Ir a Página de Inicio
 
 

II CONGRESO INTERNO, ASOCIACIÓN ESCUELA ARGENTINA DE PSICOTERAPIA PARA GRADUADOS
PSICOANÁLISIS DE LO SINIESTRO
MESA FLAPPSIP
“Contemporaneidad de lo Siniestro. Abordaje socio cultural”

 

FEMICIDIO, LO OMINOSO EN LAS RELACIONES DE GÉNERO

Marcela Ramírez M.
                                                                    Sociedad Chilena de Psicoanálisis –ICHPA
                                                                                                   3 de Noviembre de 2007

 

Al recibir la invitación a participar en esta mesa “contemporaneidad de lo siniestro, abordaje socio cultural”, me pareció interesante reflexionar sobre un tema que en  nuestro país ha sido de frecuente difusión en periódicos y noticiarios de la televisión en el último tiempo. Me refiero al fenómeno del Femicidio.

El término Femicidio aparece en la mitad del siglo XX a partir de la experiencia de las mujeres que buscan un término que refleje la violencia específica que surge de la asimetría en las relaciones de poder entre hombres y mujeres.

En el año 2001, la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la Violencia Doméstica y Sexual reunida en México, acordó impulsar por un período de tres años la Campaña: “Por la vida de las mujeres: Ni una muerte +”. Esta campaña regional apuntaba a develar la magnitud del femicidio, denunciar el aumento del número de casos y la impunidad.

La iniciativa de la Red da lugar al desarrollo de investigaciones en diferentes países de la región: Costa Rica (2002),  Argentina (2002),  México (2002),  Perú (2002),  República Dominicana (2002), Bolivia (2003). Estos estudios, de carácter exploratorio, dan cuenta de la ausencia de registros que permitan cuantificar los hechos de femicidio y la dificultad, por tanto, de construir una información confiable

En Chile,  en el 2004 se publica el estudio de Naciones Unidas, Femicidio en Chile que aporta importante información sobre el tema.

Cuando se habla se  Femicidio se alude a  la forma mas extrema de violencia basada en el género, entendida ésta como la violencia de hombres contra mujeres como forma de poder, dominación o control. En esta categoría se incluyen los asesinatos de mujeres ocurridos en los espacios privados, y en los espacios públicos.

El estudio de Naciones Unidas en Chile entre sus conclusiones establece que el femicidio en Chile existe y, en el período estudiado, este tipo de asesinato, representa la mitad de los homicidios de mujeres identificados.

Al mismo tiempo, este estudio  constató, la imposibilidad de construir una información que dé cuenta de la magnitud real del femicidio, debido a  la ausencia de información estadística respecto del sexo de las víctimas y del vínculo con el agresor,  que impide identificar cuando se trata de mujeres asesinadas por razones de género.

 

Se trata de asesinatos de mujeres -la mayoría de las veces en el espacio de las relaciones íntimas de éstas- perpetrados por sus parejas actuales o pasadas, familiares, conocidos, desconocidos o simples acosadores, en los cuales es posible identificar un patrón común: los intentos de dominación, posesión y control de las mujeres por parte de los femicidas. En efecto, estos hechos ocurren en el contexto de relaciones de poder determinadas por el estatus diferencial existente entre el victimario y la víctima.

 

La mayoría de los casos de femicidios analizados son resultado de continuos episodios de violencia calificados como violencia intrafamiliar que algunas veces fueron denunciados por las mujeres agredidas.

Entre los principales móviles de los agresores se encuentra un afán de dominación, posesión y de control que se manifiestan a través de los celos, el acoso permanente, la resistencia del agresor a aceptar el término de la relación o la simple negativa de la mujer a establecer una relación y/o tener intimidad con el femicida. Es decir, el argumento del agresor “la maté porque era mía”.

En lo que va corrido del 2007, en Chile 52 mujeres han muerto producto esta extrema violencia de género, que como se mencionaba, en la mayoría de los casos resulta ser el momento final de relaciones marcadas por la agresión y el maltrato.

Surge entonces a mi modo de ver lo ominoso, aquello que pertenece al orden de lo terrorífico, de lo que excita angustia y horror.

Freud, en su escrito “Lo Ominoso” al  revisar el término “unheimlich”, opuesto a “heimlich”  encuentra que “heimlich” no es un término unívoco sino que alude a dos círculos de representaciones que sin ser opuestos, son ajenos entre sí. Un grupo de significados alude a lo familiar, perteneciente a la casa, no ajeno, doméstico, de confianza e íntimo. Mientras otro grupo de significados alude a mantener algo clandestino, ocultarlo para que otros no sepan de ello, esconder algo, lo que se mantiene oculto.

