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La Tercera Vía: Política de la Traición
Edward S. Herman
ZNet

Una de las características más notables de la política del nuevo orden mundial ha sido el abandono progresivo no sólo del socialismo, sino también de los principios de la social- democracia por parte de los llamados socialistas y socialdemócratas. Es una práctica casi uniforme en los políticos que han hecho campaña con un programa igualitario y de "la gente primero" el abandonar rápidamente tales programas al tomar posesión del gobierno. De hecho, los programas y promesas electorales son muchas veces ambiguos y contradictorios, y el primer ministro británico Tony Blair fue un claro ejemplo con su intención de construir sobre el legado de Thatcher. Al final, cualquier ambigüedad o contradicción se resuelve invariablemente a favor del capital, y no de "la gente".

Problemática de la traición

El carácter sistemático de esta política de traición sugiere que existen raíces estructurales y que no es atribuíble a defectos personales de los que la llevan a cabo. No obstante, la traición en sí requiere el progreso de aquellos políticos que cumplan con el modelo del engaño y la exclusión de aquellos para los que los principios de democracia social y honestidad pesen demasiado. El poder del dinero en las elecciones, la gran concentración de los medios de comunicación y su carácter conservador, la resurgente fuerza y agresividad del capital y las finanzas en una economía globalizada, y el debilitamiento de los trabajadores, constituyen el trasfondo estructural. En este contexto, los partidos verdaderamente progresistas no conseguirán apoyo económico ni tampoco de los medios, serán desacreditados y difamados, y en el raro caso de llegar al poder tendrán que hacer frente a la fuga de capitales.

Pero los partidos quieren ganar, así que la evolución natural en el proceso de recaudar dinero, conseguir el apoyo mediático, y evitar la fuga de capital pasa por poner al frente a candidatos y programas que sirvan a estos fines. El viaje preelectoral de Tony Blair a Australia en 1996 para apaciguar al reaccionario magnate Rupert Murdoch resume muy bien el proceso, y el apoyo de Murdoch al "Nuevo Laborismo" (New Labor) puso de manifiesto su reconocimiento de que el "New Labor" era en realidad "New Tory" ("Nuevo Conservadurismo"). Sin embargo, este proceso plantea un problema a estos socialistas y socialdemócratas ya que su electorado sí que es mayoritariamente socialdemócrata - una macroencuesta social de la era Blair mostraba que el 87 por ciento de los británicos eran partidarios de una redistribución de la riqueza desde las capas sociales más favorecidas hacia las más pobres- con lo cual una cierta dosis de ambigüedad y falsas promesas se hace necesaria durante la campaña electoral. Sólo después del triunfo electoral puede hacerse público que el "realismo" impide el cumplimiento de las promesas de carácter social.

Esta traición sistemática es devastadora para cualquier democracia sana, y es una parte importante de la explicación de los decrecientes índices de participación electoral, así como del aumento del cinismo y el descontento público. El proceso de engaño significa que los ciudadanos de los países afectados no tienen opciones reales, la elección es entre partidos abiertamente neoliberales y partidos neoliberales sólo nominalmente sociales. Las diferencias entre partidos disminuyen aún más debido a que éstos últimos deben mostrar sus intenciones reales para así convencer a la comunidad empresarial de que su populismo es puramente retórico y de que son agentes comerciales tan fiables como los partidos abiertamente liberales.

Por este motivo el primer paso que dio Blair fue ceder el control de la política monetaria al Banco de Inglaterra, asegurando así a la comunidad financiera que la política fiscal y monetaria no tendría comoobjetivo fines sociales.

Por el mismo motivo, el principal enemigo de los "New Tories" es la "izquierda" de su propio partido, que supone una doble amenaza: por un lado pone sobre la mesa la falsedad existente y presiona para volver a valores sociales; por otro, su sola existencia sugiere al "mercado" que la vieja amenaza que suponían las políticas de redistribución y regulación de interés público podría no haber desaparecido. Por ello hay que poner al margen a gente como Lafontaine, Benn, y Reich en favor de "pragmáticos" como Fischer, Cook, y Summers, y hay que aleccionar a Jospin sobre la necesidad de acercar sus posturas a las de líderes como Blair, Clinton y el Primer Ministro alemán Gerhard Schröder.

