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  Walt Whitman

"Canto de mi mismo"

30

Todas las verdades aguardan en todas las cosas, no aceleran su propia aparición ni la resisten, no necesitan el fórceps obstétrico del cirujano, lo insignificante es tan grande para mí como cualquier otra cosa,
(¿qué es menor o mayor que un tacto?)

Lógica y sermones no convencen nunca, la humedad de la noche penetra profundamente en mi alma.

Sólo lo que se prueba a sí mismo cada hombre y cada mujer está probado, sólo lo está lo que nadie niega.

Un minuto y una gota de mí calman mi cerebro, creo que los terrones húmedos se volverán amantes y
lámparas, y que el compendio de compendios es la carne de un hombre o de una mujer,
y que una cima con la flor que allí brota es el sentimiento que uno por el otro tienen, y que se ramifican sin límites desde esta lección hasta que se vuelve omnífica y hasta que uno y todos nos deleiten, y nosotros a
ellos.

31

Creo que una hoja de hierba no es menos que la jornada laboral de las estrellas, y que la hormiga es igual de perfecta, y un grano de arena, y el huevo del reyezuelo, y que el sapo arbóreo es una obra maestra de la mayor envergadura, y que la zarza trepadora podría adornar los salones del cielo y que la juntura más ínfima de mi mano hace despreciable cualquier maquinaria, y que la vaca rumiando con la cabeza gacha supera cualquier estatua, y que un ratón es un milagro capaz de confundir sextillones de incrédulos.

Me doy cuenta que incorporo gneis, carbón, musgos de largos filamentos, frutos, granas, raíces
comestibles, y que estoy estucado todo por encima con cuadrúpedos y pájaros, y que estoy distanciado de cuanto está detrás de mí por buenas razones, pero que puedo hacer volver cualquier cosa cuando
lo deseo.

En vano el apresuramiento o la timidez.en vano las rocas incandescentes envían su viejo calor contra mi acercamiento, en vano el mastodonte se refugia bajo sus propios huesos polvorientos, en vano los objetos se mantienen a leguas de distancia y adoptan formas múltiples, en vano el océano ocultándose en cavernas y los grandes monstruos yaciendo allá abajo, en vano el gallinazo hace su refugio en el cielo,
en vano la serpiente se desliza entre las lianas y los troncos, en vano el alce toma los pasos recónditos del bosque, en vano el pingüino de pico en forma de cuchilla emigra allá lejos, al norte, a Labrador, presto yo le sigo, trepo hasta el nido en la grieta del acantilado.

32

Creo que podría retroceder y vivir con los animales, son tan plácidos y retraídos,
Me quedo mirándolos horas y horas.

No sudan ni se lamentan de su situación, no permanecen desvelados en la noche ni lloran sus
pecados, no se amargan discutiendo sus deberes con Dios, no hay ninguno insatisfecho, ninguno enloquecido por la manía de poseer cosas, ninguno se arrodilla ante otro, ni ante los de su especie que vivieron hace millares de años, sobre la ancha tierra ninguno es respetable o infeliz.

Así me prueban sus relaciones conmigo y yo los acepto, me aportan rasgos distintivos de mí mismo, los evidencian claramente al poseerlos.

Querría saber de dónde sacan esos rasgos distintivos, ¿pasé por ese camino hace ya un tiempo y los dejé
caer por descuido?

Yo mismo que avanzo ahora, entonces y siempre, recogiendo y mostrando constantemente más y con
rapidez, infinito y omnígeno, e igual a esos entre ellos. no demasiado altanero con aquéllos que me traen recuerdos de mí mismo recogiendo aquí uno que amo, y yéndome ahora con él en términos fraternos.

Una gigantesca belleza de semental, fresco y que responde a mis caricias, cabeza de alta frente, ancha entre las orejas, miembros lustrosos y ágiles, cola que barre el suelo, ojos llenos de centelleante maldad, orejas finamente recortadas moviéndose flexibles.

Sus narices se dilatan cuando mis talones le abarcan, sus miembros bien proporcionados tiemblan de pla-
cer cuando damos una vuelta a la carrera y regresamos.

Sólo te uso un momento, luego te abandono, semental, ¿qué necesidad tengo de tu galope si el mío es más rápido?

Incluso parado o sentado, voy más deprisa que tú.