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  TRAFICO SEXUAL: LA MERCANCIA MAS RENTABLE
África Egido*

Más de un millón de mujeres y niñas menores de 18 años son víctimas de la prostitución, y en casi todas las partes del mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido la violencia en una relación íntima. Estas son algunas de las conclusiones del Informe de Desarrollo Humano 2000, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Trabajo seguro, pasaporte o medios económicos suficientes al otro lado de la frontera, son las promesas que reciben niñas y mujeres de todo el mundo como paso previo a su encadenamiento a las redes de tráfico sexual. Cada día, miles de mujeres son despojadas de sus derechos y convertidas en esclavas de un 'comercio' que se ha incrementado en los últimos años.

El turismo sexual se ha convertido en una práctica cada vez más habitual en muchos países. Para evitar problemas con la policía, miles de niñas son provistas de documentación falsa y utilizadas como reclamo turístico. El sexo vende y las mujeres se convierten en mercancías sometidas a las leyes de la oferta y la demanda.

La inmigración es la principal baza para las mafias. En busca del empleo prometido, miles de mujeres viajan al país que resolverá sus problemas económicos. Una vez allí, las jóvenes son 'entregadas' a otro traficante. Los planes cambian. El trabajo ofrecido ya no es posible y deben prostituirse para pagar al traficante la 'ayuda' prestada. Negarse no es posible, revela el estudio norteamericano Tráfico Internacional de mujeres hacia Estados Unidos. Si se resisten, son amenazadas con agresiones físicas, con la muerte, o incluso con daños a sus familias en su país nativo. Si aun así no cooperan, son golpeadas y a menudo violadas. Volver a su país se hace cada vez más difícil, pues el 70% de sus ingresos cae en manos de los traficantes.

Más de un millón de niñas y mujeres fueron vendidas en 1999. Este escalofriante dato se recordó el pasado mes de marzo en la Conferencia de Manila contra el tráfico de personas. Del millón de víctimas de esta explotación, más de 250.000 proceden del sudeste asiático y cerca de 200.000 están concentradas en los países de la antigua URSS. El aumento de esta explotación se ha constatado en los cinco continentes. En Colombia, una investigación realizada en el centro de Bogotá, indicó que el número de niñas prostituidas en las calles de la ciudad se ha quintuplicado en los últimos siete años. Del mismo modo, la pobreza, la migración y el turismo, están incrementando la explotación sexual en distintos países de África como Senegal o Costa de Marfil.

El tráfico de personas se ha convertido en una fuente rápida de ingresos para las mafias de todo el mundo y, después del comercio de drogas y de armas, es la actividad más rentable del crimen organizado. Pero es aún más sorprendente que se haya llegado a esta situación si tenemos en cuenta que desde hace casi un siglo -a partir del Acuerdo Internacional de 1904 para la represión de la trata de blancas- se comenzó la búsqueda de soluciones. De igual modo, en 1949 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena. Los datos de los últimos años demuestran la escasa eficacia de estos convenios y de las políticas llevadas a cabo por los distintos gobiernos.

Lo preocupante no es que "este cínico y vergonzante comercio esté distorsionando nuestras economías" o que ponga "en peligro nuestros vecindarios", como destacó Madeleine Albright en la inauguración de la Conferencia de Manila. La gravedad radica en que se nos presenta un nuevo tipo de esclavitud liderada por mafias mundiales que desposeen a las personas de sus derechos más básicos y de su dignidad, mientras el crecimiento económico ocupa el lugar clave en la atención de cualquier cumbre internacional.

*Periodista