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Centroamérica
Cien años de hambrunas y desigualdades

José F. Cornejo
Panoramica Latinoamericana. Bélgica, Septiembre del 2001.

A mediados de julio, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU y la FAO lanzó una primera alerta sobre el impacto de una desastrosa sequía en Centroamérica en los cultivos y los peligros de una escasez de alimentos en la región. Como plagas bíblicas, los países de la región centroamericana, aun no repuestos de los efectos de las guerras internas que protagonizaron los años 80, han padecido, uno tras otro, diversos desastres naturales: huracanes (el Mitch en 1998), terremotos (enero y febrero del 2001) y ahora una larga sequía.

Los países mas afectados son Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua y el numero total de personas afectadas se estima en 1 millon 600 mil. Por si fuera poco, a los efectos de la sequía se ha añadido una caída vertiginosa en los precios del café, con el consiguiente despido de mas de 100 mil jornaleros cafetaleros en la región. Estas calamidades naturales se ensañan en sociedades marcadas profundamente por la pobreza y la desigualdad.

La hambruna que se vive en Centroamérica es crónica. En Nicaragua, más del 70% de la población vive entre le pobreza y la extrema pobreza; en Guatemala, esta cifra alcanza el 80%.

Pero al mismo tiempo, como nos recuerda crudamente el Informe sobre el Desarrollo Humano 2001 del PNUD, América Latina es campeona del mundo en niveles de desigualdad. En Nicaragua, el 20% de la población (el quintil) de mayores ingresos recibe un 64% del ingreso nacional, que es 28 veces más que lo que recibe el quintil de menores ingresos. En Honduras, las cifras correspondientes son 62% y 38 veces, lo que significa que el quintil más pobre sólo recibe un 1,54% del ingreso nacional. Para poder comparar hay que añadir que en los países de Europa Occidental la diferencia entre los mayores y los menores ingresos es de 7 veces. Ese "quintil" acomodado que vive con todos los lujos y tecnologías del primer mundo y la servidumbre domestica del tercero, vive feliz, y por ende no tiene ninguna voluntad de cambio.

Las reacciones de algunas elites gubernamentales centroamericanas ante la hambruna son dignas de figurar en una Historia Universal de la Infamia: Alemán, el presidente de Nicaragua, declaraba a inicios de agosto ante corresponsales de prensa estupefactos que "no había hambruna en Nicaragua" y que todo era "una fabulación sandinista". El pasado 3 de septiembre el gobierno de Guatemala decidió declarar, al fin, el estado de "calamidad pública" en el país; días antes, el vicepresidente Francisco Reyes subestimaba la magnitud del problema durante su visita a las zonas afectadas por la sequía; la hambruna, decía "es una situación que se viene dando hace 100 años". Cien años de hambrunas y desigualdades. ¿Hasta cuándo?