Ir a Página de Inicio
 
 

LSD

LSD-25 (dietilamida del ácido lisérgico, o tan sólo "ácido"), el "niño de las drogas psicodélicas que llegó a la adolescencia" en la década de los 60, alcanzó su edad media durante los 70. Lo que en la década de los 60 era el niño prodigio de la familia de las drogas psicodélicas, se convirtió luego en un agente de cambio menos espectacular y se ha utilizado más responsablemente; los usos son mucho más diferentes y recreacionales de lo que la CIA o el campo psiquiátrico habían imaginado.

Por muchas razones, el LSD resalta (en palabras de su descubridor) como "la droga psicodélica prototipo". Produce el mayor y más específico efecto; todas las demás drogas psicodélicas se comparan con ésta. En los últimos 30 años, se ha evidenciado el descubrimiento y el redescubrimiento de más drogas psicoactivas que en ningún otro período similar de la historia, pero se debe principalmente al LSD que el concepto contemporáneo de psicodélico y el movimiento social atípico que se generó, tuvieran lugar.

Es la droga psicodélica más poderosa con respecto a la dosis; el LSD de varias maneras ejemplifica el objetivo apocalíptico, el rango creativo, el poder síquico y las posibilidades de un cambio conductual acelerado, común a todas las sustancias psicodélicas. Su corta, pero bien documentada historia se asemeja a las antiguas plantas alucinógenas de Mesoamérica en términos de su uso sagrado y mágico-religioso, la hostilidad histérica que mostraron aquellos en el poder contra éstas y la represión resultante tanto legal como religiosa.

En el mercado negro, el LSD ha sido la droga más visible: la más fácil de producir (si bien no necesariamente con las dosis y los controles de pureza suficientes), la más fácil de conseguir y la más fácil de ingerir en grandes cantidades sin efectos somáticos colaterales. El LSD no tiene color, olor ni sabor; y 28 gramos puede ser dividida en 300.000 dosis. Alrededor de 18 kilogramos tendrían efecto sobre todo Estados Unidos. Tales estadísticas han servido para volver a la policía tan paranoica, que ésta llamó a la principal reserva de agua fuera de Chicago durante la Convención Nacional Democrática de 1968, ya que uno de sus informantes dentro de los Yippies había sido engañado de palabra con esta fantasía que tenía la guerrilla psicodélica. Los recipientes de café son más pequeños que los estanques de agua; el plan para dopar al General Ford mientras era vicepresidente, casi tuvo éxito (todos los malabares fallaron; Ford bebió una bebida cola).

La amenaza de ingerir una dosis accidental o intencionalmente siempre ha estado asociado con el LSD. Cuando en 1966 una niña de cinco años de edad hurgueteó en el escondite de sus padres y tuvo que ser hospitalizada, fue un hecho que apareció en todos los titulares e influenció su legalización. Squeaky Fromme supuestamente dopó a un testigo poco amistoso durante el juicio contra Manson con una hamburguesa preparada con LSD. Un detective de la CIA cometió suicidio, según se informa, luego de habérsele realizado una prueba sin su conocimiento. No pocos han quedado aturdidos mentalmente luego de probar algún ponche de apariencia inocua. La historia del LSD-25 comienza a mediados de la II Guerra Mundial; sin embargo, el cornezuelo del centeno, el hongo del grano de centeno (Claviceps purpurea) del cual deriva, se ha utilizado por siglos para ayudar en los partos y se describe en la temprana literatura sobre botánica. El ergotismo, cuya variante ergotismus convulsivus causa alucinaciones y contracciones musculares severas, es conocido desde la época medieval, cuando era conocida como el Fuego de San Antonio, por el santo patrono de los que padecían dicha enfermedad. Brotes de enfermedad ocurrieron de vez en cuando (incluso en 1951), en ciudades europeas donde el pan centeno era el alimento principal. Hace un tiempo se descubrió que el envenenamiento con cornezuelos de centeno fue , posiblemente, un factor decisivo en los juicios contra las brujas de Salem. Es necesario señalar que el doctor Timothy Leary, alguna vez el gurú del LSD, fue calificado de "demonio" por los teólogos en la década de los 60 por televisión, y estuvo sujeto, junto a muchos otros, a cacerías de brujas judiciales.

