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SUEÑO

Anoche soné contigo, toda blanca toda fría.
Anoche te vi en mis sueños, silenciosa como el mar.
Me llamabas hacia la sombra, hacia la nada.

Pensé que estabas viva, tan bella te veías.
Casi pienso que eras realidad, tangible y virtual.
Mi corazón acelerado, latía y latía jubiloso.

Así que estás nuevamente viva entre nosotros ?
Por qué me visitas en mis sueños, tan perturbadora ?
O sólo has venido a burlarte de mi indefensión ?

Nada hablaste, nada dijiste, sólo me mirabas silenciosa.
Yo, ansioso y feliz. Tú, tan callada y solemne.
Muy pronto mi alegría se trocó en helada amargura.

Que estúpido soy, alegrándome de verte, si estás muerta !
Cómo puedo creer aún que existas, salvo en mi recuerdo?
Qué quieres, fantasma silencioso y cruel, tan callado y quieto ?

Nada dijiste, sólo un gesto leve, casi imperceptible,
Tu pálida mano llamándome hacia donde estabas tú.
Temí que fuera una trampa, lo confieso... Aunque fueras tú.

Por qué me invitas a esa tierra arrasada y vacía ?
Para qué he de seguirte hacia ese páramo dorado ?
Donde la cigarra salta, donde el cuervo revolotea ?

Arrastrando mis pies sobre la tierra seca, te seguí.
Atemorizado por tu silencio, imponente cual alta montaña,
Sobrecogedor como un bosque, impenetrable como la noche, te seguí.

Un patético ser se movía al viento, árido y caliente.
Un ahorcado, pensé. Un fantasma como tú, tal vez.
...Y vi los negros ojos vacíos de un apolillado-espantapájaros.

Y sonreí aliviado al verle meciéndose con la brisa seca.
Y la enervante soledad parecía cobrar vida, de tan intensa.
...Y escucho la dorada y quebradiza hierba, crujiendo bajo tuyo.

Observo hacia lo lejos, la impalpable ceniza arremolinándose,
Como un fantasma gris, danzando torpemente en el pajonal.
Seco matorral, de piedras filosas y ardientes, jalonado.

Miré tu rostro y por vez primera sonreíste.
Me dije, ríes como si estuvieras viva como yo.
Recuerdo que reí también, junto a ti.

Reí de tu risa, enigmática pero bella.
Reí del espantapájaros, reí del viento y del silencio.
Del cuervo y la cigarra reí, también del sol reí.

Pero pronto descubrí que tú no reías de ellos,
Te reías de mí. De mi miedo y de mi asombro.
Reías de mi inocencia al pensar que vivías y reías conmigo.

Fantasma cruel, que usas el bello rostro de ella,
De una muerta hermosa, de una muerta querida.
Fantasma diabólico, que la utilizas como máscara para herir.

Miré a mi alrededor y sólo muerte contemplé.
Olfateé el aire y solo el perfume de la muerte percibí.
Traté de escuchar algo, el sonido de la nada, nada más.

Es este el lugar que me prometiste visitar, espectro ?
No piensas, espíritu burlón, que esto ya no es, sino fue ?
Nunca debí hacerte caso, allá en mi casa del agua de los suenos.

El volar de los cuervos, que revoloteando burlones,
Cercan al sol anaranjado, quemante y cegador,
Semejan una aureola negra, de puro luto y silencio.

Con tu dedo me enseñaste una extraña flor blanca.
Acercándome la tomé y muy pronto la solté.
Sangre negra corría por mi dedo adolorido.

Y descubrí que todo lo que es bello, termina hiriéndome.
Y que todo hermoso sueno, se vuelve horrible pesadilla.
No será el sino de todo ser humano, maldito desde la cuna ?

Y cuando la negra espina se clavó en mi dedo.
Estuvo largos días hiriéndome, incesante y punzante.
Y cuando la saqué, quedó un orificio de vacío y dolor.

Te dije que me sacaras de este lugar tan triste.
Que tenía de más que de sobra con la amargura mía,
Para cargar con más de aquella soledad y sombra.

Hiciste un extraño gesto, fantasma disfrazado de bella muerta.
Un gesto críptico y misterioso, como escritura indescifrable,
Como chinesco enrevesado, como viñeta indescriptible.

Y un frío sepulcral invadió todo mi ser.
Y un verdor oscuro ahogó mis ojos con su profundidad.
Y un murmullo de árbol, agua y pájaros, aturdió mis sentidos.

Me llevaste a un sombrío y húmedo rincón,
Silencioso y helado, de rocas y vegetación.
Bañado con el perfume de tierra recién paleada.

Y por primera vez me hablaste, con su voz.
Con aquel trino límpido e irreal, tan perfecto y hermoso.
Sentí ganas de llorar, al escuchar esa voz que creía olvidada.

Eres realmente tú, con aquel rostro tan bello ?
O eres un maligno demonio, vestido de amada muerta,
Con un disfraz tan perfecto, que incluso su voz imitas?

Sin tiempo para pensar nada, me hablaste.
Diciéndome que aquel húmedo y verde lugar
era perfecto, para dormir y sonar.

Me pregunté de dónde saldría aquella agua,
De dónde aquel verdor, aquella humedad.
Cuando sólo aridez y muerte veía a mi alrededor.

Pensé en un oasis, un remanso de vida,
En todo esta pesadillezca e infinita vastedad.
Como una pequeña esperanza, entre tanta angustia.

Mas, pensé, incluso la esperanza se muere,
El verdor amarillea, la humedad se evapora,
Y solo queda la amarga soledad, henchida de vacíos.

Plagada de frustraciones pegajosas e imborrables,
Pletórica de desencantos y resentimientos.
Nada más que una pléyade de silencios y olvidos.

Ciertamente, mañana la montaña se secará de tanto sol,
Y el viento levantará cenizas, revoloteando cual polillas,
Cegando nuestros ojos, haciéndonos perder la ruta.

No me pidas que me quede aquí, me quiero ir.
Vámonos lejos donde nada ya recuerde, nada.
Quiero alejarme de todo lo que conozco acá.

Me duele esto, no me agrada tu seco paisaje
Parece un valle pelado y muerto, este tu lugar desolado,
Parece una imagen dolorosa, cegadora, como el sol que alumbra.

Esta tierra está seca y pedregosa, el pastizal tan amarillento.
El sol vibra en el firmamento, haciendo latir mis sienes.
El viento levanta el polvo que entra en mi ojos...

Vámonos.

Quiero volver a la noche, para que me envuelva.
Quiero hundirme entre sus entrañas, mullidas y silenciosas.
Donde el olvido me suma entre deliciosos olvidos.
Donde el sueno impera, con sus calles de olvido, sus negruras infinitas.

Quiero sumergirme entre sus profundas negruras,
Y a la deriva, entre tus helados dominios, dormir.
Cual frágil esquife sin rumbo, entre turbias aguas zozobrar,
Y ahogarme silencioso y feliz, hasta tu ignoto fondo tocar.