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Financiar el Desarrollo Social
José Carlos García Fajardo

"Después de los sucesos del 11 de septiembre, bastaron 48 horas para congelar las cuentas bancarias de personas supuestamente vinculadas al terrorismo, superando el todopoderoso secreto bancario".

Con estas palabras comencé mi intervención en el Foro para Financiación del Desarrollo Social, convocado por Naciones Unidas y celebrado en Nueva York el pasado 8 de febrero. Participamos 40 expertos de todo el mundo, invitados por Nitin Desai, Subsecretario General de la ONU. El objetivo era compartir propuestas sobre los posibles cauces de financiación para el desarrollo de los países pobres. La ONU señalaba incluso la necesidad de incorporar en las propuestas esa imaginación cercana a la utopía.

Para financiar el desarrollo bastaría una firme decisión de congelar los depósitos bancarios donde se custodian los capitales evadidos de esos mismos países a los que se supone se pretende ayudar. Ejemplo reciente de Argentina: su deuda externa es de 132.000 millones de dólares. Los capitales evadidos y custodiados en los bancos del Norte superan los 170.000 millones de dólares. Nelson Rockefeller, en la Cumbre de la Trilateral en Londres en la década de los ochenta, ante la petición de reducir la deuda externa de Latinoamérica respondió: "La deuda asciende a 550.000 millones de dólares mientras que los capitales evadidos de esos países superan los 700.000 millones de dólares".

También es conocida la existencia de paraísos fiscales donde los bancos tienen sucursales para evadir impuestos y para traficar con armas, drogas, materias primas, material estratégico y con especulaciones que llevan la ruina a los pueblos. Más pernicioso que el terrorismo es el negocio del crimen que afecta a millones de personas civiles e inocentes. Sería conveniente que la ONU pudiera controlar el fin de los paraísos fiscales y reinvertir esos capitales en desarrollo. Lo mismo ocurre con la escalada de armamentos propiciada por los fabricantes de armas. Un informe de la ONU afirma que con el 30% de los gastos militares se cubrirían todas las necesidades sociales del mundo. En octubre, EEUU firmó un acuerdo comercial con la Lockheed Martin por 225.000 millones de dólares para fabricar aviones de combate. El presupuesto de defensa de EEUU acaba de incrementarse en 48.000 millones de dólares, aparte de más de 100.000 millones para sus agencias de seguridad. El motivo principal es la lucha contra el terrorismo. Es sabido que la globalización de la justicia social, de los recursos y de los beneficios atacaría el terrorismo en sus raíces.

En cuanto a la necesidad de mantener ejércitos cuyos armamentos superan el miliardo de dólares al año, baste recordar que Alemania y Japón, devastadas por la II Guerra Mundial, se recuperaron y alcanzaron el 2º y 3º puesto en la economía mundial gracias a que invirtieron en Educación, Sanidad y Desarrollo lo que otros países destinaron a gastos militares. No podemos tampoco olvidar los 400.000 millones de dólares anuales procedentes del narcotráfico que se blanquean en los bancos de los países ricos, como reconoció el Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 1998. Se pueden congelar y reinvertir esos ingentes capitales. Dicho Informe cifró en 40.000 millones de dólares anuales, durante 10 años, la cantidad necesaria para dar educación básica, garantizar la salud reproductiva de las mujeres, la salud y nutrición básicas y agua potable y saneamiento para todos los seres humanos. Bastaría dividir 400.000 MM $ entre los diez años previstos por PNUD para lograr ese desarrollo esencial e impostergable. Esta cantidad podría también obtenerse a través de un impuesto sobre las transacciones monetarias que además lograría estabilizar los mercados financieros globales.

Si creemos con el filósofo Wittgestein que "los límites de mi lenguaje son los límites de mi propio mundo", comencemos por sustituir el concepto de "ayuda" por el de "reparación debida". Los pueblos europeos y norteamericanos estamos en deuda con esos países que hemos explotado al tiempo que les hemos impuesto un modelo de desarrollo inhumano y alienante que "está a punto de provocar el estallido de una bomba social", como anunció el ex secretario general de la ONU, Butros Galli.

El desarrollo debe ser endógeno, sostenible, equilibrado y global, y sus protagonistas deben ser los pueblos del sur y no los supuestos ayudadores del norte. Como me dijo un día el presidente de Tanzania, Julius Nyerere, "dígales que no nos echen una mano, nos basta con que nos quiten el pie de encima".

Quizá no haya que insistir tanto en el 0'7% sino en exigir unas relaciones comerciales basadas en la justicia y en la equidad. Lo que se debe en justicia no se puede reclamar como ayuda en caridad. Revertir la polarización creciente entre los que tienen y los que no tienen es el principal desafío moral de nuestra Era. En el Foro Social de Porto Alegre se ha demostrado que el actual modelo de desarrollo neoliberal impuesto por el pensamiento único ha fracaso. La base de un nuevo modelo debe apoyarse en el acercamiento al desarrollo desde los derechos humanos: cumplir los derechos económicos, sociales y culturales es un requisito imprescindible.

Al mismo tiempo hay que revisar los criterios actuales y adoptar un enfoque humano para medir la sostenibilidad de la deuda externa que para muchos expertos ya está pagada con creces pues fue impuesta con criterios unilaterales y gravada con exacciones injustas y con intereses inadmisibles por inhumanos. Es urgente establecer un proceso arbitral justo y transparente para que la deuda no quede al arbitrio de los acreedores.

Finalmente, es posible garantizar una mínima renta básica para cada individuo por el hecho de ser persona, no por su rentabilidad/productividad. Todos hemos sido cuidados y educados desde la infancia sin aportar productividad alguna. Trabajamos para vivir no podemos vivir para trabajar.

Si quieren, hay dinero para financiar el desarrollo social. Basta la voluntad política de construir otro mundo mejor, más justo y solidario. En ello nos va la supervivencia de todos.

* Presidente de la ONG Solidarios y profesor universitario