Todos los alucinógenos producidos naturalmente (excepto THC) son alcaloides: una clase de compuestos orgánicos alcalinos que contienen nitrógeno y se encuentran en las plantas. Entre la gran cantidad que existe de alcaloides de cornezuelo de centeno, encontramos la serie de amida de ácido lisérgico, de la cual la preparación 25 (LSD-25) fue probada, primero por accidente, y luego por diseño, por un químico suizo de 37 años en el laboratorio farmacéutico Sandoz en Basel. En abril de 1943, el doctor Albert Hofmann absorbió una gota de la solución por su dedo y comenzó a notar que la realidad tenía una "agradable cualidad de cuento de hadas". El lo reportó como una "intoxicación de laboratorio", y pocos días después, el 19 de abril, ingirió deliberadamente un poco más, comenzando recatadamente con la pequeña cantidad de 250 microgramos, o 25 millonésima de gramos. Increíblemente, ya que no existe ninguna otra sustancia en la naturaleza o producida en un laboratorio que pueda causar un efecto con una dosis tan baja, Hofmann comenzó su viaje en ácido; pedaleando en su bicicleta camino a casa, el químico pensó que se estaba volviendo loco. Pero esto fue sólo el efecto temporal e inesperado de 250 microgramos, considerado actualmente como una dosis normal de LSD. Pruebas posteriores realizadas a los voluntarios de Sandoz confirmaron el tremendo potencial psíquico de esta nueva sustancia, pero debido a las interrupciones causadas por la guerra, fueron necesarios cuatro años para que la noticia llegara al mundo médico. Inmediatamente, la profesión psiquiátrica se involucró con la droga, tal como lo hicieron especialistas de inteligencia militar durante la Guerra Fría. El ejército norteamericano, como táctica de guerra, lo probó como un agente inhabilitante y como una manera de revertir los efectos del lavado de cerebro sufridos por los prisioneros de guerra coreanos. La primera cobertura de prensa realizada a un estado psicodélico correspondió a una filmación de un entrenamiento militar hecha a comienzos de la década de los 50, que mostraba la desorientación de un soldado joven bajo los efectos de ácido; la cinta fue mostrada frente a innumerables generales. La CIA dedicó 20 años a investigar el potencial del LSD para desenmascarar espías y causar mutilaciones localizadas. (Es interesante notar que la organización Weather Underground realizaba sesiones grupales de ácido para determinar si habían sido infiltrados por algún informante) Científicos rusos encargados del control mental investigaron usos militares y parasicológicos del LSD. Uno sólo puede adivinar la cantidad de LSD almacenado por los militares y la cantidad de información escondida del escrutinio público

Sandoz abastecía de LSD a los investigadores occidentales bajo el nombre de Delysid. Los investigadores tras la Cortina de Hierro recibían su mercancía de la compañía Spofa Pharmaceutical Works de Praga, donde floreció la alquimia en el siglo XVI. Farmitilian en Milán y Lilly en Estados Unidos elaboraban LSD y utilizaban sus propios procesos. La distribución farmacéutica de LSD es controlada en cualquier caso por agencias de drogas gubernamentales.

La investigación sobre el LSD se expandió de Europa a Estados Unidos cuando el Dr. Max Rinkel comenzó a suministrar dosis a sujetos en Boston, en 1949.