Ideología y teoría de la Tercera Vía

En este contexto Blair y Clinton se proclamaron a sí mismos pioneros de una nueva Tercera Vía, que suponía un punto intermedio entre la dura derecha conservadora y la vieja y poco pragmática izquierda, y fueron seguidos por Schröder y otros socialdemócratas. Es notable que Clinton es un miembro fundador de este nuevo marco como lo es también del Democratic Leadership Council, que es una facción abiertamente derechista del no muy socialdemócrata Partido Demócrata. Blair y otros socialdemócratas europeos han expresado frecuentemente su admiración por el modelo estadounidense, con sus bajos salarios, inseguridad
laboral, temporalidad, y niveles de desempleo relativamente bajos. La convergencia de ideas y políticas entre Blair, Schröder y Clinton da una idea del gran giro a la derecha que ha dado la socialdemocracia europea.

La característica más notable del pensamiento de los líderes de la Tercera Vía es su identificación
prácticamente total con la doctrina neoliberal y con las ideas y políticas que defienden los operadores del mercado. Blair y Clinton son grandes admiradores de la eficacia del mercado y conocen la importancia de atraer hacia su órbita todo lo posible. Los discursos de Blair, los documentos sobre la posición de su gobierno y su declaración conjunta con Schröder en junio de 1999 son una felonía de clichés agradables a los oídos de la comunidad empresarial y la derecha: no más "impuestos y gasto", y aunque los presupuestos han "alcanzado los límites de lo aceptable" (Blair) debemos reducir impuestos, pero sólo para premiar el "trabajo duro y la iniciativa empresarial" y hacer a la empresa "globalmente competitiva". La competitividad global incluye también la congelación de salarios y pensiones a través de la "flexibilidad laboral" así como "duras decisiones" para reducir las ayudas sociales y hacer a la gente más "responsable".

Los clichés continúan -modernización, trabajo duro, reforma, terminar con la dependencia, incluso fomentar la moral-. John Pilger contó 18 veces las palabras "moral" y "moralidad" en el discurso que Blair dirigió a Rupert Murdoch en Australia. Con toda seguridad no se estaba refiriendo a los ataques de Murdoch a los sindicatos, o a sus engaños, o a su explotación sistemática de la pornografía en sus empresas mediáticas. La ideología de mercado de Blair (y Clinton) y sus tópicos parecen sacados directamentedel Cato Institute o del Adam Smith Institute, y de hecho éste último se apresuró a declarar que Blair había hecho "un comienzo realmente prometedor" (Daily Mail, 10 de diciembre de 1997).

Práctica de la Tercera Vía

¿Cuál es entonces la diferencia entre los nuevos y los viejos Tories, el reaganismo y el clintonismo que define a la Tercera Vía? Los ideólogos de la administración Reagan tenían la misma fe en el "milagro del mercado", atacaban las políticas de "impuestos y gasto", las ayudas sociales, y la "dependencia" con gran vigor, y eran también generosos en cuanto al gasto armamentístico. Los líderes de la Tercera Vía, reclaman sin embargo, que en contraste con los viejos conservadores, ellos creen en la "justicia social" y aseguran que "la competición económica sana entre naciones nunca se convierte en una carrera que acabe con la protección del medio ambiente, los estándares laborales o la protección del consumidor" (Clinton). La Tercera Vía supuestamente ofrece un componente humano que protege a los más débiles frente a los excesos de un mercado dinámico. Pero estas palabras son simplemente un fraude; el componente humano de la Tercera Vía en la práctica es únicamente retórico y sirve para ocultar la tendencia a la hegemonía del mercado y el abandono de fines y políticas sociales tan rápido como lo permitan las condiciones.

Manteniendo estructuras de desigualdad. Tony Blair admitió que fue elegido para "reparar el daño hecho" durante la era Thatcher. Heredó una sociedad que había sufrido una fuerte redistribución de riqueza e ingresos hacia los más ricos, y en lugar de realizar esfuerzos para rectificar la injusticia resultante, los primeros presupuestos de su gobierno presentaban mayores incentivos fiscales a las empresas así como recortes en el gasto social. La justicia social requería el fortalecimiento de los sindicatos, los cuales habían sido diezmados y debilitados durante la era Thatcher, pero Blair no dió ningun paso significativo en esta dirección y su ministro de comercio advirtió a los sindicatos que si se oponían a las políticas de Blair perderían toda su influencia (Financial Times, 8 de septiembre, 1998). Al mismo tiempo que afirmaba defender la educación como forma de justicia social e igualdad de oportunidades, una de las primeras iniciativas de Blair fue terminar con la gratuidad de la educación superior universal. Como apunta John Pilger, "el thatcherismo nunca llegó tan lejos".