Unheimlich”, es usual como opuesto al primer significado, sin embargo Schelling enuncia que “unheimlich” es todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, en lo oculto, ha salido a la luz”.
 
Pienso que si bien un asesinato de por sí nos horroriza, en el caso del femicidio, este asesinato adquiere el carácter de  ominoso, debido a que  en la mayor parte de los casos es a manos de una pareja, un esposo, un conviviente, alguien con quien la víctima tenía o había tenido una estrecha relación amorosa. Al interior del hogar, de la casa, de lo familiar, venía ocurriendo una situación oculta, clandestina que de pronto en el asesinato o en los actos de violencia sostenida  se hace visible.

En el Femicidio, hay una importante cercanía afectiva, entre un hombre y una mujer,  lo que  confiere un carácter más complejo a este fenómeno.

Para ilustrar algunos aspectos de esta cuestión reproduzco una información periodística que señala “mujer denunciante se retractó y arriesga que la formalicen……S. señaló el lunes al fiscal que sus dichos iniciales que señalaban que su pareja la golpeó , intentó asfixiarla y la amenazó con un punzón, eran falsos..”

Freud se pregunta en su articulo sobre lo ominoso ¿Cómo es posible que lo familiar devenga ominoso, terrorífico, y en qué condiciones ocurre? 

Llevado a nuestro tema  ¿Cómo ocurre que las relaciones de pareja, establecidas a partir de un proyecto conjunto, a partir del amor, con el correr de lo años devengan en relaciones marcadas por la violencia que terminan finalmente en la muerte de la mujer?

¿Qué aspectos de la subjetividad masculina y femenina sostienen este tipo de relaciones? ¿qué representaciones simbólicas subyacen a este fenómeno del femicidio?

Si bien que desde lo legal, se discute la necesidad de incluir un nuevo término, Femicidio,  en el código penal, tal como plantea el estudio de Naciones Unidas, el poder nombrar y  “conceptualizar como femicidio los asesinatos de mujeres por el hecho de ser tales, constituye un avance en la comprensión política del fenómeno en tanto esta construcción teórica sitúa el espacio relacional en donde estos crímenes ocurren, da cuenta del continuo de violencia que se ejerce contra las mujeres y devela el conjunto de prácticas, órdenes y representaciones simbólicas que sostienen su inferiorización y que constituyen el contexto social que los permite”.

Si bien desde que se inician estos estudios en los países de área, el femicidio y la violencia contra las mujeres ha adquirido una mayor visibilidad pública en nuestra sociedad, queda aún mucho por camino que recorrer.

Al respecto es interesante la reflexión que hace Ana María Fernández acerca de lo invisible en nuestra sociedad. Dice “un invisible social no es lo oculto en alguna profundidad, sino que paradójicamente, se conforma de hechos, acontecimientos, procesos, dispositivos, producidos-reproducidos en toda la extensión de la superficie tanto social como objetiva……….Lo invisible no es lo oculto, entonces, sino lo denegado, lo interdicto de ser visto”.

 Desde este punto de vista, al quedar demarcado lo visible, en un mismo movimiento se organiza aquello que permanecerá invisible. De esta forma, el mismo proceso mediante el cual se inviste de determinado sentido cierta práctica social, vuelve impensable otros sentidos que desmientan el sentido otorgado”.

Si aceptamos este planteamiento, tendríamos que pensar  que estos invisibles sociales que sostienen la reproducción de la violencia contra la mujer, dicen relación con aspectos de nuestra propia cultura que naturalizan ciertas costumbres, modos, ideas, comportamientos e invisibilizan otros sentidos y repercusiones de estas mismas costumbres.

Femicidio es un tema en donde lo que se pone en juego son aspectos relacionados con el Género, y  con las relaciones de poder que se establecen entre hombres y mujeres, las cuales son sostenidas y avaladas por una cultura que a pesar de las reivindicaciones que se han llevado a cabo, aún no logra revertir un cierto estado de cosas.

El tema del femicidio nos aboca como psicoanalistas a intentar profundizar en el entrecruzamiento de lo social y de lo subjetivo tratando de comprender cómo es que nuestra subjetividad se va conformando, incorporando en ella aspectos culturales y sociales profundamente arraigados.

Desde que se introducen los estudios de género, se acepta que  “género” es un concepto de confluencia, que trabaja en los bordes de la multidisciplina (filosofía, religión, psicología, sociología, historia, economía, psicología, psicoanálisis), y  descriptivamente se acepta que los modos de sentir, pensar y comportarse de ambos géneros, mas que tener una base natural e invariable, se apoyan en construcciones sociales.

