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  4 de febrero de 2000

DESIGUALNET

M.José Atienzar

Dos de las grandes esperanzas para reducir la desigualdad entre ricos y pobres en el mundo eran Internet y la globalización. Sin embargo, el informe del PNUD de 1999 nos confirmó que lejos de extender el acceso a la información y las comunicaciones a toda la población mundial, Internet está incrementando las desigualdades. El 20 % más rico de la población mundial acapara el 93,3 % de los accesos a Internet, frente al 20% más pobre, que apenas tiene el 0,2% de las líneas.

En sólo diez años, se ha tejido esta red informática mundial. Un millón de ordenadores en el mundo con acceso a Internet había en 1992, actualmente son 248 millones de usuarios de Internet. Se calcula que en el año 2001 habrá 700 millones. Pero se observa una distribución muy desigual: 103 millones son estadounidenses, 64 millones son europeos, 42 millones son del Pacífico y Asia, mientras en Latinoamérica hay tan sólo 7,1 millones, en África 2,3 millones y en Oriente Medio 1,29 millones de personas conectadas. Del total de 13 millones de páginas web, casi 8 millones son estadounidenses; es decir, cerca de un 80 por ciento están escritas en inglés, a pesar de que sólo el 10 por ciento de la población habla ese idioma. Además, las personas que acceden a la red son principalmente individuos con alto nivel educativo y económico: el 30 por ciento tiene al menos una licenciatura universitaria.

Hace unos años, el Banco Mundial prestaba dinero para la construcción de presas, carreteras y fábricas, pero rara vez para "bits". Ahora, el BM está profundamente implicado en la educación y una parte del esfuerzo se encamina a la creación de infraestructuras, de telecomunicaciones, sobre todo para acceso a Internet.

Los líderes mundiales han concluido que el bien más preciado de un país son sus niños y, por otra parte, que el mundo digital es la clave hacia su educación. Pero todavía hay 125 millones de niños y niñas en el mundo que no tienen acceso a la escolarización; 872 millones de adultos son analfabetos, mientras una cuarta parte de la población mundial consume cuatro quintas partes del gasto educativo internacional.
Según el Informe Mundial sobre la Comunicación de la UNESCO, "la historia demuestra que los países que no aprovechan estas nuevas tecnologías de la información, la informática y las telecomunicaciones inevitablemente verán frenado su desarrollo".

Internet puede ser una herramienta eficaz en los países empobrecidos del Sur. Sin ser la panacea, podría sacar del aislamiento a los pueblos de muchas zonas del planeta. Así reconoce el último Informe del PNUD "Estos importantes instrumentos de desarrollo pueden abrir una pista rápida hacia el crecimiento basado en los conocimientos. Pero muchos de los que más necesitan acceso no pueden obtenerlo. Ha surgido una barrera invisible que es como una telaraña a escala mundial, que abarca a los conectados y en forma silenciosa, casi imperceptible, excluye al resto." Y los bien conectados tienen ventajas respecto a los que no lo están, aquellos cuyas voces e intereses se está excluyendo de la conversación mundial.

La cuestión es cómo llevar la red a lugares donde ni tan siquiera disponen de agua corriente, electricidad o líneas telefónicas. Hay siempre prioridades. Un estudiante de cualquier lugar del mundo puede acceder a muchos conocimientos y servicios que disfrutamos en el norte, si antes ha llegado a su pueblo la luz eléctrica, la escuela y el camino. No sorprende que en Bangladesh haya menos de un internauta por cada mil habitantes, ya que un ordenador cuesta el sueldo medio de ocho años de un trabajador de aquel país, mientras que en EEUU el mismo aparato equivale al sueldo mensual medio de un trabajador. No seamos ingenuos pensando que se va a desarrollar más la cultura o la economía sólo por el hecho de tener nuevas herramientas. A esta oportunidad hay que añadir la voluntad política y crear nuevas estrategias del compartir.

Es necesario que sepamos aprovechar la cultura del ciberespacio y podamos conducir su evolución hacia los valores de justicia, y solidaridad, respetando siempre la identidad y la libertad de cada pueblo, pues la interdependencia cada vez mayor de la gente requiere valores y un compromiso compartido con el desarrollo humano.

*Periodista