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  Propuestas para la Integración de los Inmigrantes

Ángel Gonzalo
Centro de Colaboraciones Solidarias.
España, Abril del 2002.

Más de 150 millones de personas de todo el mundo son inmigrantes, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). De todos ellos, 25 millones están en Estados Unidos y 18 en la Unión Europea. A esta cifra hay que añadirle los millones de inmigrantes clandestinos, cuyo número es imposible de cuantificar, aunque se calcula que en la UE hay más de 3 millones, los mismos que entran cada año en Estados Unidos. Algunos países centroamericanos tienen hasta un 15% de su población viviendo fuera de sus fronteras.

El primer objetivo de un inmigrante que llega a un país extraño es satisfacer sus necesidades básicas, por lo que intenta procurarse comida y un lugar dónde dormir. De esta forma y una vez consolidadas estas necesidades, trata de encontrar un trabajo con el que conseguir dinero y más adelante regularizar su situación legal. La labor de las organizaciones sociales, es sobre todo, de asesoramiento y ayuda en esos primeros días de desorientación. El segundo paso de las ONG es conseguir la integración de los recién llegados en el ritmo y forma de vida del país que les acoge.

En los países del norte trabajan cientos de organizaciones humanitarias para cumplir estos objetivos. Pero, además, desarrollan tareas de sensibilización para que la población de acogida sea más tolerante con los que llegan. En el terreno de las propuestas, destacan los cursos de alfabetización, los talleres de aprendizaje de idioma y estilos de vida, asesoría jurídica para obtener papeles y evitar abusos, búsqueda de empleo con cartas de referencia, contactos con otros inmigrantes para facilitar la integración y charlas de formación o reciclaje profesional. En el apartado de iniciativas originales destacan los pisos de acogida para hacer más llevadero el día a día o las reuniones con psicólogos y educadores sociales que colaboran en mantener la autoestima elevada y en alejarles de la marginación. Y es que a veces la llamada "inmigración ilegal" tiene una relación demasiado cercana con los sectores de la droga o la prostitución.

También son importantes los programas de educación para los hijos de los inmigrantes. Muchas aulas de los colegios occidentales son ya verdaderos mosaicos que reflejan el clima de convivencia de niños de diferentes nacionalidades, culturas y creencias. Para los expertos en educación, esta es la mejor forma de desarrollar una conciencia solidaria y carente de prejuicios.

En esta tarea también colaboran los medios de comunicación, cada vez más sensibilizados por la labor de las ONG. A través de los medios se proyectan informaciones sobre las duras condiciones de vida de los inmigrantes. Este hecho va calando poco a poco en los ciudadanos favoreciendo la ruptura de tópicos.

La causa de la inmigración es casi siempre la misma: la búsqueda de un futuro mejor. La pobreza y las penalidades obligan a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares y sus familias para salir adelante. Los conflictos internos y los motivos políticos son también razones que empujan a abandonar el país de origen. Muy pocos son los que lo hacen por deseo propio. Muchos alimentan sus sueños con lo que sus compañeros les prometen pero esos sueños no siempre se cumplen y en demasiadas ocasiones se convierten en pesadillas de las que es difícil escapar.

Entre inmigrantes se genera cierta solidaridad de grupo. Cuando un inmigrante llega a un país extraño se une con sus compatriotas y se organiza para ayudar a los que vengan. Desde el Club de Ayuda Laboral a Inmigrantes en Estados Unidos se lanza esta petición por internet: "tratemos de brindarle la mano a los compañeros que vengan con un poco de atención, ayuda y contactos que les permitan a esas personas no sentirse solas y aisladas por barreras como la cultura, el racismo, o la explotación. Muchos compatriotas pasamos por esto, no neguemos nuestra solidaridad". Quizá todos deberíamos aprender de este mensaje.