Clinton posee un historial comparable, con una desigualdad que ha alcanzado nuevas cotas durante su mandato -a pesar de un paso progresista y positivo de reforma fiscal en 1993- con su terrible acta de "reforma" de la ayuda social de 1996, su falta de apoyo al fortalecimiento del movimiento sindical, su apoyo a una mayor concentración y comercialización de los medios de comunicación y su devoción por la legislación de libre mercado, ha contribuido en definitiva a consolidar estructuras desigualitarias.

Debilitamiento del estado de bienestar y la red de seguridad social. La amenaza de la dependencia, el lastre de la ayuda social y la necesidad de reducir el estado de bienestar social son asuntos fundamentales en las políticas del mercado global, y los líderes de la Tercera Vía han orientado sus planes en consecuencia. Blair ha dado alta prioridad a ejercer presión sobre las madres solteras (pobres) y otros beneficiarios de ayudas sociales para hacer que se incorporen al mercado laboral, y varios comentaristas británicos han resaltado que el programa "Welfare to Work" de Blair es un ataque al estado de bienestar mucho más agresivo que cualquiera de los que los viejos Tories y John Mayor intentaron llevar a cabo. Clinton firmó el Acta de Responsabilidad Personal de 1996 acabando así con cualquier obligación federal hacia los pobres, y su reciente "tour de la pobreza" así como sus simbólicos gestos presupuestarios orientados al ciudadano medio son desbordados por los 129 billones de dólares de recortes presupuestarios discrecionales que se planean llevar a cabo en los próximos tres años (aumentándose simultáneamente el gasto militar en 110 billones). Schröder ha recortado el gasto social en 16 billones de dólares y ha congelado las pensiones (al mismo tiempo que ha reducido los impuestos a empresas), e intenta "llegar mucho más lejos de lo que el canciller Kohl y los demócrata-cristianos se atrevieron", según el socialdemócrata Karsten Voight.

Tanto Blair como Schöder sufrieron importantes derrotas en las elecciones al parlamento europeo en junio de 1999, con una participación electoral excepcionalmente baja. Blair sufrió su primer revés político interno en mitad de su bombardeo "humanitario" sobre Yugoslavia, cuando su intento de recortar beneficios a los discapacitados se encontró con un inesperado volumen de oposición dentro de su propio partido. Schröder ha sufrido una serie de devastadoras derrotas electorales internas mientras llevaba a cabo su programa económico neoliberal, pero sigue adelante a pesar de lo que "la gente" le da a entender. No hay otra opción para un político de la Tercera Vía que ni siquiera está dispuesto a considerar medidas que puedan interferir con los derechos y privilegios de las corporaciones.

Adoptando la política económica del mercado. Los líderes de la Tercera Vía también han cedido el
control de la política económica al "mercado", abandonando así las medidas monetarias y fiscales que pudieran beneficiar al ciudadano medio, tales como intentar reducir la tasa de desempleo. Como se ha dicho, Blair cedió rápidamente la autoridad sobre la política monetaria al Banco de Inglaterra, y Clinton la ha dejado a su vez en manos de Alan Greenspan. La marcha de Lafontaine marcó el abandono por parte de Schröder de una macropolítica socialdemócrata, y su similar genuflexión ante las demandas de los líderes del mercado financiero.

Los líderes de la Tercera Vía piden a las empresas y a los poderosos que se comporten responsablemente, y quieren hacer creer que esta es una forma útil de resolver problemas sociales, pero nunca aleccionan a los empresarios tan duramente como a los trabajadores, los pobres o los débiles. En realidad los líderes de la Tercera Vía identifican su propio papel de "liderazgo" como uno al servicio del empresariado -"el estado debe remar pero no llevar el timón" según la proclama de Blair y Schröder de junio-, y "reman" ayudando a las empresas con reducción de impuestos, subsidios, y presionando para abrir mercados en el extranjero. En su afán de obtener una posición comercial ventajosa, tanto la protección del medioambiente como los intereses del consumidor y los estándares laborales han quedado completamente al margen de las preocupaciones políticas de Blair yClinton.

