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10 de Septiembre de 2001

Conclusiones del Informe "2020 Perspectiva Global de Alimentación: Tendencias, alternativas y oportunidades"


Las soluciones de mañana
Miguel Jiménez*

Cada año, el hambre provoca la muerte de más de la mitad de los doce millones de niños menores de cinco años que fallecen en los países pobres. Si no se toman cartas en este asunto, si no se llevan a cabo políticas de desarrollo orientadas al problema alimentario, en el año 2020 más de ciento treinta millones de niños padecerán desnutrición.

A esta terrible conclusión ha llegado el Instituto Internacional de Investigación sobre Política Alimentaria (IFPRI) de Washington, en un informe hecho público en la reciente Conferencia sobre Seguridad Alimentaria para 2020 celebrada en Bonn con la presencia de más de mil responsables de organizaciones locales e internacionales, gobernantes, investigadores y abogados.

Tal y como señala el informe de IFPRI, "2020 Perspectiva Global de Alimentación: Tendencias, alternativas y oportunidades", el aumento demográfico es uno de los principales problemas directamente relacionados con el hambre en los países no industrializados. Se espera que la población mundial aumente de 6.000 millones en 2000 a 7.500 en 2020, algo que tiene su contraste en el declive de la tierra cultivable y en la escasez del agua y otros recursos en los países del Sur. A ello se añaden las guerras, la inestabilidad política, la inexistencia de medidas adecuadas desde las Administraciones, el declive económico, las condiciones meteorológicas, etc. ¿Persistirá el hambre de millones de niños en el futuro? ¿Serán suficientes los recursos naturales de la Tierra para mantener la demanda de alimentos de una población mundial cada vez mayor? El informe de IFPRI llega a la conclusión de que aunque la seguridad alimentaria global mejore algo en las próximas dos décadas, millones de niños continuarán hambrientos y en algunas regiones la inseguridad alimentaria será extrema.

La proporción de niños menores de cinco años que sufren malnutrición ha caído del 45% en los años sesenta, al 31% en los años noventa. Sin embargo, a causa del aumento de la población, el número de niños desnutridos ha caído menos agudamente durante los últimos años. Los países del Este de Asia han tomado la iniciativa en solucionar este problema, pero en el Sur del continente apenas se han logrado los objetivos básicos. Así, mientras en China se reducirá la desnutrición infantil a la mitad, India seguirá contando con uno de cada tres niños malnutridos del mundo.

La situación es catastrófica en el África Subsahariana, la única región del mundo en donde el número de niños desnutridos ha aumentado en los últimos años. Y la cifra para dentro de veinte años va a incrementarse en un 18%, si nada lo remedia. La crítica combinación de una población numerosa y emergente con una economía precaria en muchos aspectos básicos, sitúa a este continente en una situación especialmente dura de cara al futuro. En un mundo que ha desarrollado grandes avances en el conocimiento y la tecnología en el pasado siglo, un tercio de los niños del África Subsahariana continúan hambrientos y sufriendo el mal desarrollo de sus capacidades físicas y mentales. Y es que, además, por culpa de las dietas desequilibradas y escasas, el 32,5% de los menores padecen retrasos en el crecimiento y en su desarrollo intelectual.

Per Pinstrup-Andersen, director general del IFPRI, ha denunciado que el progreso en la reducción de la desnutrición infantil es "demasiado lento, a pesar de que con modestas alteraciones de las políticas y las prioridades, la velocidad podría ser más del doble". En el caso del África Subsahariana, el informe señala que el deterioro de los recursos naturales, el estancamiento de las tecnologías y el aumento de la población son características de los campos africanos, cuya única solución radica en una transformación estructural de una agricultura de subsistencia a una agricultura más productiva y capaz de soportar el crecimiento de la población. Igualmente importantes son los servicios sociales, como la educación y la salud, porque sin ellos, pocos son los cambios posibles o sostenibles. Sin el crecimiento económico en el área rural como en las ciudades, aquéllos que desean o están forzados a dejar la agricultura de subsistencia encontrarán pocas salidas. La llave está a la vista de todos: la mejora de las políticas de desarrollo y el incremento de las inversiones sociales podrán desarrollar la seguridad alimentaria de millones de personas. El mundo del futuro reflejará esas medidas, porque las oportunidades de ahora construirán el mundo al que haremos frente en el 2020.

(Articulo extractado del Centro de Colaboraciones solidarias. España Septiembre 2001