En un principio, el LSD fue suministrado a pacientes con enfermedades mentales en habitaciones de hospitales y clínicas estériles por doctores que no eran consumidores de la droga, y que seguían estándares contemporáneos de máxima objetividad. El LSD fue considerado como una herramienta para discernir la naturaleza bioquímica de la enfermedad mental. Esquizofrénicos y psicóticos a menudo tuvieron malos viajes, pero algunos pudieron aprehender temporalmente sus propias enfermedades. Generalmente, los psiquiatras informaban que los efectos en sujetos normales o neuróticos correspondían a psicosis temporales. Sin embargo, aquellos doctores que ingirieron la droga conocieron el asombroso valor terapéutico de las drogas psicodélicas. En un primer estudio realizado en 1952 en el hospital psiquiátrico Saskatchewan, un tercio de los alcohólicos crónicos del grupo de terapia que trabajaba con mescalina mejoraron notablemente. Resultados positivos similares se obtuvieron al tratar a drogadictos, psicópatas criminales y personas obsesionadas con el sexo.
En terapia psicoanalítica, repetidas veces se suministró dosis bajas de LSD o mescalina. En este tipo de terapias, el sujeto era preparado para un gran viaje de destrucción del ego. En cualquiera de los casos, los resultados fueron realmente impresionantes. Para poder desenredar cuidadosamente el pasado traumático de un paciente eran necesarios años de terapia psicoanalítica, ahora se podía lograr descubriendo los profundos alcances de la mente en una tarde. Durante los 20 años siguientes, se pudo observar el surgimiento de nuevas terapias: psicología humanista, análisis transaccional, terapia gestalt, terapias transpersonales y grupales, bioretroalimentación, seminarios de entrenamiento Erhard, meditación trascendental y yoga; el movimiento del potencial humano completo le debe parte de su éxito a la experiencia psicodélica.

La onda energética producida por el LSD llegó a la Costa Oeste a mediados de la década de los 50. Los Angeles y Menlo Park en Palo Alto fueron los escenarios de los primeros experimentos no médicos con drogas psicodélicas más importantes. El Dr. Oscar Janiger estudió el efecto del LSD en el trabajo de artistas. Adele Davis describió 11 viajes míticos con LSD bajo el pseudónimo de Jane Dunlap, y otra mujer bajo el nombre de Constance Newland escribió un casi bestseller que narraba cómo la terapia con LSD la curó de frigidez. Steven Allen reveló sus positivas experiencias con LSD a los televidentes. En la International Foundation for Advanced Study en Menlo Park, el ex investigador de uranio Al Hubbard apoyó el uso de drogas psicodélicas en el tratamiento de problemas conductuales y neurosis.

En 1960, dos individuos destinados a actuar como chamanes en la cultura psicodélica realizaron sus primeros viajes. El psicólogo clínico Tomothy Leary comió un puñado de hongos psilocibios mientras estaba de vacaciones en Cuernavaca y tuvo la experiencia religiosa más profunda de su vida. Al volver a Harvard, inició a Richard Alpert en el uso de las drogas, comenzando así el proyecto de investigación psicodélica y mandaron a pedir 25 kilogramos de psilocibina (alarmando de alguna manera a Sandoz) para una de las investigaciones más innovadoras realizadas hasta la fecha. Se cambiaron al LSD cuando Michael Hollingshead (The Man whoTurned on the World ) se apareció con 5.000 dosis de ácido de Sandoz (costo:285 dólares) guardados en un frasco de mayonesa.

Entretanto, un joven escritor de Stanford, Ken Kessey, accedió voluntariamente a ingerir ácido bajo condiciones clínicas. Dedicó su novela ganadora de un premio, One Flew Over the Cuckoo's Nest, al psiquiatra que lo introdujo a la droga y continuó explorando en los recreacionales "happenings" con un grupo de artistas comunicacionales psicodélicos llamados los Merry Pranksters. Estos ejemplificaron los extraños y dadaísticos estilos de la sociedad californiana relacionada con el ácido y fueron el tema del libro de Tom Wolfe, The Electric Kool-Aid Acid Test.

Todavía es un misterio cómo las drogas psicodélicas actúan en el cuerpo produciendo cambios en la conciencia, a pesar de los años de investigación. Se está de acuerdo en que los alucinógenos afectan el hipotálamo, el centro emocional del cerebro donde la serotonina, una encima similar a los alucinógenos indólicos en cuanto a la estructura química, también está presente. La serotonina (5 hidroxi triptamina) es uno de los neurotransmisores que regula, o censura, el flujo de transferencia de información durante la sinapsis de las células nerviosas. (Los alucinógenos relacionados con las anfetaminas, como la mescalina, están relacionados químicamente con otro neurotransmisor, la norepinefrina). La serotonina es bloqueada, o bien intervenida, por la acción de drogas semejantes al LSD, con la consecuencia que muchos más de los contenidos infinitos presentes en el mundo interno y externo fluyen hacia el cerebro.

