de esperar que, cuanto menos, en el foro quede clara la responsabilidad directa del FMI, BM y OMC en el incremento de la pobreza mundial y el aumento de la desigualdad. Y vuelve a ser Federico Mayor Zaragoza el que nos recuerda que "el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se han revelado instrumentos del grupo de los siete países más ricos del mundo". Diáfano.

A pesar de los proclamados objetivos de la Conferencia de Monterrey, lo cierto es que los que deciden y tienen poder para hacerlo no tienen ideas claras ni programas ni medidas concretas para empezar la tarea de reducir la pobreza y redistribuir la riqueza. Probablemente, en muchos casos, ni siquiera intención real. Lo que se comprueba es que continúan los recortes de impuestos para los que más tienen; que aumentan los proyectos de magnas obras públicas que atentan contra la conservación y el equilibrio de la Naturaleza; que se incrementa la privatización del patrimonio público para enriquecer más a los de siempre; que aumenta el desempleo y disminuyen las garantías laborales...

Ahora que los medios de comunicación nos informan diariamente de la guerra contra el terrorismo y del peligro que éste supone para el mundo, bueno será recordar a Tom Plate, profesor de la Universidad de California Los Ángeles, analista nada sospechoso de izquierdismo, por cierto: "Hay más de una forma de combatir el terrorismo. Se puede bombardearlo hasta la muerte, o intentar reducir su base social, sacándola de la pobreza (...) El desarrollo económico de los países golpeados por la pobreza resulta tan eficaz para contener el terrorismo como los métodos militares".

Pero parece que los que tienen la riqueza y el poder están ciegos o son muy miopes.

· Periodista
Fuente: Solidarios para el Desarrollo