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Refugiados: una huida constante
Por Juan Carlos Galindo*

Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de 20.000 personas han huido en los últimos días de la región de Kaly Junction, a 30 kilómetros al norte de Monrovia, capital de Liberia. Gran parte de ellos habían llegado a esta zona huyendo de los enfrentamientos entre rebeldes del grupo "Liberianos Unidos por la Reconciliación y la Democracia" y las fuerzas del Gobierno de Charles Taylor. La extensión de la guerra les obliga a una nueva huida, víctimas de un conflicto interminable.

No son una excepción. Según Rudd Lubbers, máximo responsable del ACNUR, existen más de 21 millones de refugiados en todo el mundo. Pueden ser más: los criterios establecidos hace 50 años por el Convenio sobre el Estatuto de los Refugiados son hoy insuficientes.En cualquier caso, siempre las mismas víctimas: entre el 70 y el 80 por ciento de los refugiados son niños, mujeres y ancianos.

Inmensos contingentes: existen más de 3,5 millones de afganos sólo en Irán y Pakistán y más de un millón de palestinos viviendo en los campos de refugiados de Jordania, Líbano, Siria, Gaza y Cisjordania. No se conocen las cifras exactas del número de saharauis residentes en los campamentos, en pequeñas tiendas en medio del desierto. Es un pueblo que ha sido desplazado en su totalidad, olvidado. Igual ocurre con los kurdos. En Turquía y en Irak, asediados, sin un lugar de reposo, siempre huyendo, víctimas de los conflictos regionales e internacionales. Cientos de miles entre los más de 30 millones de desplazados internos que existen en el mundo.

Los desplazamientos forzados dentro de las fronteras de un país existen dentro de cada guerra silenciada, de cada conflicto olvidado: más de 700.000 en Sri Lanka, 572.000 en Azerbaiyán, más de medio millón en Colombia, 300.000 en Sierra Leona.

Sólo en Asia existen 8 millones de refugiados. Sin embargo, el continente africano es el paradigma de la desesperación. Según ACNUR, en África existen más de 5 millones de refugiados. Refugiados que huyen para volver a huir, amenazados por paramilitares, guerrillas y estados, utilizados como moneda de cambio, como línea fronteriza, como carne de cañón de los señores de la guerra, como avanzadilla de los rebeldes, o como cebo del gobierno de turno para obtener ayudas internacionales.

Olvidados por todos, se encuentran allí donde exista un conflicto: Tanzania acoge a más de medio millón de refugiados de Burundi; el caos en Somalia ha obligado a huir a más de 400.000 personas; la interminable guerra en Sudán ha provocado más de medio millón de desplazamientos forzados. Huidas a otros países, en ocasiones en peor situación: Guinea, que acoge a 120.000 liberianos y a más de 300.000 refugiados de Sierra Leona, se encuentra al borde del caos. Huir, en cualquier caso para encontrarse a medio camino, en territorio de nadie, amenazados por todos.

Rudd Lubbers, en una conferencia ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, reconocía que los esfuerzos del ACNUR son insuficientes. Demasiadas carencias: se necesitan donantes, ayuda financiera y nuevas infraestructuras. Pero sobre todo hace falta voluntad política para evitar y solucionar los conflictos de los que son víctima los refugiados. Voluntad por parte de todos. Incluidos quienes se benefician de estas guerras. En el Norte y en el Sur. Voluntad, también y sobre todo, para acabar con la pobreza estructural y la miseria de las que huyen millones de personas.

* Periodista