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La mujer, clave del desarrollo

Más de 800 millones de personas en el mundo sufren a causa del hambre y la malnutrición. Mil cien millones de personas carecen de acceso al agua potable y mil doscientos millones de niños mueren cada hora por enfermedades prevenibles. Hoy en día podemos eliminar la pobreza porque no existen obstáculos técnicos o logísticos que lo impidan. Sin embargo, el informe anual del Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD) nos presenta un mundo de grandes contrastes. El 40% más pobre de la población mundial, los 2.500 millones de personas que viven con menos de dos dólares por día, representan el 5% de los ingresos mundiales. El 10% más rico representa el 54%.
El PNUD considera que el motor principal en el desarrollo humano es la mujer. El aumento de su participación en la toma de decisiones mejorará la salud y la nutrición de su familia y aumentará las posibilidades de educación de sus hijos. La independencia y formación de la mujer contribuyen a aumentar la productividad económica y a reducir la mortalidad infantil. Por eso, gran parte de los programas de este año se centran en la escolarización y en la alfabetización de las mujeres. De los 960 millones de adultos que no saben leer, las dos terceras partes son mujeres, y las niñas constituyen el 70% de los 130 millones de niños que no asisten a la escuela.
Experiencias como los microcréditos en África o América Latina corroboran la importancia de la mujer en el crecimiento económico de los países en vías de desarrollo. En la actualidad los países más pobres quedan excluidos de los mercados internacionales. La falta de infraestructura y de conocimientos técnicos impiden que estén en condiciones de competir contra los productos del mundo desarrollado. Además carecen de la formación necesaria para participar de las instituciones y complicadas reglas de la economía mundial. Con la ayuda adecuada, el desarrollo económico acelerará el desarrollo social.
El reto de los organismos internacionales es evitar la destrucción del entramado de las comunidades. El número de personas afectadas con el VIH-Sida en todo el mundo asciende aproximadamente a más de 40 millones. En 2005, unos tres millones de personas fallecieron por enfermedades relacionadas con el SIDA, de las cuales más de 500.000 eran niños. Cuando muere el maestro, los alumnos no tienen acceso a la formación. Si fallecen los padres, los niños tienen que ser autosuficientes y se vuelven más vulnerables a la explotación y el abuso. Si muere el médico, la comunidad entera queda desprotegida ante las enfermedades.
Los conflictos armados y los desastres naturales también paralizan el desarrollo humano de un país. En 2005 más de cien mil personas murieron en todo el mundo como consecuencia de desastres naturales. En apenas una  hora, un huracán o un terremoto pueden hacer desaparecer comunidades enteras y arraigar aún más la pobreza y la desigualad. Por otra parte una guerra civil puede destruir varias décadas de desarrollo. En la década de los 90 casi cuatro millones de personas perdieron la vida en un conflicto armado. Como se indica en el Informe sobre Desarrollo Humano de 2005, de los 32 países que ocupan los lugares más bajos en el mundo, 22 han experimentado algún conflicto violento desde 1990. Los conflictos causan una sangría humana y enormes desastres en todos los órdenes sociales. El 90% de las víctimas de guerra son mujeres y niños porque, para incrementar el terror, los objetivos son civiles. De los 52 países que no han mejorado las estadísticas sobre mortalidad infantil, 30 han experimentado conflictos en los últimos 15 años. En el futuro, los conflictos se derivarán del control y uso del agua potable. En la actualidad más de 1.000 millones de personas carecen de acceso al agua potable y 2.400 millones de servicios de saneamiento básico. El uso y el abuso de los recursos hídricos se han intensificado en los últimos años y la escasez de agua y la degradación de su calidad amenazan la estabilidad política.
La desigualdad entre los géneros es un obstáculo importante para la eliminación de la pobreza y para el logro de las metas de los Objetivos del Milenio. El informe del PNUD nos recuerda la importancia de proteger a los más vulnerables porque, como es habitual, suelen ser los más afectados.

Cristina Montañés

Periodista
ccs@solidarios.org.es