La adquisición de la identidad de género, constituye un largo proceso de introyecciones e  identificaciones, en un interjuego de objetos internos y objetos externos  que opera desde el nacimiento mismo. Este es un desarrollo complejo y sutil, que no se consolida hasta que el niño/a ha internalizado el modo en que padres y la sociedad desean verlo expresar su masculinidad/feminidad.

Es a través de múltiples comportamientos conscientes e inconscientes que trasmitimos nuestras creencias y valoraciones de lo femenino y masculino. Nuestra sociedad tiene inscritos sus códigos de lo femenino y lo masculino en múltiples formas, algunas más visibles y otras menos.

Si bien en torno a las relaciones de género hay importantes aportes que dan cuenta de una serie de procesos económicos, sociales y subjetivos que hacen posible la existencia y persistencia de desigualdades, discriminaciones, descalificaciones y  exclusiones, me ha parecido importante intentar hacer visible un aspecto particular que dice relación con nuestra sociedad centrada en el  consumo.

Me refiero a los objetos que les entregamos a los niños para que jueguen, es decir, los juguetes, objetos que en la gran mayoría de los casos adquirimos en el comercio con la ilusión de escoger en base a nuestras preferencias. Sin embargo, en un sentido profundo estamos sometidos al arbitrio del mercado, de la moda y de lo que las grandes industrias del juguete han considerado apropiado para nuestros hijos en base a modelos y patrones culturales fuertemente asentados.

Un paseo por las grandes tiendas rápidamente nos muestra que hay un sector de niños y uno de niñas obviamente con juguetes diferenciados por sexo.
Para ellos encontramos:

  • autos, camiones y juegos que los incluyen como autopistas y similares
  • mecanos,
  • juegos de armar como barcos y  aviones
  • toda la gama de los superhéroes de turno, seres todos ellos poseedores de grandes poderes y equipados con todo tipo de armamentos.
  • armas que incluyen, gran variedad de espadas, largas, cortas, con luces, con sonidos, etc.
  • Pistolas cada vez sofisticadas con dispositivos  laser que indican cuando dan en el blanco.

 

En el sector de las niñas, el mayor porcentaje de estanterías está cubierto por
- muñecas que para las niñas mas pequeñas son  bebés y muñecas a las que se le cambian pañales, se les da comida, se les lava el pelo, etc.
- Luego un gran sector de muñecas Barbies   y similares con múltiples modelos de muñecas –mujeres sexy-  con todo tipo de accesorios
-Maquillajes, tocadores y mas maquillajes
-Juegos para hacer collares, pulseras y anillos
-Juegos de tacitas, ollas, platos
-Planchas, aspiradoras, máquinas de hacer chocolate, helados

Es fácil reconocer los roles y actitudes que transmiten estos juguetes.
Las  niñas, pasivas en el deseo, centradas en verse bellas, arreglarse, ser deseables para el hombre, ocupadas de las labores de la casa. Incluso en los juegos en que las niñas pueden hacer un mayor uso de su creatividad, esta aparece al servicio de la propia ornamentación, y belleza o relacionadas a las labores de la casa.
En el hombre se promueve las identificaciones con personajes todopoderosos que atacan y conquistan. Para ellos están los juegos activos, rudos, y también los de ingenio.

Mujer sexy- objeto de deseo, dedicada a la casa, pasiva,
Hombre  activo, poderoso, dedicado a la conquista por medios violentos; donde virilidad y poder se sobreponen.

Desde la niñez entonces, se van instalando ciertos modos de pensar y de actuar en relación al género que reproducen y mantienes estas desiguales relaciones de poder.
 
¿Juguetes y femicidio? ¿Niños jugando y femicidio? ¿Es que estos “inocentes” juguetes de los niños, familiares para todos, llevan inscrito en ellos algo que puede ser del orden de lo siniestro?

 

                                                                                  Santiago, Octubre 2007

 

Naciones Unidas, Área de Ciudadanía y Derechos Humanos de la Corporación la Morada, FEMICIDIO EN CHILE, Octubre 2004

Freud S., 1919, “Lo Ominoso”. Sigmund Freud, Obras Completas, Tomo XVII, Amorrortu Ed. 1999.

___________  Lo Ominoso 1919, pág.225.

El Mercurio 25 de Octubre, 2007.

REDFORD, Jill y RUSSELL, Diana (1992). Femicide: The Politics of Woman Killing. Twayne Publishers, Nueva York, en NACIONES UNIDAS, Área de Ciudadanía y Derechos Humanos de la Corporación la Morada, FEMICIDIO EN CHILE, Octubre 2004

GIBERTI, Eva/FERNÁNDEZ Ana María La Mujer y la violencia invisible Ed Sudamericana 1988, Pág.44.