Las drogas psicodélicas abren el sistema nervioso por etapas para revelar una estructura de la realidad multidimensional y con varios niveles, y un proceso transformacional súper energizado. El circuito sensioral es el primero en ser activado. Tras un período de latencia de 30 a 45 minutos (período durante el cual el LSD desata una serie de reacciones bioquímicas y psicológicas, y abandona el cerebro), se comienzan a percibir pequeños cambios: una sensación de que algo es diferente. Estos cambios rápidamente se intensifican durante la siguiente hora mientras los sentidos son inundados por millones de estímulos por segundo. Las pupilas dilatadas se llenan de imágenes visuales: "el circo retinal" de la alucinación. Uno no ve lo que no hay; uno ve lo que hay, pero ve más de lo que normalmente ve. Es difícil para la mente aprehender todo lo que el ojo está viendo, o lo que el oído está escuchando. Es mejor recostarse o sentarse en la posición de loto y no tratar de interpretarlo racionalmente. Uno puede quedarse agarrado a ilusiones y reacciones emocionales, causando paranoia. Los estados de ánimo cambian rápidamente. Los objetos, rostros y colores dan vueltas y se distorsionan, desintegran y rearman en patrones kaleidoscópicos.

El oído se agudiza. Los sonidos se mezclan con las imágenes para crear el extraordinario efecto de la sinestesia. La música es uno de los medios más poderosos y que marca más profundamente en las primeras etapas sensoriales de un viaje. Es común que la gente traiga su música preferida a una sesión con LSD. Todo tipo de música, desde el barroco al jazz moderno, desde sitaras indias a la electrónica, puede escucharse durante un viaje; pero la música de la década de los 60 por excelencia fue el rock-ácido, que cumplía las mismas funciones que la música peyote y las veladas con hongos. Los Greatfull Dead, Doors, Beatles, Rolling Stones, Jefferson Airplane, Mothers of Invention, Dylan y otros imprimieron su cultura desde sus propias perspectivas drogadas en los conciertos de rock, tal como lo hacían los curanderos y peregrinos en los primitivos tipis y chozas.
Debido a que el sentido del olfato se intensifica, era habitual prender inciensos y flores durante el viaje. El sentido del tacto aumenta poderosamente mientras la distinción entre cuerpo y espacio se vuelve poco clara. Uno se vuelve muy sensible a la temperatura ambiental, a los cambios kinestésicos de la presión, peso y vibración. Se siente una penetrante sequedad de la boca hasta que el deseo de comer vuelve en etapas posteriores del viaje, cuando comer simples alimentos naturales como frutas y nueces pueden provocar una experiencia extática.

En las primeras etapas de un viaje psicodélico, a veces ocurren malestares físicos (náuseas leves -que son mucho más fuertes con peyote u otras plantas alucinógenas- se nubla la vista y dan escalofríos), lo que es transitorio y es mejor ignorar. Cuando se coloca demasiada atención al cuerpo, esto se traduce en imágenes aterradoras (por ejemplo, que el corazón está latiendo peligrosamente más rápido o más despacio, que los pulmones han olvidado expandirse y contraerse), causando paranoia. La mente de los sujetos se ve bombardeada de tal manera por una tormenta de impresiones que estos pueden sentirse incapaces de dirigir sus funciones corporales olvidando que el sistema nervioso autónomo se controla a si mismo.

Si uno se desorienta, es mejor cambiar de ambiente (con la ayuda de un guía) o abandonarse a los efectos y descargarlos de su potencial para generar miedo. (O ir al baño, si es aquí donde ocurre).

