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  LA FARSA DE LA SEGURIDAD

Por Robert Bowman

Si las decepciones acerca del terrorismo siguen sucediendo sin más, entonces la amenaza continuará hasta que nos destruya.

La verdad es que ninguna de nuestras miles de armas nucleares pueden protegernos de estas amenazas. Ningún sistema de Guerra de las Galaxias, no importa lo técnicamente avanzado que sea, no importa todos los billones de dólares que se inviertan en él, puede protegernos de un arma nuclear introducida en un barco de vela o una maleta o un camión de alquiler Ryder. Ningún arma de nuestro inmenso arsenal, ningún penique de los 270 mil millones de dólares que gastamos en la llamada defensa puede defendernos contra una bomba terrorista. Esto es un hecho militar.

Como teniente coronel retirado y frecuente conferenciante en temas de seguridad nacional, a menudo cito el Salmo 33: "No es su poderoso ejército lo que salva al rey. No es su gran fuerza lo que salva al guerrero". La reacción obvia es, "Entonces ¿qué podemos hacer nosotros? ¿no hay nada que nosotros podamos hacer para mantener la seguridad de nuestro pueblo?".

Lo hay. Pero para entenderlo se requiere que nosotros sepamos la verdad sobre esta amenaza. El presidente Clinton no dijo la verdad a los americanos sobre por qué nosotros somos el blanco del terrorismo cuando explicó por qué bombardeamos Afganistán y Sudán. Él dijo que nosotros (los norteamericanos) somos un blanco porque simbolizamos la democracia, la libertad y los derechos humanos en el mundo. ¡Tonterías!

Nosotros somos el blanco de los terroristas porque, en gran parte del mundo, nuestros gobiernos toleran las dictaduras, la esclavitud, y la explotación humana. Nosotros somos el blanco de los terroristas porque nos odian. Y nos odian porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas. ¿En cuántos países agentes de nuestro gobierno han depuesto a los líderes populares elegidos y los han reemplazado por títeres dictadores militares que estaban dispuestos a vender a su propio pueblo a las corporaciones y multinacionales americanas? Nosotros lo hicimos en Irán cuando los Marines americanos y la CIA depusieron a Mossadegh porque él quiso nacionalizar la industria del aceite. Nosotros lo reemplazamos por el Shah y armamos, entrenamos, y pagamos a su odiosa Guardia Nacional SAVAK que esclavizó y embruteció al pueblo de Irán, todo para proteger los intereses financieros de nuestras compañías de aceite. ¿Nos sorprende acaso que haya personas en Irán que nos odie? Nosotros lo hicimos en Chile. Lo hicimos en Vietnam. Y más recientemente, lo intentamos en Irak.

Y, por supuesto, ¿cuántas veces lo hemos hecho en Nicaragua y en todas las demás repúblicas bananeras de América Latina? Una y otra vez hemos expulsado a los líderes populares que querían compartir las riquezas de la tierra con las personas que la trabajan. Nosotros los reemplazamos por tiranos asesinos que venderían a su propio pueblo para que las riquezas de la tierra pudieran sacarse fuera por gentes como los Domino Sugar, los Folgers, y los Chiquita Banana.

Un país tras otro, nuestro gobierno ha frustrado la democracia, ha ahogado la libertad, y ha pisoteado los derechos humanos. Es por eso que es odiado alrededor del mundo. Y por eso somos el blanco de los terroristas.

Las personas en Canadá disfrutan la democracia, la libertad, y los derechos humanos. Así también lo hacen las personas de Noruega y Suecia. ¿Ha oído hablar usted de embajadas canadienses que hayan sido bombardeadas? ¿o noruegas, o suecas?

No nos odian porque nosotros practicamos la democracia, valoramos la libertad, o defendemos los derechos humanos. Nos odian porque nuestro gobierno niega estas cosas a las personas de los países del Tercer Mundo cuyos recursos son codiciados por nuestras corporaciones multinacionales. Ese odio que nosotros hemos sembrado nos es devuelto en la forma de terrorismo y, en el futuro, de terrorismo nuclear.

Una vez que se comprende la verdad de por qué la amenaza existe, la solución es obvia. Nosotros debemos cambiar nuestras formas. Deshacernos unilateralmente de nuestras armas nucleares, si es necesario, aumentar á nuestra seguridad. Alterando drásticamente nuestra política extranjera lo asegurará.

En lugar de enviar a nuestros hijos e hijas por el mundo a matar árabes para que nosotros podamos tener el aceite bajo su arena, deberíamos enviarlos para que reconstruyan su infraestructura, suministrar agua limpia, y alimentar a los niños hambrientos. En lugar de continuar matando cientos de niños Iraquíes todos los días con nuestras sanciones, debemos ayudar a los Iraquíes a reconstruir sus plantas de energía eléctricas, sus medios de tratamiento de aguas, sus hospitales, y todas las cosas que hemos destruido y les hemos impedido reconstruir.

En lugar de entrenar a terroristas y escuadras de muerte, deberíamos cerrar la Escuela de la Américas (Ft. Benning, GA.). En lugar de apoyar la insurrección, la desestabilización, el asesinato, y el terror alrededor del mundo, deberíamos abolir la CIA y dar dinero a las agencias de ayuda.
Para abreviar, deberíamos hacer el bien en lugar del mal. ¿Quién intentaría detenernos? ¿Quién nos odiaría? ¿Quién querría bombardearnos? Esta es la verdad que los Americanos necesitan oír.
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Mientras estaba enviando esto, pensé incluir también lo siguiente: La Curación de América, un libro de Marianne Williamson
Nótese que se publicó en 1997 (yo pienso que es bastante profético).
Dentro de los próximos diez años, América experimentará un renacimiento o una catástrofe. Algo va a pasar para hacernos volver a nuestra propia identidad. Nosotros hemos perdido nuestro timón espiritual, y sin él no tenemos ni sabiduría individual ni colectiva. Nuestra cultura ha perdido su sentido de sagrada conexión a cualquier poder o autoridad más alto que nosotros. Nuestra conciencia nacional está escasamente viva cuando nos deslizamos como las serpientes por el suelo del desierto hacia cualquier agujero donde hay dinero. Nada salvo un despertar interior sanará esta nación herida..."


Título: La farsa de la Seguridad
Fuente: "El Reportero Católico Nacional"
Fecha: 2 de octubre de 1998
Autor: Robert Bowman
Nota: Interesante perspectiva de un obispo católico y ex-piloto de aviones de combate. Robert Bowman realizó 101 misiones de combate en Vietnam. Él es actualmente (1998) obispo de la Iglesia católica Unida en Melbourne Beach, Florida.