El comercio de armas y el estado bélico. Otra característica fundamental de la Tercera Vía en la práctica es que, a pesar de su fe en el mercado, líderes como Blair y Clinton han sido fervientes defensores de acuerdos comerciales negociados y de un mayor comercio de armas y militarismo. Clinton ha aumentado el presupuesto militar de los Estados Unidos, que es el mayor del mundo con diferencia, y Blair también ha aumentado el presupuesto armamentístico que es mayor que el de cualquier país de la UE. John Pilger demuestra que Blair ha llegado mucho más lejos que Thatcher como mercader de armas, -haciendo lo que Thatcher denominaba "batear por Gran Bretaña"- y que vender armas es la "política industrial" de los nuevos Tories. (Pilger, Hidden Agenda).

Blair y Clinton han sido afanados mercaderes de armas para dictadores del tercer mundo y estados que llevan a cabo limpiezas étnicas tales como Turquía o Indonesia, y ambos estuvieron a la cabeza de las acciones militares en Iraq y Kosovo, con Schröder tomando parte en Kosovo. Es bastante claro que Schröder, Clinton y Blair han tendido a usar cada vez con más predisposición la fuerza militar contra los "malos" no sólo para servir a la industria armamentística y al estado imperial, sino también para desviar la atención de los fracasos y engaños domésticos de una manera tradicional. (Todos estos líderes, al menos temporalmente, dispararon su intención de voto en las encuestas durante su "bombardeo humanitario" sobre Yugoslavia). Este paso adicional hacia el abandono de los principios de democracia social con trasfondo de militarismo y guerra no es un buen presagio para el futuro.

La vía de la traición y su alternativa

En suma, la Tercera Vía es la forma de traición que ha abandonado la democracia social en favor del neoliberalismo y del servicio a la comunidad empresarial. Su característica específica es su pretensión hipócrita de preocupación. Para un neoliberal convencido como Blair esto pierde importancia frente a la necesidad de dar lecciones de moral a los débiles y asegurar a los poderosos que se preocupa por ellos. De igual forma que el papel de los gobiernos civiles que sucedieron a las brutales dictaduras militares en Argentina, Brasil y Chile consistió en hacer sufrir al 80 por ciento de la población políticas neoliberales regresivas -las mismas que ya habían sufrido bajo regímenes de terror-, hoy en día Blair, Clinton, Schröder y compañía desempeñan el papel de vender políticas regresivas a sus víctimas en los países desarrollados. Las víctimas son las personas que les han votado, no para que sirvan a la élite neoliberal sino a ellos mismos.

Los líderes de la tercera vía se niegan a desafiar al poder corporativo y a forzar a las corporaciones a ser "responsables" y servir a la comunidad. Ello implicaría penalizar el flujo de capitales hacia el extranjero y el chantaje a trabajadores y gobiernos, además de imponer mayores impuestos a las corporaciones y sus inversores para cubrir las necesidades de la comunidad y para pagar por los daños medioambientales originados. Implicaría además nacionalizar aquellas corporaciones que intenten sabotear un orden económico de servicio a la comunidad, y hacer que las empresas sean medios para alcanzar fines comunitarios dictados por la democracia en vez de jefes políticos que ejercen su poder a través de instrumentos políticos como los líderes de la Tercera Vía. Significaría terminar con las políticas económicas de mercado para favorecer medidas
de democracia social.

Esta idea de hacer verdaderamente posibles las opciones populares y de implantar unas medidas y un poder populares, que sirvan a los intereses generales, es hoy en día de hecho semi revolucionaria. Sin embargo, el primer paso para recuperar cualquier sociedad democrática es reconocer la Tercera Vía como una forma de traición, y llamarla por su nombre.

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* Edward Herman es economista y analista de medios. Su último libro, recientemente publicado por Peter Lang,
es The Myth of the Liberal Media: An Edward Herman Reader
* Artículo traducido por Juan Aballe y revisado por Alfred Sola

Fuente:www.rebelion.org