A lo largo de toda la etapa sensorial, se produce también una pérdida de la identidad. La disolución del ego puede ser una experiencia extática, mientras uno se traslada flotando hacia un estado de conciencia pura; o bien, puede causar pánico debido a la pérdida de orientación. Las distorsiones de la percepción del tiempo y el espacio señalan la expansión de la conciencia. El tiempo se hace más lento...el espacio pierde sus límites. También puede ocurrir una sensación de disociación mente-cuerpo, o una experiencia extracorporal. Uno abandona la mente común y racional, y se sumerge en algo mucho más universal. Abandonarse parece ser la clave mientras la experiencia psicodélica lo transporta a uno a nuevas dimensiones.

Alrededor de dos horas después de haber comenzado el viaje en LSD, el circo sensorial se desvanece a lo lejos, mientras la mente se vuelve hiperactiva por los estímulos que ha recibido. El presente, el pasado reciente y lejano aparecen simultáneamente en la realidad. Esta es una etapa muy productiva para la psicoterapia, es posible refrescar la memoria con antiguos recuerdos poco claros, y volcar los contenidos emocionales. Aquí fue cuando Huxley comenzó a mirar fijamente un pequeño cuadrado en la tela de sus pantalones y exploró la condición humana por lo que parecía durar como una eternidad.

Con una dosis de entre 250 y 500 microgramos de LSD, el sujeto puede realizar un viaje de introspección hacia su pasado, sus encarnaciones previas, la historia de su raza y especies. El Dr. Stanislav Grof categoriza estos estados como ancestrales, colectivos (racial), evolutivo, encarnaciones pasadas, intuición y telepatía, planetario y extraplanetario, tiempo y espacio de viaje. Es posible volver a experimentar el nacimiento, volver a la fuente del proceso evolutivo y ser pulverizado en energía pura, especialmente con dosis superiores a 500 microgramos,

El famoso "peak" de la experiencia llega después de alrededor de tres horas, con un sentimiento de trascendencia y renacimiento. Uno se siente completamente agarrado a la red galáctica en un punto fijo en el tiempo. La actividad emocional se resuelve. La mente se encuentra "jugando en los campos del Señor". Los conceptos que se han evitado por años, ahora son abordados; el discernimiento y la inspiración aparecen con cada pensamiento. Hay un sentimiento místico-religioso de unidad, compasión, tolerancia y amor hacia todas las cosas. El cuerpo es tan perfecto que uno ni siquiera puede sentirlo. El ego desaparece, el ser cósmico se revela en una cadena de ADN decodificado.

Luego del "peak" viene el "reingreso", el sujeto comienza a rondar el pasado, su propia identidad y ambiente..... en ondas, de la manera que salió. Siempre da un poco de tristeza cuando se pierde alguna visión del Infinito y, en este punto, a algunas personas les gusta fumar marihuana para añadir un poco de regocijo para compensar. Es mejor ablandarse a lo largo de la bajada, y es magnífico conversar con los demás compañeros de viaje, especialmente en el plano psíquico, al cual se puede acceder fácilmente. Durante esta etapa del viaje, las personas que tienen relaciones más cercanas pueden comunicarse más profundamente, desde nuevas perspectivas, con palabras y caricias. Generalmente, un mejor entendimiento interpersonal y una nueva manera de mirar el mundo -lo que a menudo dura semanas o meses- ocurren como resultado de una experiencia psicodélica manejada correctamente.

La etapa en la que se comienza a bajar, caracterizada por una merma de los efectos, dura varias horas y es un buen momento para comer, hacer el amor, resolver problemas, dar un paseo y observar un amanecer o un ocaso. Alrededor de 12 o 14 horas luego de haber ingerido ácido, el sujeto está listo para el descenso. Un viaje con una dosis completa de alguna droga psicodélica agota los recursos del cuerpo y es necesario un largo y reponedor descanso. La resistencia al LSD se produce rápidamente -no se puede estar bajo los efectos del LSD por más de tres días- pero también desaparece rápidamente. El LSD tiene tolerancia cruzada con la psilocibina y aún más con la mescalina.