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El derecho al placer  

 

Cada año mueren en el mundo casi 600.000 mujeres por causas relacionadas con el embarazo y el parto. Estas mujeres sufren de una precaria salud sexual y reproductiva y la mayoría de ellas en los países en vías de desarrollo. Sufren violencia a lo largo de su vida, por falta de alimentación, por exceso de trabajo y por falta de asistencia sanitaria. La mutilación genital femenina es una forma más de violencia grave, muchas de estas mujeres mutiladas tienen más posibilidades de morir en el intento de dar a luz un hijo.

Cada año son mutiladas en el mundo dos millones de niñas, 6.000 cada día. La OMS calcula que hay más de 130 millones de mujeres que han sufrido esta agresión. La mutilación genital femenina es la extirpación total o parcial de los genitales externos por razones culturales y no por razones médicas. Las causas son variopintas, desde que el bebé morirá si toca el clítoris al nacer hasta que éste puede crecer mucho y estéticamente sería desagradable. Se apuntan tanto causas de salud como estéticas o de pureza.

Las razones de tipo cultural son las más expuestas, “siempre se ha practicado, es una costumbre muy arraigada socialmente, ¿por qué no seguir practicándola?” Es cierto que las mujeres que no siguen este ritual pueden quedar marginadas socialmente. Hay países, Egipto por ejemplo, en los que se aduce una causa de tipo religioso, pero sabemos que ninguna religión recomienda realizar la mutilación genital a las niñas.

Se desconoce países el momento en que se introdujo la mutilación pero parece que es una práctica muy antigua que ya existía en tiempos de los faraones. Actualmente se practica en más de 28 países, la mayoría en el África Subsahariana. En países, como Egipto, donde esta práctica la sufren casi todas las mujeres (el 98% según al OMS) Y otros como Burkina Faso el 65%. Los tipos de mutilación son desde el menos grave en el que se extirpa parte del clítoris, hasta el más agresivo en el que se extirpan prácticamente los genitales externos. Este tipo de mutilación de Tipo III o mutilación faraónica es practicada, por ejemplo, a las mujeres somalíes.

En los últimos años también en los países occidentales se están encontrando casos de mutilación genital femenina en la población emigrante que viene de países en los que esta práctica está permitida. Nos encontramos con situaciones graves, mujeres que mutilan a sus niñas sin ser conscientes del peligro que supone para su vida y su salud y sin saber que es una práctica que no es aceptada ya que va en contra del derecho a la salud de las mujeres.

Esta situación ha hecho que en la UE se hayan tomado medidas para luchar contra esta práctica. Las medidas legislativas tan importantes no son, sin embargo, el último paso. En muchos casos las mujeres, que son las que la practican mayoritariamente, se sienten obligadas a realizarla para no ser discriminadas socialmente. No se puede, por tanto, dejar la responsabilidad sólo a las mujeres emigrantes para luchar contra esta práctica.

La sociedad tienen que tener tolerancia cero con la mutilación genital femenina aquí y en cualquier lugar del mundo, pero hay que ser consciente de la presión cultural, social, familiar que sufren las mujeres. Por ello, sería interesante desarrollar programas de prevención, educación y sensibilización en las comunidades de emigrantes susceptibles de realizar esta práctica.

Tomás Sankara, líder africano, ex presidente de Burkina Faso afirmaba “la excisión (o mutilación genital femenina) constituye un intento de conferir un rango inferior a las mujeres al señalarlas con esta marca que las disminuye y que es un recordatorio constante de que sólo son mujeres, inferiores a los hombres, de que ni siquiera tienen ningún derecho sobre su propio cuerpo ni a realizarse física o espiritualmente”.

 

Casilda Velasco

Miembro de Medicos Mundi

ccs@solidarios.org.es