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Mejorar la salud materna, objetivo presente

Cada minuto una mujer muere en el mundo debido a complicaciones relacionadas con el parto. Esa mujer que ahora ha fallecido forma ya parte de las 500 mil que mueren cada año y de las más de 50 millones que sufren de mala salud reproductiva y de enfermedades relacionadas con el embarazo. Reducir la tasa de mortalidad materna en tres cuartas partes antes del año 2015 es uno de los ocho Objetivos del Milenio que tanto Naciones Unidas como 189 países se han comprometido a cumplir.
La mortalidad materna mide el número de mujeres que fallecen cada año por causas relacionadas con el embarazo por cada cien mil niños nacidos vivos. Ésta es la causa principal de discapacidades y muertes entre las mujeres de 15 a 49 años. El 99% de estos casos suceden en países en vías de desarrollo. Una mujer que se queda embarazada en la región del África Subsahariana tiene una posibilidad entre 16 de morir, mientras que si lo hace en un país desarrollado el riesgo se reduce a uno por cada 2800 casos.
La principal causa de estas muertes es la falta de personal capacitado en el momento del parto. Esta ausencia es más acuciante en las zonas rurales e inaccesibles donde la falta de incentivos que recibe el personal médico cualificado las hace inviables. A ello se añade el coste, la calidad escasa y la falta de servicios sanitarios básicos. Incluso en algunos países africanos y en la India el gasto público no cubre las necesidades de los más pobres para favorecer la de aquellos que poseen una situación económica privilegiada.
En medios rurales, las mujeres suelen carecer del dinero necesario para costearse los cuidados médicos y el transporte e incluso necesitan del permiso de sus maridos para pagarlos. Los gastos derivados de un parto normal se tasan entre 10 y 35 dólares. Este coste se incrementa hasta cien dólares en caso de complicaciones durante el mismo o si es necesaria una operación de cesárea.
En otras ocasiones, los factores culturales y sociales impiden la aplicación de medidas y soluciones. Una mujer que casi fallece durante su último parto y necesite usar anticonceptivos por prescripción médica no será aceptada en el entorno donde vive. Su sociedad, su religión e incluso su madre pueden culparla por evitar futuros embarazos. Hay 120 millones de mujeres que desean no quedarse fecundadas, pero el acceso limitado que tienen para obtener recursos económicos procedentes de la tierra, créditos o educación, les obliga a ello. Por el contrario, hay numerosos estudios que demuestran que la mujer educada busca atención prenatal, se vacuna, utiliza métodos contraceptivos, distancia los embarazos, tiene menos hijos para salvaguardar su salud y es menos vulnerable a intercambiar servicios sexuales por dinero y protección.
Asegurar la salud materna en su integridad conlleva el esfuerzo de conseguir la atención de la mujer durante el embarazo, así como que sea atendida en el momento del parto por personal sanitario cualificado. De este modo, se evitará que la mujer sufra lesiones o fallezca en caso de que padezca posibles complicaciones en forma de hemorragias, hipertensión o infecciones. Además, el personal sanitario que la atienda debe contar antibióticos, sangre para transfusiones, equipos de cirugía y resto de medios adecuados que faciliten su labor.
China, Egipto, Honduras, Indonesia, Jamaica, México y Túnez han reducido el número de defunciones derivadas de la maternidad durante la década comprendida entre 1990 y 2000. En todos estos países se ha generalizado la presencia de personal sanitario cualificado para la atención del parto y sistemas eficaces de traslado a centros con mejores medios sanitarios y servicios básicos.
Muchas organizaciones han criticado la reducción de este Objetivo a términos de mejora de salud materna en lugar de que abarcase también el incremento de la salud sexual y reproductiva de la mujer. Esta ausencia va en detrimento de la consecución de otros Objetivos del Milenio, como la promoción de la igualdad de género, de la independencia y autonomía de la mujer y de la reducción de los casos relacionados con el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.
La mujer es futuro, tesoro y esperanza de la humanidad. Mejorar su salud materna contribuye a desarrollar la vida. La consecución de estas metas implica a toda la comunidad internacional para que los Objetivos del Milenio no sean promesa de un día, sino acción y superación día tras día.

Iván Trenado Turrión
Periodista
ccs@solidarios.org.es