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  LA IGUALDAD ESENCIAL
Marta Caravantes*

El 8 de marzo de 1909 morían, encerradas en una fábrica textil de Nueva York, 129 trabajadoras. El dueño de la textilería, alertado por las manifestaciones sindicales, encerró a sus trabajadoras para que no tuvieran contacto con movilizaciones callejeras que exigían unas condiciones de trabajo dignas para las mujeres. Misteriosamente, se produjo un incendio y las 129 obreras murieron carbonizadas en su lugar de trabajo. Este hecho llevó a la feminista alemana, Clara Zetkin, durante la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en 1910, a proponer esta fecha como Día Internacional de la Mujer.

Desde entonces el 8 de marzo se ha convertido en una importante efeméride para exigir el cumplimiento de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. A lo largo del siglo XX, las reivindicaciones de la mujer se han traducido en condiciones laborales más justas, mejores salarios, descanso pre y postnatal, el derecho de la mujer como ciudadana para elegir y ser elegida en las instituciones políticas, derecho la sexualidad y a la planificación familiar, derecho la educación y, en general, a ser tomada en cuenta en todas las actividades del quehacer público y a una mayor participación en la construcción de la sociedad.

A pesar de todos los avances logrados (no sin el esfuerzo, la lucha y el sacrificio de muchas mujeres) todavía existe una gran diferencia entre la 'igualdad formal', que reconocen los marcos legales, y la 'igualdad esencial' en la que deberían convivir hombres y mujeres. Para eliminar esa diferencia es imprescindible derrumbar las barreras estructurales - políticas, educacionales, religiosas, culturales, económicas, sociales- que impiden llevar a la práctica la auténtica igualdad.

El mayor reto, sin duda, es la lucha contra la pobreza que afecta sobremanera a la mujer. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), "el hecho de que haya mayor proporción de mujeres que sufre las diversas formas de pobreza, está relacionado con su desigualdad en cuanto al acceso a la educación, a los recursos productivos y al control de bienes, así como a la desigualdad de derechos en el seno de la familia y la sociedad". Sin embargo, incluso cuando los derechos son reconocidos, el analfabetismo y la falta de accesos a la educación les impide conocer sus derechos y ejercerlos. Por ejemplo, en África, Asia y Oriente Medio el 50% de la población femenina no sabe leer ni escribir.

También el ámbito reproductivo sanitario es uno de los más alarmantes. Cada minuto muere una mujer por problemas relacionados con el embarazo o el parto (585.000 mujeres al año). Más del 99% de esas muertes ocurren en países pobres, lo que implica que la mayoría de estos sucesos son evitables. 350 millones de mujeres en el mundo carecen de acceso a los anticonceptivos y 85 millones de los embarazos que se producen anualmente en el mundo son indeseados. Además, 6.000 mujeres son víctimas cada día de la mutilación genital.

Los datos sobre la violencia contra la mujer son igualmente dramáticos. Según Naciones Unidas, una de cada tres mujeres de todo el mundo ha sufrido malos tratos, violaciones o golpes por parte de los hombres. En EEUU, alrededor de 2 millones de mujeres son golpeadas por sus compañeros. En la India el 46% de los hombres abusa sexual y físicamente de sus mujeres y en Pakistán cada año cientos de mujeres mueren acusadas de deshonrar a su familia. No es de extrañar que la ONU haya equiparado la violencia doméstica contra la mujer a la tortura. Aún así, el 46,1% de los europeos achaca la violencia doméstica a las provocaciones de la mujer.

En las guerras, las mujeres forman la mayoría de los refugiados y los internamente desplazados; además, en tiempos de conflicto, son sometidas a agresiones sexuales y físicas y hostigamiento por parte del 'enemigo' como una estrategia de guerra. En situaciones de conflicto, las mujeres mantienen las condiciones de supervivencia para su familia, por eso juegan un papel clave en el proceso reconciliación y de reconstrucción de la paz social.

En lo que respecta al ámbito político, numerosos países todavía no han reconocido el derecho al voto de la mujer. Por ejemplo, el pasado 1 de diciembre, el Parlamento de Kuwait se resistió a reconocer el derecho al sufragio femenino. La desigualdad en el acceso a los órganos de poder políticos y de toma de decisiones es también motivo de escándalo: sólo el 13% de los representantes políticos en los 190 Parlamentos del mundo son mujeres.

En el terreno laboral, las mujeres tienen más dificultades de acceder a puestos de trabajo y están más golpeadas por el desempleo. Ocupan muy pocos puestos de decisión en las empresas privadas o en las instituciones públicas y sus salarios todavía son inferiores al de sus compañeros. Un ejemplo ilustrador: en la India las mujeres trabajan 12 horas semanales más que los hombres.

El 8 de marzo es algo más que una efeméride. Es el símbolo de una herida abierta desde hace más de veinte siglos que demanda mecanismos legales, herramientas de presión y eficaces estrategias para construir un mundo con iguales derechos y posibilidades.

*Periodista